El culebrón Bárcenas, cuyo guión parece deparar cada día una
nueva sorpresa, nos trae esta tarde la noticia de que su protagonista ha
decidido demandar al Partido Popular, por un despido improcedente, fechado nada
menos que el 31 de Enero del presente año y no en 2010, como se han encargado
de difundir por activa y por pasiva, relevantes miembros de la formación
conservadora, cada vez que se les ha preguntado por este asunto.
Ayer mismo, Cospedal protagonizaba un ridículo episodio ante
la prensa, defendiendo la desvinculación del ex tesorero con la formación
política a la que representa que no sirvió más que para aumentar las numerosas
sospechas que sobre este asunto se tienen, si no para confirmar la certeza de
que se ha venido incurriendo en una serie de delitos, tanto en relación con el
cuestionado despido, como en el tiempo de filiación a la Seguridad Social que
se concedió a Bárcenas.
Pero si la historia del imputado es cierta, todas las piezas
de este rompecabezas empiezan a encajar con una precisión absoluta y se explica inmediatamente la
negativa del PP a presentar el finiquito, pues de hacerlo, quedaría claro que
han estado mintiendo reiteradamente al país, durante casi dos años.
Habría que añadir que mientras ocupaba su despacho de Génova,
Bárcenas percibía, esta vez en dinero legal, un salario de más de 21.000 euros
mensuales, que vendrían a contradecir de manera rotunda las ansias de imponer
austeridad que demuestra el discurso del Presidente de la Nación, cada vez que
se digna a deleitarnos con su presencia, ya sea ante las cámaras de televisión
o en el Parlamento.
Bárcenas parece dispuesto a librar una larga y dura batalla,
ahora que se ha liberado del lastre de
la disciplina partidista y ya le da igual adoptar posturas radicalmente
contradictorias a las de los líderes de la formación a la que perteneció,
aunque esto tiene cierta lógica, tras haber comprobado que le han dejado en la
más absoluta soledad y que ya nadie quiere ni pronunciar su nombre.
Entretanto, Rajoy aún anda pensándose si se querellará o no
contra su ex empleado, probablemente bastante asustado por el cariz que puedan
tomar a partir de ahora los acontecimientos y, claro está, por si finalmente un
día de estos aparecen los originales de la famosa agenda secreta y se le vienen
abajo, de repente, todos los argumentos que hubiera previsto sobre el asunto de
los sobresueldos, viéndose obligado a una rendición dimisionaria, en la que aún
podría alegar que se marcha por no hacer daño al Partido que dirige, aunque sin
admitir culpabilidad alguna en esta enrevesada historia.
¿Qué más guarda Bárcenas en su más que repleta chistera?.
Esta incógnita será revelada sin lugar a dudas, por capítulos, pero dada la
importancia de su antiguo cargo, es de suponer que posea ingentes cantidades de
información sobre lo sucedido en los sótanos del PP, e incluso sobre las
circunstancias personales de todos y cada uno de sus miembros más relevantes,
ya que durante veinte años no se sospechó de su presente deslealtad y por sus
manos pasaron infinidad de documentos de distinta índole.
Tanto temer a conspiraciones externas, arengadas desde las
filas de los partidos de izquierdas y
ahora resulta que la única verdad es que estaban viviendo con su verdadero
enemigo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario