lunes, 12 de septiembre de 2011

El libro de los españoles

Si cada español escribiera su historia de estos últimos años, los editores habrían encontrado un filón inagotable de argumentos que publicar y habría nacido una nueva corriente literaria, que tal vez pudiera denominarse “realismo trágico”, dada la serie de vicisitudes agónicas que relataría y el tenebrismo arrebatador que podría reflejarse en cualquiera de las páginas salidas de este curioso ejercicio.
Los cambios en la línea vital de los habitantes del país han sido tan absolutamente rocambolescos e imprevisibles, que resultaría fácil hilarlos dándoles forma literaria y hacerlos creíbles a los ojos lectores, dada la procedencia variopinta de los protagonistas de las historias y la profundidad psicológica de estos personajes, víctimas de las decisiones que tomaron, cuando todavía creían tener un futuro seguro y feliz, con el que construir algo bueno de lo que sentirse satisfechos.
No haría falta siquiera pararse a discernir si lo escrito podría llegar a interesar a las masas, porque la identificación inmediata que éstas sentirían con lo narrado en cada uno de los posibles libros sería tal, que inmedfiatamente quedaría establecido un vínculo a perpetuidad con los autores que finalmente se hubieran atrevido a dar el paso de contar la verdad de todos.
En el caso de que fuera posible destinar algo del escaso dinero que aún nos queda al consumo de bienes culturales, las obras surgidas de esta idea sugerente, podrían convertirse en auténticos super ventas, llegando a igualar a los títulos más vendidos en las librerías y su repercusión, incluso tendrían la posibilidad de traspasar nuestras fronteras, por su similitud con lo acaecido fuera de ellas, a otros ciudadanos de otros lugares del mundo.
Los capítulos irían seguramente, expresando con toda suerte de detalles cómo un ciudadano corriente puede ir acercándose a un declive personal que acaba por colocarlo al borde de un abismo en el que llega a cuestionarse sus propias convicciones ideológicas, mientras mira atónito cómo el mundo que conocía se desmorona, tragado por la voracidad insaciable de un gigante invencible, que aumenta sin medida de tamaño a medida que pasa el tiempo y cuya tiranía va absorbiendo cualquier fuente de energía humana que encuentra a su paso, sin que realmente tenga una forma determinada de la que defenderse, o un rostro preciso que poder recordar.
Podrían incluso, llegar a rodarse películas catastrofistas, basadas en hechos reales, con sus protagonistas enérgicos luchando hasta el final por salir del terror y sus villanos representados por una amplia gama de conocidos políticos, que sin duda darían la talla exigida en estos casos, para enganchar a los espectadores y provocar un “taquillazo”
No haría falta siquiera ser experto en esos menesteres de la pluma, para empezar a emborronar papeles con las experiencias personales de cada uno, porque la trama en sí posee una enjundia digna de cualquiera de las figuras del panorama literario y no faltan aderezos tragicómicos con los que conseguir que las obras adquieran la forma necesaria para ser publicadas y vendidas, en un corto espacio de tiempo.
…Y sería una manera de crear puestos de trabajo entre los desesperados ciudadanos-protagonistas, que acabarían reflotando con su trabajo un sector que también ha sufrido la crisis en propia carne.
Todo sería cuestión de empezar. La realidad supera a la ficción.




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