miércoles, 6 de febrero de 2013

El remedio y la enfermedad



Reaparece en escena Esperanza Aguirre, ofreciendo su desinteresada colaboración para remediar todos los males que sacuden a la sociedad española y en especial a su Partido, en el que parecen existir toda una variedad de discursos en relación con el caso Bárcenas y los supuestos sobresueldos, por mucho que se trate de aparentar una calma, a todas luces inexistente, entre los miembros que forman la “gran familia popular”.
Esta interesante obra, que en principio parecía haber sido escrita a espaldas de la ex Presidenta de la Comunidad de Madrid, que abandonó el cargo, todo hay que decirlo, en un momento bastante oportuno, empieza a adquirir un inusitado interés, además del que ya tenía, ahora que el escándalo va dejando al descubierto todos los entresijos que ocultaba, bajo la simulada tranquilidad reinante  en la Sede de Génova.
Dice la señora Aguirre que todo necesita ser regenerado, aunque no aclara qué tipo de regeneración estaría dispuesta a poner en marcha, si su Partido recogiera la mano que ahora le tiende, ni si quizá resultaría imprescindible para ella que Rajoy y todo su equipo desaparecieran de escena para siempre, dejando a su cuidado todo el poder que durante tanto tiempo ansió sin conseguirlo y que ahora le vendría servido en bandeja de plata, aunque solo sea por la sombra de corrupción que pende sobre la cúpula popular y aunque no llegara a demostrarse nunca la culpabilidad de los supuestos implicados.
La experiencia nos dice y en este último año lo hemos podido comprobar en profundidad todos los españoles, que las buenas palabras que se pronuncian en un momento de dificultad extrema y que suelen traer consigo una serie de interminables promesas que aseguran la salvación, termina por llevárselas el viento y suelen ser olvidadas por quién las pronunció, sobre todo si valiéndose de la candidez de los receptores, le suponen un ascenso a posiciones de poder, en las que una vez instalado de forma inamovible, se pierde todo atisbo de memoria.
La trayectoria de Aguirre ha solido estar estrechamente unida a las posturas más recalcitrantes de cuantas existen en el seno del Partido Popular y su aversión personal por Rajoy no coge de sorpresa al conjunto de una ciudadanía, que a menudo ha podido comprobar la  lucha cuerpo a cuerpo que durante años han mantenido, por conseguir un número uno en las listas electorales que llevan directamente a ocupar la Presidencia de Gobierno.
Choca y mucho, que en plena efervescencia del escándalo y cuando aún quedan tantas cosas por aclarar, sobre todo si se da un voto de confianza a la presunción de inocencia, como sería obligación de los correligionarios de los supuestos implicados en el asunto, una líder del peso de la ex Presidenta madrileña, se arriesgue a discrepar con la línea marcada por los suyos con un ofrecimiento de esta categoría, que no hace otra cosa que agravar las sospechas de la sociedad sobre la culpabilidad de los  mencionados en los papeles de El País y aumentar el clima de tensión que se respira en la calle, dejando por los suelos la imagen de su propio Partido y la de todo aquel que tuvo algún cargo de relevancia en él, de veinte años para acá.
La impresión que da, es que a Esperanza Aguirre le puede la impaciencia y que haría cualquier cosa por terminar con la supremacía de Rajoy, incluso aprovechando descaradamente el peor momento de su vida, echando por tierra todas las teorías de conspiración formuladas por los conservadores y que apuntaban directamente al seno de la izquierda y en especial, al líder de la oposición socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba.
Sin embargo, la voluntad del pueblo español no pasa por aceptar la regeneración que oferta la ex Presidenta de la Comunidad de Madrid, ni por supuesto, los cambios que traería consigo si consiguiera auparse hasta la Moncloa, culminando así todos sus sueños de grandeza.
Cuando el pueblo español habla de regeneración del Sistema, se refiere a un cambio meditado y profundo que podría empezar por escribir una nueva Constitución y que nada tendría que ver, ni de lejos, con la ideología ultraconservadora que nos ha llevado a esta crisis interminable y podrido todas nuestras instituciones de hedionda corrupción, hasta herir de muerte los mismos cimientos de la Democracia.
El justificado desencanto de este pueblo no desaparecería si Esperanza Aguirre, ni ningún otro político archiconocido, empujara a Rajoy para colocarse en su lugar, para seguir primando los valores de un capitalismo feroz, en contra de los derechos de la ciudadanía. Los seis millones de parados y la necesidad de construir un futuro mejor, no pueden permitirse otro error, de las mismas características que el que se ha venido cometiendo, desde que entre nosotros se ha instalado este despiadado bipartidismo.
Pero haría bien el PP en empezar a mirar hacia adentro y en  centrar sus sospechas de complot detrás de su propia puerta.
A veces, los amigos, son los peores enemigos que un hombre puede tener.



No hay comentarios:

Publicar un comentario