domingo, 26 de mayo de 2013

Yo no quiero que Aznar me salve


La reaparición televisada del ex Presidente Aznar, no ha `podido ser más polémica, en el fondo y en la forma.
Visiblemente molesto por la marcha que están tomando los acontecimientos bajo el mandato de su propio Partido y especialmente decepcionado por la manera de gobernar de quien fue designado por el mismo como su sucesor, la oportunidad de volver a dirigirse al grueso de la población española, le ha proporcionado la oportunidad de volver a mostrar, sin tapujos, el alto grado de soberbia que siempre le acompañó y que nunca sirvió para mucho más que para auto vanagloriarse de aquellos que consideraba sus éxitos y para tratar de convencernos de que como en sus manos, no estará España jamás, gobierne quien gobierne.
Aupado a lomos de su propia autoestima, poco o nada le ha importado ahora traicionar a los actuales mandatarios del PP, dando a entender que con  solo proponérselo, en poco tiempo, él solito sería capaz de hacer reflotar al País de la terrible crisis que lo azota, sin ahorrar improperios contra las políticas llevadas a cabo por Rajoy y los que le rodean, como si el grado de veteranía que le acompaña fuera suficiente para solucionar los problemas de la Nación, aunque sea al margen del ideario que caracteriza a su formación, un poco en el papel de salvador de patrias que siempre ha caracterizado a los grandes dictadores que hemos conocido, a lo largo de la historia.
Pues bien, yo no quiero que Aznar me salve. No quiero  que reaparezca de ningún modo en un panorama político que ganó mucho con su marcha ni quiero que intente siquiera, remediar las consecuencias de la crisis, ya que como una inmensa mayoría de españoles, tengo memoria y no guardo precisamente de él, un buen recuerdo.
Claro que económicamente le fue bien. Le ayudó poderosamente el auge de la burbuja inmobiliaria que entonces estaba en plena efervescencia y la buena disposición de la Banca capitalista para hacer creer a los ciudadanos de a pie que todos podíamos ser ricos. Le fue bien, incluso teniendo de Ministro a Rodrigo Rato, cuyas dotes de economista todos hemos podido comprobar después, al frente del FMI y más tarde de Bankia, por cuya gestión se encuentra actualmente imputado, sin que haga falta aclarar por qué, ya que conocemos a la perfección el desarrollo de los hechos y cuánto nos va a costar remediarlos.
Tan bien le fue, que a la hora de hacer la paridad con el euro, que bajo su mandato entró a formar parte de nuestras vidas, permitió que en un solo día los precios subieran un 66%, pues todos los productos que entonces valían 100 pesetas, pasaron automáticamente a costar 1 euro, sin que nadie de su gobierno lo considerara una barbaridad, a pesar de que mermaba fuertemente la capacidad adquisitiva de todos los españoles.
Y como no sólo de economía vive el hombre, convendría recordar que también bajo su “mano protectora” fuimos empujados a participar en la Guerra de Irak, enfrentándonos a las disposiciones de la ONU y alineándonos, en contra de nuestra demostrada opinión, con el frente que dirigían entonces Tony Blair y George Bush, esgrimiendo el argumento falaz de la existencia de unas armas de destrucción masiva que nunca llegaron a aparecer y que como después se demostró, no eran más que producto de una maniobra perfectamente calculada por estos dirigentes, para dar salida a ciertos negocios de los que huelga ahora hablar, pero que les beneficiaron sobremanera, personalmente y como naciones interesadas en ellos.
Tampoco se puede olvidar que a consecuencia de esta entrada en la guerra, que tan bien plasma la famosa foto de las Azores, sufrimos el mayor atentado de nuestra historia y que la gestión que en las horas posteriores a éste realizaron los entonces ministros de Aznar, no fueron, precisamente, un modelo de limpieza, pretendiendo endosar la autoría de los mismos a una ETA que nada tuvo que ver en ellos, pero cuya participación hubiera sido muy deseada por el PP, estando como estaban, a punto de celebrarse una elecciones generales que perdieron, precisamente, por un intento de falsear la realidad en este escabroso asunto.
Habría que preguntar a los familiares de las víctimas de los atentados de Madrid qué opinarían de la vuelta de Aznar a la política y sería bastante curioso oír lo que tuvieran que decir al respecto.
Muchos de ellos siguen afectados por las secuelas psicológicas que les produjeron las terribles pérdidas y no se podrán recuperar jamás del impacto de aquella violencia sin sentido, ni del afán que puso entonces el gobierno en intentar ocultarles una verdad a la que tenían pleno derecho.
Exactamente igual que los afectados por el accidente del Yak 42, que continúan su lucha eterna por reivindicar que los culpables de aquel accidente sean juzgados y paguen por su delito, a pesar de haber sido vilmente ninguneados y maltratados por los responsables directos de los hechos, curiosamente también, bajo el “magnífico” mandato de quien ahora pretende auparse como salvador de la Patria.
El caso del Prestige, aún presente en las pupilas atónitas de los españoles, fue igualmente mal tratado hasta convertirse en una tragedia ecológica, cuya solución hubiera tardado en llegar, de no ser por el apoyo solidario de la ciudadanía y supuso una tragedia para la zona de incalculable costo, de la que aún no se ha recuperado totalmente.
Estos grandes errores, cometidos durante una época de bonanza, quedaron en la memoria del pueblo e influyeron con fuerza en la decisión de elegir a representantes políticos que nada tuvieran que ver con el pensamiento Aznarista y colocaron al que hasta entonces había sido el Presidente de la Nación, exactamente donde quisimos que estuviera, es decir, lo más lejos posible de las labores de gobierno.
Los votos obtenidos por el PP en las últimas elecciones no corresponden a Aznar en absoluto y por tanto, cualquier intento por su parte de retornar a la primera línea de juego, al frente de su Partido o de otro, probablemente obtendría por parte de los españoles, un rechazo inmediato que acabaría de raíz con sus pretensiones de poder y con su soberbia.
Puede que no le viniera mal una buena lección de humildad a quien en tanto aprecio se tiene a sí mismo y desde luego, puede que le quedara claro para siempre, que la opinión que los ciudadanos tenemos sobre su antigua gestión, dista mucho de la suya propia y que nada habría peor para nosotros que su indeseable regreso.
Sus errores, que son capítulos de nuestra historia reciente, no pueden ni deben ser olvidados, por las tremendas consecuencias que tuvieron en nuestras vidas, incluso ahora que padecemos mayores carencias.
Es mucho más importante tener la seguridad de que quienes gobiernan lo hacen desde la buena voluntad, que desde la fría profesionalidad que siempre caracterizó a este ex Presidente.



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