lunes, 4 de febrero de 2013

Vientos de tormenta



Forzado por las circunstancias de su viaje a Berlín, Mariano Rajoy no ha tenido más remedio que enfrentarse a la prensa esta tarde, sin poder rechazar las preguntas que los profesionales le hacían, sobre su supuesta implicación en el mayor caso de corrupción que se recuerda en España.
La expectación que a nivel mundial ha levantado la terrible sombra de sospecha que se cierne sobre toda la cúpula del Partido Popular, ha conseguido restar importancia a los asuntos que han llevado al Presidente hasta Alemania y se ha convertido en el eje central de una rueda de prensa conjunta, en la que la incomodidad de  Ángela Merkel, resultaba más que evidente.
Empeñado en defender una inocencia que los papeles publicados por El País hacen poco creíble, el discurso de Rajoy ha sido un calco de las palabras pronunciadas en su intervención del pasado Sábado y no han conseguido aclarar a los españoles absolutamente nada sobre una información de la que varios miembros del PP han recocido, en parte, como cierta, pero que en lo que se refiere al asunto de los sobresueldos que afectarían directamente a los nombres más relevantes de su formación, niegan, escudándose en teorías de conspiraciones ocultas, aunque sin apuntar directamente a nadie.
Entretanto, González Pons, el mismo que durante la campaña electoral prometía a los españoles la creación de dos millones de puestos de trabajo, calificaba a Rubalcaba de “politicastro”, por haberse atrevido a pedir la dimisión del Presidente del Gobierno, al considerar que no se encuentra capacitado para llevar las riendas del país y secundado por   otra formaciones políticas y por una gran parte de la ciudadanía.
Por otra parte, Esperanza Aguirre, cuyo nombre no figura entre los afectados por el escándalo, a pesar de su relevancia en el Partido Popular, se desmarcaba de sus compañeros de formación exigiendo luz y taquígrafos en todo lo que se refiere  a este asunto, apelando astutamente, a que los españoles están en su derecho de conocer la verdad y a que la obligación de cualquier político es velar por facilitársela.
A pesar de este clima de fuerte borrasca, Rajoy aún se ha atrevido a insinuar que se encuentra dispuesto para exigir nuevos sacrificios a los españoles, apoyándose en la mayoría absoluta que obtuvo en las urnas hace poco más de un año, pero que a raíz de todo lo ocurrido durante este breve periodo de mandato, podría haber mermado catastróficamente, a juzgar por lo que se oye en las conversaciones de la calle, donde es difícil encontrar a fecha de hoy, a un solo español que  siga confiando en la palabra del Presidente y cuya intención de voto si se celebraran nuevas elecciones, no sería precisamente la de renovarle en el poder y no solo por el escándalo actual, sino por no estar en absoluto de acuerdo con ninguna de las medidas adoptadas durante su estancia en la Moncloa.
Solo pensar en la posibilidad de que pudieran producirse nuevos recortes, agrava en gran medida, el clima de inestabilidad política que refleja la vida cotidiana en España y pone en alerta a una ciudadanía hastiada de ser la víctima propiciatoria de los agujeros que ha dejado la crisis y a punto de estallar por los casos de corrupción que se vienen sucediendo a diario y que han llegado a su punto álgido con la publicación de los papeles del ex tesorero Bárcenas.
Con toda probabilidad, a la prensa le costará sudor y lágrimas conseguir en territorio español, una nueva comparecencia del Presidente y es evidente que la intención del mismo es la de aferrarse al poder con uñas y dientes, mientras no exista una evidencia incontestable de su implicación en el escándalo, aunque aún no sabemos los ases que guardan bajo la manga los medios de comunicación, ni qué queda por publicar, en días venideros, en relación con este asunto.
Corren malos vientos para el PP, cuyos miembros han cambiado a la fuerza su sonrisa prepotente, por un rictus de angustia, al haber perdido cualquier resquicio de credibilidad que pudiera quedarles, tras su nefasta actuación política.
Y eso que aún no saben que esta vez, el pueblo español no está dispuesto a conformarse con vanas explicaciones, excusas o argumentos, ni esta’ abierto a creer en conspiraciones que en el caso de existir, seguramente se habrían fraguado desde dentro.    


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