domingo, 2 de septiembre de 2012

Retorno al abismo






El periodo vacacional de los españoles ha coincidido este año con una frenética actividad política, que no ha conseguido otra cosa más que demostrar el desgobierno vesánico que lleva a cabo el gabinete del señor Rajoy, siempre en contra de la voluntad ciudadana.

Ha debido creer el escurridizo Presidente que España le ha sido otorgada en propiedad y que el voto de los que depositaron en él su confianza representaba un cheque en blanco que le permite hacer y deshacer a su antojo, todo aquello que se le pasa por la cabeza.

Rodeado de unos colaboradores casi siempre provenientes de empresas estrepitosamente fracasadas y fielmente unido a los mandatos estremecedores de Europa, consciente o inconscientemente, está labrando un oscuro futuro para su nación y un descalabro más que evidente para la continuidad de su propio partido.

Empecinado en la absurda idea de que cualquier recorte que se realice debe proceder de las partidas sociales y aferrado a unos principios capitalistas que le han llevado, por ejemplo, a creer que la abultada subida del IVA le concederá la oportunidad de recaudar parte de los fondos necesarios para eludir un segundo rescate, está propiciando con su tozudez, un abandono masivo del consumo, mientras hunde más y más a la sociedad en un camino sin retorno de escandalosa pobreza.

Sin mirar hacia atrás y haciendo caso omiso de las justas reclamaciones de quienes sufrimos la locura de su política, parece que se deja querer en demasía por la adulación permanente de sus seguidores, sin darse cuenta de que está perdiendo la última oportunidad de ofrecer a su pueblo, algo más que una serie de justificaciones insostenibles, que contrastan con la situación privilegiada de que disfrutan los que, como él, decidieron un día dedicarse a lo que debiera ser y no es, el ejercicio de servir al bien de las mayorías.

Las pocas ocasiones en que consiente en aparecer ante la opinión pública, la penosa imagen de un Presidente balbuceante y cargado de dudas básicas, en cuestiones que debiera dominar por la importancia del cargo que desempeña, se ha impuesto sobre el recuerdo aún reciente de quien prometía durante la pasada campaña electoral un cambio `profundo en la sociedad y se declaraba adalid de los derechos de unos trabajadores, a los que ahora ha dejado en la más absoluta indefensión, con la aprobación de una Reforma Laboral esclavizante que permite una libertad de despido, inasumible para los más necesitados de una oportunidad de encontrar nuevo empleo.

Sin darse cuenta de que tiene en su contra a la inmensa mayoría de los colectivos que mueven la riqueza del país y enrocado en un virreinato absolutista que desoye por norma las reivindicaciones que se le plantean desde la calle, habrá de afrontar más pronto que tarde las consecuencias que para sí, traigan los actos de violación de derechos que a diario comete con el pueblo.

Así, habrá de enfrentarse a la segura pérdida de votos que le acarreará la convocatoria anticipada de elecciones en el País Vasco y Galicia, lo que con toda probabilidad conseguirá hacerle reflexionar sobre los errores cometidos, con mucha más contundencia que cualquiera de las manifestaciones de rechazo que recibe, en cada una de las pocas apariciones que hace en determinados actos, casi siempre organizados por sus correligionarios y sin demasiada cercanía física con sus más que airados convecinos.

Toda acción política buena o mala trae consigo resultados para quien la lleva a la práctica y en el caso de España, ya se ha demostrado en varias ocasiones de forma flagrante, que no se perdona a los mentirosos.

Puede que en las filas del PP se cuente con la desmemoria de todo un pueblo al que consiguieron anestesiar con sus promesas de cambio, pero en honor a la verdad, esta posibilidad resulta del todo improbable, dado el enorme paso atrás que ha representado para el conjunto de la sociedad, la llegada de Rajoy al poder y su desenfrenada forma de manejar los asuntos económicos que tanto nos preocupan.

El País Vasco, seguramente se decantará por una alternativa nacionalista, que en realidad es la opción que siempre quisieron los que habitan allí, pero el feudo gallego de los populares, que siempre les ha servido con una ininteligible lealtad, tampoco se ha librado ahora de los recortes aplicados en el resto del territorio nacional y se encuentra en la misma onda de indignación que el resto de las comunidades.

Perdidos Galicia y el País vasco, la dificultad para gobernar con cada vez menos adeptos, será una cuesta arriba que pondrá a Rajoy cada vez más difícil lo que en principio creyó un camino de rosas y hasta puede que le haga despertar, de sopetón, del sueño glorioso que albergaba, cómodamente instalado en su mayoría parlamentaria, sin oposición de ninguna clase, a los garrafales errores cometidos desde su llegada al poder.

Hemos vuelto los españoles, con más ganas que nunca de hacer oil nuestra voz y de defender nuestros denostados derechos.

Por tanto, este Otoño se augura más que caliente y combativo, contra todo aquello y aquellos que lesionan nuestro modo de vida, sin una justicia que les coloque justamente donde debieran estar, tal como reclama la voluntad soberana de su pueblo.

Creo que haremos nuestra la manida frase de Aznar y gritaremos sin pausa aquello de: ¡Váyase señor Rajoy!





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