lunes, 18 de febrero de 2013

Una vocación imparable



Mientras se publica este artículo y el mundo sigue su curso a nuestro alrededor llevando nuestros destinos hacia lo desconocido, una joven española de treinta y tres años, que eligió la Filosofía como fuente de inspiración con la que asumir un proyecto de vida, presenta hoy una Tesis Doctoral, que viene a culminar una brillantísima carrera construida sobre la ilusión y la esperanza de poder transmitir a quienes la siguen, una base sobre la que edificar las estructuras de su propio pensamiento.
Todo está preparado para que nada turbe el dulce momento y el apoyo de los que le son incondicionales, en presencia o en esencia, suaviza la seriedad académica del recinto, transmitiéndole un clima de calidez que haga más llevadera la sensación de soledad ante el atril, sobre el que reposan todos los años de dura investigación y las horas dedicadas al estudio que hoy traen hasta aquí, a quien siempre soñó, precisamente con protagonizar este instante.
Es éste el triunfo de una vocación, decidida e incansable, labrada sobre la enorme curiosidad que despiertan las eternas preguntas que cada ser humano trata de contestar desde su propia perspectiva y que siguen perturbando desde el principio de los tiempos, a todas las mentes inquietas que en el mundo ha habido y habrá, sin que las conclusiones jamás se hayan convertido en certeza, ni se hayan agotado aún los caminos que conducen a las respuestas que a todos nos gustaría encontrar, cuando nos enfrentamos con la desnudez de nuestra propia conciencia.
Esta aventura incierta de intentarlo, de profundizar en la oscuridad hasta dar con un  punto de luz que destelle sobre las tinieblas, ayudándonos a soportar la dureza vital de los caminos, convierte a los que se atreven a iniciarla, en pilares fundamentales para una humanidad, cada vez más huérfana de  ideólogos capaces de adentrarse en la infinitud del pensamiento.
Hay que agradecer pues, a estos líderes que revolucionan la historia, sin que  la inmediatez de una recompensa venga a satisfacer su ego premiando la dedicación a la utopía, la osadía de ser pioneros en la colonización de regiones  inexploradas, en las que otros muchos se podrán asentar, cuando los primeros frutos de la siembra demuestren que la fertilidad de la tierra existía, aunque nadie se había cuidado de abonarla para obtener de ella el máximo rendimiento.
El talento, usado para este fin, coloca en una posición de privilegio a su dueño y derriba cualquier frontera permitiendo a la imaginación desarrollar un vuelo esperanzador, sin cadenas que lo aten a los prejuicios.
Quien más indaga, quien más logra aproximarse al conocimiento, en definitiva, quien más ejercita la capacidad de pensar, es el que alcanza la enorme fortuna de ser más libre.
La joven que hoy lee su Tesis Doctoral, lo comprendió hace tiempo y yo lo sé porque soy su madre y llevo toda la vida deseando que pudiera cumplir sus sueños.

Para Clara.


  

1 comentario:

  1. Qué niña más grande tienes. Ojalá hubiese podido estar ahí. Enhorabuena a todos.

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