martes, 27 de septiembre de 2011

El cambio catalán

Cuando los catalanes con su voto, decidieron cambiar a Montilla por el nacionalista moderado Mas, no esperaban tener que enfrentarse a los duros recortes sociales aplicados ahora por este líder carismático, que basó su campaña en una defensa a ultranza de los valores específicamente territoriales y en una critica feroz a la gestión que de la crisis habían hecho sus antecesores en el cargo.
El recuerdo de la anterior etapa de Convergencia en el poder no era otro que el de los éxitos de Pujol ante los gobiernos de Madrid y las etapas de bonanza disfrutadas bajo la batuta de quien supo aprovechar el hecho de ser la llave necesaria para abrir cualquier puerta en el Congreso y el ingrediente para que todas las salsas alcanzaran una cierta consistencia.
Sin embargo parece olvidarse que la procedencia real de este grupo mayoritariamente votado y deseado en Catalunya, no es otra que el conservadurismo de una burguesía, más cercana a las teorías asociadas al capitalismo, que a ideologías de izquierdas, a pesar de sus declarados deseos de independencia.
Ahora, las promesas electorales, las arengas inflamatorias a favor de una identidad plena, las reclamaciones permanentes de una mayor autonomía, las exigencias lingüísticas y todo lo repetido hasta la saciedad en los últimos años, ha quedado ensombrecido por los efectos de la crisis y ha dado paso a una serie de medidas recaudatorias que superan, con creces, las aplicadas por el nefasto Zapatero, en su última etapa como presidente.
El afán de los ahora dirigentes catalanes parece encaminarse exclusivamente, a sectores absolutamente imprescindibles para el buen funcionamiento de la sociedad y se ceba de manera contumaz con los trabajadores adscritos a la sanidad pública, cuyo funcionamiento ya han criticado los líderes convergentes en múltiples ocasiones, atreviéndose incluso a proponer un sistema de copago en el ámbito de su territorio.
Primero comenzaron cerrando las urgencias de ciertos ambulatorios durante las tardes y ahora tratan de arremeter contra los sueldos del personal, exigiendo una colaboración desmedida por su parte en la resolución de una crisis que no provocaron y ahogando su derecho inalienable a recibir un salario digno a cambio del trabajo realizado, como fijan las leyes universales de las relaciones laborales.
La semejanza con las medidas adoptadas por el Partido Popular en las Comunidades Autónomas que gobierna, en su caso con los docentes, es innegable y deja en evidencia que en el fondo, las doctrinas de los dos partidos van en paralelo, en cuanto al modelo de sociedad que desean para el futuro de los ciudadanos.
No se alcanza a entender qué ha ganado Catalunya en el cambio de gobierno y si realmente merecen la pena ciertas pérdidas irrecuperables en cuestión de derechos elementales para la supervivencia personal de los habitantes de sus pueblos.
Porque ahora, probablemente puedan hablar con mayor libertad su idioma y exhibir los símbolos patrios con toda suerte de lujos desde los balcones de los ayuntamientos, pero si la enfermedad les ataca en horario nocturno, por ejemplo, la dificultad para encontrar un centro en el que ser atendidos será infinitamente mayor que en cualquier lugar de España.
El agravio comparativo practicado contra su propia gente por Mas, atacando de pleno los logros conseguidos durante años de lucha obrera, merece una respuesta contundente, sin posible negociación, ni concesiones a su tiránica conducta. Tal vez lo próximo sea un intento de privatización del sector y la retirada total de subvenciones a cualquier obra social que dependa de su gobierno.

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