Mientras el ex tesorero Bárcenas declaraba ante el juez y la
trama de los supuestos sobresueldos del PP seguía proporcionando ríos de tinta
a toda la prensa nacional, cientos de miles de estudiantes tomaban las calles
de todo el país, para protestar sonoramente contra la ley clasista de Wert, que
pretende transformar la enseñanza pública que tanto esfuerzo costó conseguir,
en un coto reservado para hijos de
familias de elevado nivel económico, negando a los de las clases
humildes, cualquier posibilidad de acceso a una educación de nivel, independientemente
de las aptitudes intelectuales que posean o la voluntad que pongan en
conseguirlo.
Empecinado en la idea de lograr una paulatina privatización
del sistema educativo y desoyendo las innumerables críticas que su proyecto ha
venido recibiendo de todas las partes implicadas en el asunto, este antiguo tertuliano radio televisivo,
cuyas ideas parecen acercarse peligrosamente a las de las corrientes más
conservadoras del Partido al que pertenece, se ha decidido por adoptar una
postura de constante provocación, que no ha hecho otra cosa que aumentar las
iras de la comunidad educativa, que hoy vuelve a demostrar que no está
dispuesta a rendirse ni a claudicar ante la posibilidad de regresar a un modelo
del año cuarenta, de escuelas practicantes de la segregación por sexos y
proselitismo ideológico, a la vez que contrarias a la libertad de pensamiento,
que permite a los individuos decidir qué camino quieren tomar, cuando les llega
el momento de enfrentarse a la vida.
Con el apoyo de la Iglesia Católica y de las asociaciones de
Padres que a ella pertenecen, cuyos hijos suelen proceder en un alto
porcentaje, de las escuelas concertadas regidas por las comunidades religiosas,
Wert se ha empeñado personalmente en una
labor mesiánica de regeneración educativa, para intentar a la mayor brevedad
posible, que desaparezcan de los programas
todas las materias que de cerca o de lejos, toquen
temas relacionados con la capacidad individual de pensar o que ayuden a los alumnos
a comprender la diversidad existente en el mundo en que viven, ya sea en el
campo de la familia, la política o simplemente, en el entorno ciudadano en que
se desenvuelven, en esta segunda década del siglo XXI.
La larga lucha que ha mantenido el PP por retirar de la
circulación la asignatura de Educación para la Ciudadanía y el propósito de
anular la obligatoriedad de estudiar Filosofía en el bachillerato propuesto en
la nueva Ley, confirman a todas luces la intención de privar a la juventud de cualquier posibilidad de discrepancia que
pudiera surgir una vez conocidas todas
las corrientes del pensamiento y evitan, para un futuro, toda oposición con lo
que esta formación considera su catecismo.
No es de extrañar que padres, alumnos y docentes, se rebelen
unánimemente contra estas pretensiones, sobre todo si van acompañadas de un
alto encarecimiento de las tasas que permiten el acceso a las carreras
universitarias y un empobrecimiento del sistema de becas que permitía hasta hoy
una cierta igualdad de posibilidades para los estudiantes con menos recursos, a
los que ahora se intenta canalizar hacia
un régimen de préstamos bancarios similar al americano, pero que
difícilmente podrán devolver, a la vista del cariz que está tomando la política
salarial que ha puesto en marcha la Reforma Laboral de Rajoy y el cincuenta por
ciento de paro juvenil que nos ha traído la crisis de la avaricia.
No debe pues sorprenderse Wert, si allá dónde va es recibido
con sonoros abucheos, fundamentalmente porque su reiterada negativa al diálogo,
le hace parecer como la persona más intolerante del gabinete de Rajoy y sus
continuas salidas de tono, cada vez que se enfrenta a los medios de
comunicación, no hacen otra cosa más que avalar los peores temores de quienes
le escuchan.
Ahora que todo pende de un hilo y que el PP acaba de
descubrir que ningún poder, por fuerte que sea, llega a ser eterno, puede que
haya llegado el momento de que el señor ministro se plantee un serio
acercamiento a la ciudadanía y una reconsideración en profundidad de todos y
cada uno de sus manidos argumentos, porque el mango de la sartén que con tanta
gallardía sostenía, empieza a zozobrar empujado por la tempestad reinante a su
alrededor y la previsión meteorológica no es para él, precisamente favorable.

No hay comentarios:
Publicar un comentario