martes, 7 de mayo de 2013

¿Dónde está la Justicia?



Como muchos ya esperábamos, el caso Urdangarín se le pone difícil al juez Castro y la Audiencia levanta la imputación que existía sobre la Infanta Cristina, para vergüenza de este país, tan acostumbrado, por desgracia, a este tipo de favoritismos.
 Dice la Audiencia que no hay indicios para la imputación, lo que coloca a la Infanta en una especie de limbo, al margen de su propia cotidianidad, dado el “aparente” desconocimiento que tenía, acerca de las actividades económicas de su esposo, aunque eso sí, aprovechando todas las ventajas que sus acciones le deparaban y que la hacían disfrutar de un modo de vida, muy por encima de las posibilidades que le hubieran correspondido, si el dinero hubiera sido ganado honradamente.
Habiendo seguido el desarrollo de las investigaciones, todo apunta, sin embargo a una implicación directa en estos negocios que tan buenas ganancias han obtenido y no hace falta siquiera ser un experto en leyes, para que todo un cúmulo de sospechas apunten directamente a la persona de Cristina de Borbón, como coprotagonista de las truculentas historias que organizaba su marido, con el cual, además, convivía.
Pero las cosas son en España, como son y el principio de igualdad entre los ciudadanos de este País, se vulnera sin ningún recato, cuando se trata de políticos o, como en este caso, de la realeza y la impunidad total de que están disfrutando estas castas intocables, se hace mucho más evidente cuando es apoyada al cien por cien, por el favoritismo descarado que demuestran los jueces, fallando continuamente a favor de los que pertenecen a ellas.
¿Cómo puede pues la ciudadanía creer en la equidad y confiar en un poder judicial que de manera permanente se pone del lado de los poderosos, aunque con su actitud se perjudique fatalmente, el desarrollo de la propia justicia?
Hay que reconocer que nos lo ponen tan difícil, que no queda otra opción que la de pensar que la mayoría de nuestros jueces, hace tiempo que abandonaron los principios que deben mover su profesionalidad, para convertirse, directamente, en instrumentos que maneja el Estado.
Así, casos sangrantes como los de los desahucios o los de los afectados por las preferentes, esperan sine díe, que se falle a favor de la razón que asiste a sus protagonistas, chocando a diario con un muro inexpugnable de cerrazón e indiferencia.
Claro que ninguno de ellos se llama Borbón, ni tiene la suerte de ser hijo o pariente del monarca de España.
¿No es para preguntarse dónde está la Justicia?

No hay comentarios:

Publicar un comentario