lunes, 3 de septiembre de 2012

Tiempo de elegir




Mientras Mariano Rajoy aguarda con impaciencia la próxima visita de su muy admirada Ángela Merkel, prestigiosos periódicos norteamericanos empiezan a hablar con insistencia de un abandono inminente del euro, por parte de Grecia, y no descartan que en breve, otros países de Europa, pudieran seguir su ejemplo, retornando cada cuál a su antigua moneda y propiciando con ello un descalabro económico, que afectaría sin duda a todo el continente europeo.

Ha criticado muchas veces Rajoy a los que con un afán de vivir por encima de sus posibilidades, terminaron propiciando la crisis. Se ha declarado en sus pocas apariciones públicas, abanderado de una austeridad que después ha llevado a términos extremos asfixiando a la ciudadanía con sus recortes en las partidas sociales y en cierto modo, nos ha conducido a todos, con su política catastrofista, a una situación de estrés psicológico, que ha terminado por ahogar cualquier afán consumista que aún pudiera quedarnos, después de lo vivido.

Pero consciente o inconscientemente, el devenir diario ha venido a demostrar que todas estas afirmaciones, que desde los púlpitos políticos se han defendido con tanta vehemencia, no han terminado de ser estrictamente aplicadas por los que, para desgracia nuestra, rigen ahora los destinos de la pobre España.

Si alguien trata verdaderamente de moverse en unos ambientes prácticamente vetados a las auténticas posibilidades económicas de que se dispone en estos momentos difíciles y se empecina en permanecer en un club al que nunca pertenecerá por origen, al precio que sea, no hay duda de que ése es nuestro presidente actual, tristemente coreado en sus afanes, por sus ineficaces colaboradores.

Hay situaciones, en las que de ninguna manera se pueden mantener determinadas costumbres, sobre todo si la práctica continuada de las mismas afecta de manera lacerante a toda la ciudadanía de un país y el puesto que se ocupa, nos ha sido otorgado por la confianza de unos votantes que esperaban sinceramente, el bien de una mayoría que a estas alturas de la historia, ha comprendido y comprobado en carne propia, que la pertenencia a las altas esferas que para ella se procura, tiene un efecto negativo que agrava por momentos sus posibilidades de futuro, arrancando de cuajo cualquier atisbo de esperanza en poder sobrevivir a unos irrealizables sueños de grandeza.

Al borde de un segundo rescate, el curso acelerado de economía que nos hemos visto obligados a aprobar, ya nos dice que si esto sigue adelante, Rajoy nos habrá hipotecado para toda la vida y que de algún modo, habrá que hacer evidente nuestra rotunda oposición a su manera de llevar las riendas de la nación y a su peligrosa dependencia de los dictados de una Europa, que parece dispuesta a colocar a Alemania en una posición de poder, que podría terminar por convertirla en aquel imperio que Hitler ansió, y que no pudo conseguir con las armas.

Si finalmente Grecia sale valientemente del euro y se resigna a un periodo de precariedad respaldado por su propia moneda, y su paso es seguido por otros socios europeos como Irlanda o Portugal, puede que fuera conveniente empezar a valorar la posibilidad de alinearse con estos hermanos, pobres como nosotros, pero capaces de admitir cuál es su sitio en un panorama económico que de otro modo, acabaría por engullirlos.

Aunque es bastante probable que una insumisión de esta categoría, pronto empezara a encontrar muchos otros adeptos, dispuestos a propinar una sonora bofetada a un euro, inestable ya, a causa del descontento generalizado del grueso de la población europea, que añora con insistencia la época dorada en que aún vivía con dignidad, a cambio de su propio trabajo.

Muchas son las voces que están reclamando al PP, un referemdum que aclare si los españoles están de acuerdo con la política que se está practicando y que en nada se parece al programa electoral que se presentó a los ciudadanos, no hace tanto tiempo. Un otoño caliente, que ha comenzado hoy mismo con el boicot por parte de los estudiantes, a la apertura del nuevo curso académico, está empezando a fraguarse en el seno de las familias y de los colectivos dispuestos a defender la poca solvencia que les han dejado los programas de recortes promovidos desde Europa.

Puede que a Rajoy le haga feliz la idea de recibir a Merkel a bombo y platillo, y hasta puede que trate de ignorar lo que se rumorea sobre la situación al otro lado del Atlántico, pero ni le será nada fácil ocultar a la canciller alemana el grado de descontento que se apodera cada vez más de las calles de España, ni podrá dilatar eternamente el momento de sentarse a reflexionar, en serio, sobre lo que verdaderamente conviene a los españoles.

Nosotros tenemos claro, desde luego, que nos parecemos mucho más a los griegos, que a los alemanes.











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