miércoles, 21 de septiembre de 2011

Sin perdón

Desoyendo las súplicas del mundo, anoche era ejecutado en Estados Unidos Troy Davis, tras esperar veinte años en el corredor de la muerte, acusado de asesinar a un policía.
Como en casos anteriores, las irregularidades halladas en los juicios celebrados contra el reo ,no han sido consideradas suficientes para anular la sentencia que ha terminado con su vida, en un acto incomprensible en un país, que dice ser el más civilizado en el ranking del universo.
La permanencia incomprensible de la pena de muerte en varios Estados americanos se convierte una vez más en motivo de enfrentamientos entre sus propios ciudadanos, en muchos casos testigos de la muerte de personas cuya inocencia pudo probarse tras su ejecución, haciendo tambalearse la firmeza de una justicia empecinada en conservar penas más propias de hace varios siglos.
En clara contraposición con el afán de modernización pretendido por la nación más poderosa del mundo, el triunfo de las teorías ultraconservadoras que se oponen diametralmente a la desaparición de la pena máxima y a su conmutación por la cadena perpetua, coloca en una situación de difícil credibilidad a sus máximos dirigentes, que no consiguen con el paso del tiempo, terminar con esta lacra inhumana y que aún se vanaglorian de mantenerla.
No hay que olvidar que la mayoría de los reos finalmente enfrentados a la inyección letal, pertenecen a grupos de clara exclusión social e incluso en muchos casos, se trata de individuos diagnosticados como enfermos mentales, para los que la ley no contempla el perdón, ni es capaz de abrir una vía médica que los rehabilite en su relación con la sociedad.
Los abogados de Davis, que han conservado la esperanza de salvar su vida hasta ayer por la tarde, contaban a su favor con el cambio de declaraciones de varios testigos y con una serie de anomalías cometidas en el proceso, que ya nunca podrán ser aclaradas, una vez consumada la tragedia.
Troy Davis, ha entrado fatalmente a formar parte de una larga lista de presos víctimas del asesinato de estado y no habrá vuelta atrás para él, aún cuando pudiera ahora ser probado un error en la sentencia.
Un estado que no es capaz de demostrar clemencia con uno de los suyos, jamás podrá ser referente para el resto de la humanidad, ni podrá considerarse preparado para administrar ningún tipo de justicia, en ninguno de los conflictos en que se encuentre inmerso.

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