lunes, 19 de septiembre de 2011

La ambición de privatizar



Mientras los profesores de todo el país inician un día de huelga, en protesta por el aumento de jornada impuesto, en las comunidades gobernadas por el Partido Popular, la Presidenta madrileña Esperanza Aguirre, deja caer la posibilidad de retirar la gratuidad a los bachilleratos, echando así más leña al fuego a su guerra personal contra nuestro sistema de enseñanza y posicionándose claramente por la privatización paulatina del sector, con una declaración de intenciones, que pone en riesgo la posibilidad de futuro de miles de jóvenes sin recursos que no podrían acceder a la secundaria, si sus familias tuvieran que pagarla.
El mayor logro conseguido durante años de lucha de las clases trabajadoras, por una igualdad en el acceso a la educación, como un modo de igualar a todos los ciudadanos en el área de los conocimientos, podría empezar a tambalearse, si las ínfulas elitistas de Aguirre, consiguen atraer adeptos a sus teorías, ahora que la victoria de los conservadores en las próximas elecciones parece inminente.
De nada parecen servir las movilizaciones que en estos últimos días has sacado a la calle a padres, profesores y alumnos, indignados con las medidas impuestas, que atentan directamente contra la calidad de la enseñanza, sino que el camino iniciado con el aumento de jornada, seguramente se completará con otra serie de normas venideras que habrán de beneficiar en su totalidad, a esa parte del sector dirigido mayoritariamente por la Iglesia Católica, y que segrega automáticamente a todos aquellos contrarios a su doctrina, además de generar jugosos beneficios, en detrimento de una enseñanza pública, capaz de acoger a los sectores marginales de la sociedad, que tanto molestan a la derecha.
El apoyo a las protestas de los empleados públicos ha de ser total y no tener fisuras, si queremos conservar el derecho de nuestros hijos a una educación gratuita de cierto empaque y la supervivencia de la obligatoriedad de la enseñanza hasta los dieciséis, en escuelas costeadas en su totalidad, por los impuestos que aportamos todos los españoles.
No se ve en el líder Rajoy intención alguna de descalificar las declaraciones de quien hasta hace poco representaba un oponente de fuerza para su carrera personal hacia la presidencia, aún a sabiendas de que tras sus palabras está la corriente más conservadora de su partido y por tanto, es presumible que admite también la posibilidad de una privatización paulatina del sector, que pudiera empezar a producirse en breve, si como las encuestas anuncian, llega a la Moncloa, tras los próximos comicios.
Por ésta y otras cuestiones similares, habría que plantearse muy a fondo la intención de voto, sobre todo si no se aclaran explícitamente cuáles serán las medidas que habrán de aplicarse en asuntos relacionados con el bien común como la sanidad y la enseñanza, porque podríamos, cuando ya fuera demasiado tarde, encontrarnos con la desagradable sorpresa de no tener la posibilidad de asumir la educación de nuestros hijos, ni la de hacer frente al costo de los tratamientos necesarios para nuestra propia salud.
La piel de políticos al servicio del pueblo, lucida por los populares en toda suerte de eventos por los rincones del país, va cayendo poco a poco, dejando al descubierto la verdadera naturaleza de su ideología y la imagen real que se esconde en cada uno de sus líderes. Y no son de los nuestros.

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