El pacto por el empleo que propone el PSOE y apoyan otras
fuerzas políticas, en un intento a la desesperada de canalizar una salida digna
de la crisis, tropieza con los primeros escollos, aún antes de nacer, en cuánto
que Mariano Rajoy no se muestra dispuesto a desviarse ni un milímetro, del
camino emprendido en su política económica.
El exceso de sumisión con los mandatos europeos que demuestra
el Señor Presidente de Gobierno, hace prácticamente imposible al resto de las
fuerzas políticas, elaborar siquiera una serie de propuestas que probablemente,
nada tengan que ver con las sugerencias que se nos hacen desde Bruselas, pero
que podrían paliar, al menos en parte, la desastrosa situación que presenta el
panorama laboral en el país y que es, sin ningún género de dudas, el problema
más acuciante que tienen los españoles.
Pero las cifras parecen ser lo más importante y la calidad de
vida de cuántos habitamos España, queda relegada a la cola de las prioridades
que mueven al Partido Popular, que quiere por encima de todo una reducción de
la deuda, aunque para ello haya de llevar a la Nación, hasta el fondo mismo del
abismo.
Puede que a los demás les mueva un afán electoral a la hora
de proponer nuevas medidas, pero la responsabilidad de procurar el bienestar de
los españoles y de acabar urgentemente con la desastrosa situación que
padecemos, no es suya, sino exclusivamente de la formación conservadora que
tiene entre sus manos la gestión del gobierno.
Así que para que el pacto funcionase, todos habrían de hacer
concesiones, pero fundamentalmente Rajoy, que está viendo cómo fracasan todos
los intentos que impone a base de decretos y que ha conseguido en su año y
medio de gobierno, la cifra más alta de desempleados que hemos tenido jamás,
sin que entre sus propuestas exista una sola que vaya encaminada a la creación
de puestos de trabajo dignos.
Se ha quejado tantas veces de su soledad, de la falta de
ayuda que se le brindaba, sobre todo desde las filas del Partido Socialista,
que no puede empezar una negociación manifestando que sus posturas son
inamovibles.
Los españoles podríamos pensar y no nos faltaría razón para
ello, que verdaderamente Rajoy no está interesado en recibir ninguna clase de
ayuda y que prefiere gestionar a solas los avatares que padecemos, sin nadie
que pueda sugerir siquiera que abandone su humillante sumisión a los designios
que le vienen dados desde el corazón europeo.
Así que los apoyos que quiere Rajoy han de ser
incondicionales y nada agresivos, es decir, un plácet a las políticas que su
equipo quiera desarrollar, vayan o no en interés de los ciudadanos españoles y
que no fastidien para nada, la buena relación que parece tener con los
prestamistas europeos.
Pero pactar con Europa, llegados a este punto de indignación,
sería como llegar a un acuerdo con el propio diablo, que viene siendo el origen
de todas nuestras presentes desdichas y en buena ley, si lo que las otras fuerzas políticas quieren
es abordar nuevas líneas de actuación, en vista de que las aplicadas hasta ahora
no han funcionado en absoluto, ninguna de ellas querrá seguir ciegamente a
Rajoy, sino intentar otras cosas, de las que pudiera obtenerse un mayor
rendimiento.
Necesariamente, un buen pacto habría de empezar por plantar
cara a quienes nos asfixian con sus exigencias y desde luego, por pensar mucho más en alternativas que ayuden al
crecimiento, que pasan lógicamente, por reducir drásticamente el paro que nos
azota.
Si de lo que se trata es de reactivar el consumo, la
imposibilidad de hacerlo por parte de los seis millones de desempleados, es
evidente y si a ello sumamos el drástico recorte que están sufriendo los
salarios de los pocos que tienen la suerte de permanecer en activo, incluidos
los funcionarios, la posibilidad de conseguirlo es nula.
Debe pues Mariano Rajoy, pensarse muy bien de qué lado se va
a colocar en esta guerra y saber de antemano, que los españoles no le
perdonarán nunca si antepone los intereses europeos a sus necesidades más
urgentes.
Y aunque todo nos lleva a pensar que no cederá, como suele
ser su costumbre, mucho le convendría considerar que a veces, dar un paso
atrás, facilita el impulso necesario para llegar antes y mejor a la meta.

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