miércoles, 15 de mayo de 2013

¿Cuándo diremos basta?



Desde Europa, amenazan con fiscalizar duramente el Sistema Económico español, al pensar que pueden existir demasiadas dudas sobre nuestra solvencia.
De nada ha servido la sumisión servil de Mariano Rajoy, imponiendo recortes e implantando violentas medidas que han ido mermando los derechos de los ciudadanos, ni las prácticas neocapitalistas que han devuelto al país, al infausto recuerdo de la post guerra.
De nada, el empeño en continuar por el camino de extrema austeridad que nos exigían, ni la revisión del mundo laboral a través de la aprobación de una Ley, que ha dado un fruto de seis millones de desempleados, ni la desmantelación paulatina de lo público, en detrimento de jóvenes en edad de aprender y de enfermos desesperados por recibir una atención médica de calidad, que les corresponde por derecho.
De nada, el intento de vender una realidad distorsionada, prometiendo que en el futuro, todos los sacrificios serán recompensados o la manipulación descarada de las cifras de la pobreza, procurando por todos los medios que todos creamos que el sufrimiento que padecemos se produce por nuestro bien.
Y no es ya, que no nos haya convencido a nosotros con sus argumentos, sino que al parecer, tampoco ha logrado una mínima credibilidad frente a los acreedores que nos acucian y por tanto, su fracaso no puede ser más evidente y estrepitoso y aún habremos de ver, como esos mismos socios a los que tanto alaba desde los púlpitos del poder, nos abren un expediente.
Nunca tuvimos un Presidente más cobarde, ni menos dispuesto a luchar por el futuro de los suyos. Enrocado en la posición de poder que le otorgó la confianza de los ciudadanos que le colocaron al frente del gobierno, ni siquiera posee la decencia de dar cuenta periódica de su gestión a través del contacto con la prensa y mucho menos, el valor necesario para negarse a las exigencias foráneas, dando la espalda con contundentemente, a los verdugos que están aniquilando los pocos recursos que nos quedaban, aunque en ello le fuera, tener que renunciar a la maldita Presidencia.
¿Qué hace falta para que Mariano Rajoy diga basta y haga, por una vez, algo que beneficie realmente los intereses de sus compatriotas?
¿Qué tiene que ocurrir para que lo poco o mucho que tengamos se invierta en creación de empleos dignos y no en sanear a una Banca, señalada como principal culpable de nuestra caída en esta desgraciada crisis?
¿Cuántas voces y colectivos han de alzarse en contra de la política que practica para que, sabiamente, se decida a rectificar y a dar un portazo a todos aquellos que se empeñan en colonizar veladamente el territorio en el que nacimos, haciéndolo suyo, para después volver a vendérnoslo por una cantidad desorbitada?
¿Dónde está el límite de este Rajoy, que desoye la voluntad de quienes le colocaron donde está, pero obedece a ciegas cualquier sugerencia de otros que han demostrado por activa y pasiva, que miran exclusivamente, por sus propios intereses?
¿Qué ocurriría, si nos negáramos a devolver lo que nos prestaron o si empleáramos el montante en paliar las necesidades más extremas que ahora nos acucian?
¿Qué nos harían? ¿Desahuciar a todo un país? ¿Invadirnos por medio de la fuerza, provocando un conflicto mayor, si otros hermanos en la desgracia, se unieran a esta iniciativa y tampoco cumpliesen con los prestamistas?
¿Qué es lo que tanto teme Rajoy y no dice? ¿No tiene acaso el pueblo español el derecho a conocer cualquier amenaza que pueda venir del exterior y a defenderse de ella, como considere más oportuno?
¿O es que en el fondo nuestra pobreza sirve también de algún modo a los intereses personales o de Partido de nuestro Presidente y en todo este asuntos subyace algo oscuro, que a toda costa debe ser ocultado a los pueblos?
Cuando se cumple el segundo aniversario del 15M, el hartazgo que la clase política y en particular,  quienes nos gobiernan, provocan en nosotros, no puede ser mayor y el caldo de cultivo que está generando esta forma de masacrar el destino de los españoles, puede estar a punto de obtener la definitiva respuesta.
Si los dirigentes no saben o no quieren implicarse en esta lucha a muerte por que los españoles podamos sentirnos seres humanos dignos, tendrá que ser el pueblo, el que, finalmente, se atreva a dar los pasos necesarios para que este Sistema de podredumbre termine de una vez.
Y ahora que no nos queda nada que perder, puede que haya llegado el momento.




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