Acorralados por el eco aún cercano de sus propias promesas, los dirigentes del Partido popular y de la nación, para desgracia nuestra, se enfrentan por primera vez desde su llegada al poder con uno de esos casos de pura conciencia, en el que se ha decidir sobre el destino de un terrorista en prisión, que pide la libertad, desahuciado por la medicina.
Como lo quiera o no, el hombre siempre acaba siendo víctima de sus propias palabras, la sombra de las afirmaciones que durante años han ido vertiendo los dirigentes conservadores sobre el grave problema de ETA y su negación contundente a hacer concesiones a sus miembros, que tantos votos les han reportado desde las asociaciones de víctimas, se cierne ahora sobre el mismo Mariano Rajoy, al que destacados miembros del ala derecha de la formación que preside, empiezan a tachar de traidor, aprovechando la ocasión que se les presenta.
No hace tanto que nuestro esquivo Presidente vociferaba contra la liberación de De Juana Chaos, sacando los colores al gobierno Zapatero, por lo que consideraba una monstruosidad inexplicable, y con la aquiescencia de los mismos que hoy le apoyan en lo que ha debido ser una de las decisiones más ingratas, desde su llegada al poder, ya que podría suponer un cambio radical de actitud en el tema del terrorismo, del que siempre fue aguerrido adalid, contrario a negociaciones y treguas.
Lo que cambia, si finalmente se libera al preso, es exactamente, la cercanía de las recién convocadas elecciones vascas y el insistente rumor que pronostica para los populares una hecatombe mayestática en ellas, por lo que una concesión en este tema, tal vez podría paliar los resultados previstos, dando a Rajoy una nueva imagen de conciliador, hasta ahora desconocida y la verdad, ciertamente sospechosa.
Pero la fuerza que en el seno del PP conservan aún personajes como Mayor Oreja o Esperanza Aguirre, están dificultando gravemente el cambio de postura ideado para su líder, con la cerrazón típica que caracteriza a este sector duro de la derecha, que trata continuamente de imponer sus carpetovetónicos pensamientos, en éste y en cualquier asunto que pueda representar un paso adelante en una ideología, francamente desfasada y caduca.
Y sin embargo, hacen bien en recordar lo que su Presidente mantenía como un pilar inamovible de su política, porque de algún modo, este recordatorio permite a la sociedad no olvidar cuáles eran las intenciones primeras de quien ahora se aviene a cualquier arreglo que reporte un puñado de votos a su malherida formación, porque a pesar de que en los últimos tiempos, ninguno de los acontecimientos acaecidos coinciden, ni por asomo, con las perspectivas que de ellos había dado al pueblo Rajoy, cuando todavía la Moncloa no era más que su sueño, si la prueba de su mendacidad parte de sus propios correligionarios, no podrá quedar duda alguna del fiasco electoral que se ha cometido contra todos nosotros.
La guerra interna no se ha hecho esperar, tal vez propiciada por la enorme dificultad de los tiempos que corren y por la caída en picado que por su política ha sufrido Rajoy, en sólo nueve meses de gobierno. El camino de rosas que se esperaba encontrar, era finalmente una espantosa tela de araña, que aumenta a velocidad vertiginosa sus círculos concéntricos sobre su cabeza, dejándole atrapado, sin salida y sobre todo, sin la ansiada gloria que anhelaba.
Naturalmente, cualquier circunstancia desfavorable que pudiera suceder al Presidente, es y será inmediatamente aprovechada por los que desde siempre fueron sus detractores, para obtener la dosis de poder que les catapulte a un liderazgo que nunca dieron por perdido.
Pero lo triste es que en este caso, se juega claramente con los sentimientos de las víctimas, que durante años han vivido engañadas por la falsa hospitalidad de un partido, cuya intención final no es otra que la de utilizarlas a favor de su propio beneficio.
Puede que ahora aprendan la lección y se dediquen, como no debe ser de otra manera, a vivir su dolor con dignidad, lejos de manipulaciones políticas y ojala que para ellas haya un futuro esperanzador que les permita cerrar las heridas en libertad, sin cadenas que les aten a las veleidades de ningún gobernante.

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