La luminosa idea de comerciar con arte, que según ha
declarado el ex tesorero Bárcenas ante el juez, le ha proporcionado una inmensa
fortuna que asciende a treinta y ocho millones de euros, parece haber sorteado
todos los avatares de la crisis y colocado a los que se dedicaron a este
negocio, en una inmejorable posición, capaz de augurarles toda una vida de
comodidades, al margen de mercados o de cierres patronales inesperados y
violentos.
Habiendo establecido como prioridad librarse del modo que sea
de alguna pena de prisión, Bárcenas ha centrado la estrategia de su propia
defensa en procurar reconocer sólo un
delito de fraude fiscal, cosa que al mismo tiempo exoneraría también de
toda culpa al Partido Popular, si el magistrado diera credibilidad al discurso
del imputado.
Pero el arte ha de ser obra de genios para convertir a sus dueños
en millonarios y sólo a nivel de galerías de lujo suele comerciarse con
trabajos de esta categoría, sin que hasta ahora haya trascendido que
Bárcenas tuviera algún tipo de relación
con estos círculos, ya que su única
ocupación conocida era la de ocuparse de las finanzas del PP, en su despacho de
la calle Génova.
Por tanto, va a ser difícil demostrar el repentino
enriquecimiento del protagonista de esta historia y olvidar la traída y llevada
agenda de la contabilidad B de los populares, teniendo en cuenta que los
exámenes caligráficos parecen demostrar la autoría de la letra y que existen
demasiadas coincidencias que apuntan
directamente a la cúpula conservadora, como parte importante de lo ocurrido
durante los últimos veinte años en la oscura vida de este personaje novelesco.
La fiscalía tampoco está dispuesta a pasar por alto los otros
delitos que se le imputan, ni a olvidar los indicios de que debajo de este tema
subyace la que podría ser una de las tramas de corrupción de más envergadura,
de cuántas se tejieron en este país, proclive a la picaresca y al engaño como
pocos.
De momento se ha retirado el pasaporta a Bárcenas, dando por
terminadas sus múltiples escapadas a lujosos destinos en el extranjero, cosa
que al menos tranquiliza a los españoles de a pie, que no entienden como el ex
tesorero permanece aún en el país y no ha aprovechado ya la libertad de que
disponía para desaparecer sin dejar rastro.
Entretanto, siguen las investigaciones y cierta parte de la
prensa se atreve a publicar que entre Bárcenas y Sepúlveda, ex marido de la
Ministra Ana Mato, existen ciertos vínculos de sociedad, estableciendo un nuevo
cabo por el que tirar de la madeja en esta rocambolesca historia, aunque sin
salir de los círculos del PP, que ya no sabe qué camino tomar para intentar
demostrar su dudosa inocencia.
Una titubeante Maria Dolores de Cospedal, intentaba hoy sin
éxito, ofrecer a los periodistas una explicación que justificara los pagos a
Bárcenas y su filiación a la Seguridad Social, hasta Diciembre del pasado año, mientras
Rajoy continúa pensando aún si se querellará o no contra él, por todo lo
sucedido desde que se produjo su imputación en este caso.
Queda ahora en manos de la justicia esta ocasión de oro para
llegar hasta el fondo de esta enrevesada cuestión y decidir si habrá o no más
imputaciones por este y otros más que evidentes indicios de delito.
Los ojos de los españoles están puestos en la actuación de
quien se encarga de este caso y la esperanza de que por una vez, la ley se cumpla, tiene en vilo a una opinión
pública, cuya indignación iría en aumento, si esto no se resolviera de manera
absolutamente contundente.

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