Coincidiendo con la visita de la canciller alemana a nuestro país, el Presidente del BCE hace pública la intención del organismo que dirige, de comprar deuda de los países más necesitados de la Unión Europea, siempre y cuando con anterioridad, éstos soliciten de motu proprio, el rescate.
La noticia, que afecta de manera directa a los intereses económicos españoles, queda sin embargo incompleta, si de antemano no se conocen las condiciones en que sería otorgado el mencionado rescate, pero se intuye que podrían estar estrechamente relacionadas con la llegada de nuevos y duros recortes, rápida y obedientemente aplicados por Mariano Rajoy, siempre sumiso a los mandatos provenientes de una Europa, cada vez más nociva para el modo de vida del pueblo español.
Uno tenía la utópica idea de que el Banco Central Europeo había sido creado para acudir en ayuda de los países que en determinado momento de su historia necesitaran de su intervención, ya que se nutre de las aportaciones de todos los miembros del Continente, adscritos por derecho a esta sociedad territorial.
Teóricamente así debiera ser y ahora más que nunca habría llegado el momento de demostrar su eficacia, pero los cambios habidos en las políticas económicas de los últimos tiempos, vienen finalmente a equiparar al BCE con cualquier otra entidad financiera de las muchas que salpican el suelo europeo y que han hecho de la usura, la bandera bajo la que defender la prepotencia de un poder económico, que ignora despiadadamente el autentico bienestar de los pueblos.
Ahora bien, no habría lugar a negociar con la riqueza común, tomando partido por aquellos que andan sacando beneficio de la crisis, perjudicando al mismo tiempo a los que, por las razones que fueren, no hicieron previsión de futuro cuando soplaban vientos de bonanza propiciados por una burbuja inmobiliaria alentada por la permisividad de estos mismos, que hoy nos niegan el pan y la sal exigiéndonos aún más esfuerzos.
El camino fácil de apoyar las posturas de países como Alemania, Finlandia y Holanda, mientras se relega a otros menos afortunados, entre los que se encuentra el nuestro, a ser prácticamente colonizados por una esclavitud vitalicia que los coloca socialmente en niveles casi tercermundistas, hiere de muerte el espíritu que en principio pareció mover la creación de la Unión Europea y contradice la idea de igualdad entre sus socios, de la que tanto se ha alardeado, de cara al mundo y sobre todo, frente al gigante norteamericano, cuya fortaleza se quiso imitar.
¿Qué eficacia auténtica tiene pues el BCE y qué se ha hecho con los fondos impuestos en él por todos nosotros, si en problemas de importancia vital como éstos, no acude solícitamente al rescate de los perjudicados, sin imponer condición alguna, como debiera ser su obligación?
¿Quién maneja entonces los hilos de este Organismo y qué finalidad verdadera lo mueve, si al final daría igual solicitar el préstamo que se requiriese, a cualquier entidad bancaria, a cambio del pago de iguales intereses?
Seguramente tendremos la oportunidad de comprobarlo en breve, si como se presume, Rajoy pide el rescate que se le solicita desde Europa, aunque se rumorea que tratará por todos los medios de dilatar el momento, hasta conocer los resultados de las elecciones vascas y gallegas, obrando después en la medida que le permita un mayor o menor fracaso.
Así que otra vez volvemos a depender de los votos obtenidos y del camino que el pueblo elija en las urnas, lo que viene a demostrar, que la fuerza sigue estando, aunque muchos lo duden aún, en nuestras manos y que la decisión que tomemos en los comicios ha de ser, obligatoriamente, meditada en profundidad por cada uno de nosotros.
Y aunque lo que en realidad preferiríamos sería ser convocados a Referéndum, para oponernos globalmente a la manera de hacer política de este gobierno, de no darse esta opción, la contundencia de la protesta ciudadana debiera desde ahora estar encaminada a que al menos, en Euskadi y Galicia, los populares reciban el fracaso que merecen sus continuados errores, sin dar una nueva oportunidad para que piensen que son los dueños de la nación,

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