Las promesas que Mariano Rajoy hace a Bruselas, en contra de
la voluntad de los españoles que le eligieron, van siempre encaminadas en el
mismo sentido y tienen como única misión, recortar agresivamente las partidas
sociales y, por ende, ir poco a poco abandonando a su desgraciada suerte a los
colectivos más débiles, en una muestra de absoluto desprecio hacia las necesidades
de los que sufren y en claro beneficio
de los que ostentan el poder, que al final, son los que verdaderamente están
gobernando España.
Ahora el compromiso se centra en hacer desaparecer de cuajo
la Ley de Dependencia y en incidir sobre el gasto sanitario del que depende la
salud de los españoles, estableciendo un copago que afecta a servicios de
primera necesidad, como pueden ser las ambulancias que nos transportan cuando
necesitamos asistencia hospitalaria o los implantes que mejoran nuestra calidad
de vida , además de la privatización de hospitales que ya se había iniciado y
que tiene en pie al colectivo sanitario, con movilizaciones sine die.
La incertidumbre de los familiares de personas dependientes,
acaba de convertirse en una pesadilla terrorífica de la que, probablemente,
nunca despertarán y la soledad en que quedan con la nueva medida, no tiene calificativo
ni justificación posible, por tratarse los protagonistas de estas historias de
los más necesitados de cuidados, de cuantos habitan el territorio patrio.
Dejados de la mano de Dios y ahora también de la del Gobierno
que rige nuestros destinos, se les presenta un futuro incierto en el que
tendrán que volver a sufrir un sinfín de vejaciones y que, en algunos casos,
podrían derivar en un destino fatal que incidirá en la ya maltrecha psicología
de los encargados de su vigilancia.
Y entretanto, el lujo exhibido por el heredero de la Corona y
su esposa, en la coronación holandesa, resulta un evidente agravio comparativo,
que revuelve las conciencias de los hombres de bien y aumentan la ira de este
pueblo, por mera impotencia de no poder hacer nada, en ninguno de los dos
casos.
¿No sería más justo que Leticia Ortiz renunciara a los
modelos de alta costura que luce con ostentación a diario? ¿No podrían los
recortes centrarse en este tipo de gastos
superfluos, antes que en agredir los derechos de los débiles y las prestaciones
que son necesarias al conjunto de la población española?
¿Cómo puede un católico declarado, faltar así al mandato
esencial de su propio catecismo y a la vez, mantener las subvenciones de que
disfruta la Iglesia, en detrimento de las capas más humildes de la sociedad que
gobierna?
¿Hace examen de conciencia Mariano Rajoy?
¿Qué piensa cuando está en soledad? ¿Duerme tranquilo
mientras traiciona a los españoles y entrega su bienestar, a cambio de las
treinta monedas que ponen en su mano los colonizadores del SXXI?
Por enésima vez: nunca hubo un presidente peor en España y
ojalá la historia se lo demande.

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