Desde Europa, amenazan con fiscalizar duramente el Sistema
Económico español, al pensar que pueden existir demasiadas dudas sobre nuestra
solvencia.
De nada ha servido la sumisión servil de Mariano Rajoy,
imponiendo recortes e implantando violentas medidas que han ido mermando los
derechos de los ciudadanos, ni las prácticas neocapitalistas que han devuelto
al país, al infausto recuerdo de la post guerra.
De nada, el empeño en continuar por el camino de extrema
austeridad que nos exigían, ni la revisión del mundo laboral a través de la
aprobación de una Ley, que ha dado un fruto de seis millones de desempleados,
ni la desmantelación paulatina de lo público, en detrimento de jóvenes en edad
de aprender y de enfermos desesperados por recibir una atención médica de
calidad, que les corresponde por derecho.
De nada, el intento de vender una realidad distorsionada,
prometiendo que en el futuro, todos los sacrificios serán recompensados o la
manipulación descarada de las cifras de la pobreza, procurando por todos los
medios que todos creamos que el sufrimiento que padecemos se produce por
nuestro bien.
Y no es ya, que no nos haya convencido a nosotros con sus argumentos,
sino que al parecer, tampoco ha logrado una mínima credibilidad frente a los
acreedores que nos acucian y por tanto, su fracaso no puede ser más evidente y
estrepitoso y aún habremos de ver, como esos mismos socios a los que tanto
alaba desde los púlpitos del poder, nos abren un expediente.
Nunca tuvimos un Presidente más cobarde, ni menos dispuesto a
luchar por el futuro de los suyos. Enrocado en la posición de poder que le
otorgó la confianza de los ciudadanos que le colocaron al frente del gobierno,
ni siquiera posee la decencia de dar cuenta periódica de su gestión a través
del contacto con la prensa y mucho menos, el valor necesario para negarse a las
exigencias foráneas, dando la espalda con contundentemente, a los verdugos que
están aniquilando los pocos recursos que nos quedaban, aunque en ello le fuera,
tener que renunciar a la maldita Presidencia.
¿Qué hace falta para que Mariano Rajoy diga basta y haga, por
una vez, algo que beneficie realmente los intereses de sus compatriotas?
¿Qué tiene que ocurrir para que lo poco o mucho que tengamos
se invierta en creación de empleos dignos y no en sanear a una Banca, señalada
como principal culpable de nuestra caída en esta desgraciada crisis?
¿Cuántas voces y colectivos han de alzarse en contra de la
política que practica para que, sabiamente, se decida a rectificar y a dar un
portazo a todos aquellos que se empeñan en colonizar veladamente el territorio
en el que nacimos, haciéndolo suyo, para después volver a vendérnoslo por una
cantidad desorbitada?
¿Dónde está el límite de este Rajoy, que desoye la voluntad
de quienes le colocaron donde está, pero obedece a ciegas cualquier sugerencia
de otros que han demostrado por activa y pasiva, que miran exclusivamente, por
sus propios intereses?
¿Qué ocurriría, si nos negáramos a devolver lo que nos
prestaron o si empleáramos el montante en paliar las necesidades más extremas
que ahora nos acucian?
¿Qué nos harían? ¿Desahuciar a todo un país? ¿Invadirnos por
medio de la fuerza, provocando un conflicto mayor, si otros hermanos en la
desgracia, se unieran a esta iniciativa y tampoco cumpliesen con los
prestamistas?
¿Qué es lo que tanto teme Rajoy y no dice? ¿No tiene acaso el
pueblo español el derecho a conocer cualquier amenaza que pueda venir del
exterior y a defenderse de ella, como considere más oportuno?
¿O es que en el fondo nuestra pobreza sirve también de algún
modo a los intereses personales o de Partido de nuestro Presidente y en todo
este asuntos subyace algo oscuro, que a toda costa debe ser ocultado a los
pueblos?
Cuando se cumple el segundo aniversario del 15M, el hartazgo
que la clase política y en particular, quienes nos gobiernan, provocan en nosotros,
no puede ser mayor y el caldo de cultivo que está generando esta forma de
masacrar el destino de los españoles, puede estar a punto de obtener la
definitiva respuesta.
Si los dirigentes no saben o no quieren implicarse en esta
lucha a muerte por que los españoles podamos sentirnos seres humanos dignos,
tendrá que ser el pueblo, el que, finalmente, se atreva a dar los pasos
necesarios para que este Sistema de podredumbre termine de una vez.
Y ahora que no nos queda nada que perder, puede que haya
llegado el momento.

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