lunes, 17 de septiembre de 2012

Una dimisión sospechosa




Prácticamente a la misma hora en que el Ministro Wert, María Dolores de Cospedal y los Principes, eran clamorosamente abucheados a la entrada de un colegio de Toledo y los trabajadores de RENFE colapsaban las calles del país, en defensa de un transporte público, la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, convocaba una rueda de prensa con carácter de urgencia, en la que anunciaba con lágrimas en los ojos, su dimisión irrevocable.
Esgrimiendo problemas familiares como causa primordial de su decisión, e inmediatamente después de haber hecho frente al ejecutivo de Rajoy, en relación con la libertad de Bolinaga, la renuncia de Aguirre suscita un elevado número de sospechas, sobre todo al no haberse filtrado información alguna que hiciera suponer un hecho de esta categoría y deja a la ultraderecha del PP en cierta situación de orfandad, al perder al más significativo de sus recalcitrantes miembros.
Pero su conocida y manifiesta enemistad con el líder de su partido, no parece causa suficiente para tan repentino abandono, ya que de todos es sabido que Aguirre soñaba hace tiempo con la Presidencia del País y había estado invirtiendo años en una meteórica carrera política, aprovechando cada una de las oportunidades que se le presentaban para denostar a Rajoy y sus seguidores, aunque desde luego manteniéndose cerca de las más altas esferas de poder, hasta que tras ganar las elecciones, fue excluida del ejecutivo entrante, teniendo además que soportar ver a su más directo rival, Alberto Ruiz Gallardón, aupado a la cartera de Justicia, perdiendo así la batalla que con él había mantenido, desde su aterrizaje en la Comunidad de Madrid.
A partir de entonces, muchas de las teorías mantenidas por la presidenta se han visto, como por arte de magia, desmontadas, sin que se haya llegado nunca a conocer por qué camino se habían conseguido esclarecer los hechos, como en los casos de las falsas cuentas de la Comunidad, o el gravísimo asunto de Bankia, que había sido una de las apuestas fuertes de Aguirre, al colocar a Rodrigo Rato al frente de la entidad, que después ha resultado ser una de las causas de mayor peso, en la gravedad de la crisis que nos azota.
A nadie se le puede pues escapar, que la sensación de alivio que habrá experimentado Rajoy al tener la carta de dimisión sobre la mesa, habrá sido de las más grandes de su vida, tanto si la marcha es auténticamente por voluntad de su protagonista, como si por alguna razón que desconocemos, se la ha forzado a ello, terminando así de un plumazo, con cualquier resquicio de oposición en el seno del PP y librando al mismo tiempo al Presidente de un enemigo personal, que no ha hecho otra cosa que enmarañar la poca o mucha armonía que pudiera existir entre los militantes de la formación, con sus continuas salidas de tono, sus mayestáticos errores y sus bien programadas desobediencias, encaminadas siempre a obtener un poder mayor.
Antes de analizar las posibles causas reales de lo que haya podido suceder, habría que esperar, por si se produjera una serie de dimisiones en cadena de personajes que siempre se alinearon con las opiniones de Aguirre y que podrían personalizarse en nombres como los de Mayor Oreja, Ana Botella, y otros muchos adeptos a las recalcitrantes teorías de la ya defenestrada presidenta, viniendo a demostrar lo que pudiera ser entonces un cisma en el seno del PP, que pudiera derivar a la formación de un nuevo Partido, o en la afiliación masiva de los tránsfugas, a otras formaciones, como por ejemplo la que dirige Álvarez Cascos, por el que Aguirre siempre demostró una arrolladora simpatía.
Aunque también podrían barajarse otra serie de argumentos que clarificaran un poco si la dimisión ha sido inducida por alguna causa mayor que, en un futuro próximo, pudiera contribuir a ensuciar la imagen del Partido Popular, de seguir Aguirre al frente de una de las Comunidades consideradas como feudo conservador, si es que llegara a producirse alguna noticia que de alguna manera la relacionara con algún asunto, de momento desconocido.
La actitud de Esperanza Aguirre hace sólo unos días, en relación con la creación de Eurovegas, no era precisamente la de una persona que ya debía estar barajando la idea de la dimisión, ni dejaba entrever en modo alguno, la enorme tristeza que demostraba en su comparecencia de hoy, como si de pronto toda su vida se hubiera despeñado por un barranco, del que sería del todo imposible volver a remontar.
La suciedad de la política y la poca transparencia a que nos tiene acostumbrados el PP, harán seguramente inaccesible para nosotros el camino de la verdad y habremos de conformarnos con la información que quiera ofrecernos la prensa oficial, lesionando nuestro inherente derecho a conocer con exactitud las auténticas connotaciones de este suceso.
Aunque no podrán desde luego, robarnos la libertad de pensar que algo huele a podrido en esta historia, demasiado precipitada en su montaje y con descomunales claroscuros en su contenido, como para ser creíble.

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