jueves, 7 de febrero de 2013

Libertad de pensamiento



Mientras el ex tesorero Bárcenas declaraba ante el juez y la trama de los supuestos sobresueldos del PP seguía proporcionando ríos de tinta a toda la prensa nacional, cientos de miles de estudiantes tomaban las calles de todo el país, para protestar sonoramente contra la ley clasista de Wert, que pretende transformar la enseñanza pública que tanto esfuerzo costó conseguir, en un coto reservado para hijos de  familias de elevado nivel económico, negando a los de las clases humildes, cualquier posibilidad de acceso a una educación de nivel, independientemente de las aptitudes intelectuales que posean o la voluntad que pongan en conseguirlo.
Empecinado en la idea de lograr una paulatina privatización del sistema educativo y desoyendo las innumerables críticas que su proyecto ha venido recibiendo de todas las partes implicadas en el asunto,  este antiguo tertuliano radio televisivo, cuyas ideas parecen acercarse peligrosamente a las de las corrientes más conservadoras del Partido al que pertenece, se ha decidido por adoptar una postura de constante provocación, que no ha hecho otra cosa que aumentar las iras de la comunidad educativa, que hoy vuelve a demostrar que no está dispuesta a rendirse ni a claudicar ante la posibilidad de regresar a un modelo del año cuarenta, de escuelas practicantes de la segregación por sexos y proselitismo ideológico, a la vez que contrarias a la libertad de pensamiento, que permite a los individuos decidir qué camino quieren tomar, cuando les llega el momento de enfrentarse a la vida.
Con el apoyo de la Iglesia Católica y de las asociaciones de Padres que a ella pertenecen, cuyos hijos suelen proceder en un alto porcentaje, de las escuelas concertadas regidas por las comunidades religiosas, Wert  se ha empeñado personalmente en una labor mesiánica de regeneración educativa, para intentar a la mayor brevedad posible, que desaparezcan de los programas  todas   las materias que de cerca o de lejos, toquen temas relacionados con la capacidad individual de pensar o que ayuden a los alumnos a comprender la diversidad existente en el mundo en que viven, ya sea en el campo de la familia, la política o simplemente, en el entorno ciudadano en que se desenvuelven, en esta segunda década del siglo XXI.
La larga lucha que ha mantenido el PP por retirar de la circulación la asignatura de Educación para la Ciudadanía y el propósito de anular la obligatoriedad de estudiar Filosofía en el bachillerato propuesto en la nueva Ley, confirman a todas luces la intención de privar a la juventud   de cualquier posibilidad de discrepancia que pudiera surgir una vez conocidas  todas las corrientes del pensamiento y evitan, para un futuro, toda oposición con lo que esta formación considera su catecismo.
No es de extrañar que padres, alumnos y docentes, se rebelen unánimemente contra estas pretensiones, sobre todo si van acompañadas de un alto encarecimiento de las tasas que permiten el acceso a las carreras universitarias y un empobrecimiento del sistema de becas que permitía hasta hoy una cierta igualdad de posibilidades para los estudiantes con menos recursos, a los que ahora se intenta canalizar hacia  un régimen de préstamos bancarios similar al americano, pero que difícilmente podrán devolver, a la vista del cariz que está tomando la política salarial que ha puesto en marcha la Reforma Laboral de Rajoy y el cincuenta por ciento de paro juvenil que nos ha traído la crisis de la avaricia.
No debe pues sorprenderse Wert, si allá dónde va es recibido con sonoros abucheos, fundamentalmente porque su reiterada negativa al diálogo, le hace parecer como la persona más intolerante del gabinete de Rajoy y sus continuas salidas de tono, cada vez que se enfrenta a los medios de comunicación, no hacen otra cosa más que avalar los peores temores de quienes le escuchan.
Ahora que todo pende de un hilo y que el PP acaba de descubrir que ningún poder, por fuerte que sea, llega a ser eterno, puede que haya llegado el momento de que el señor ministro se plantee un serio acercamiento a la ciudadanía y una reconsideración en profundidad de todos y cada uno de sus manidos argumentos, porque el mango de la sartén que con tanta gallardía sostenía, empieza a zozobrar empujado por la tempestad reinante a su alrededor y la previsión meteorológica no es para él, precisamente   favorable.


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