La paz habitual de una tarde cualquiera, se rompía en mil pedazos en Noruega, a causa de una cadena de atentados, que empezaban con una enorme explosión en la sede de su gobierno, a la cual se sumaba el asesinato indiscriminado de casi una centena de jóvenes, que asistían a una reunión de ideología liberal, en una isla cercana a Oslo.
Tras la confusión de los primeros momentos, en que incluso se barajó la hipótesis de un atentado islamista, la policía no tardó en detener a un hombre de treinta y un años, que confesó la autoría de ambas acciones, alegando su disconformidad con la convivencia multirracial que está teniendo lugar en Europa.
Sin mostrar síntomas de arrepentimiento por lo que según él, consideraba como un acto necesario, también manifestó ser amante del nazismo y su afinidad con grupos integrantes de esta tendencia, asentados en el viejo continente, con los que se comunicaba asiduamente a través de la red.
La frialdad con que ha llevado a cabo la matanza, que los supervivientes relatan, aún aterrorizados, como cargada de saña y sin compasión, hace creer que la preparación de los atentados ha sido larga y meticulosa, sin dejar cabos sueltos a la espontaneidad y sin dar la más mínima posibilidad a los asesinados en la isla de recibir ayuda alguna, ya que las fuerzas de seguridad se encontraban atendiendo a los heridos de las explosiones y no pudieron prever que lo verdaderamente dañoso se estaba produciendo, al mismo tiempo, en otro lugar.
Lo ocurrido en Noruega, viene a ser un síntoma más del resurgimiento de neo nazismo en Europa y vuelve a dar la razón, ahora de forma contundente, a los que aluden a la permisividad de los gobiernos con este tipo de organizaciones, que debieran estar prohibidas, por ley, desde que se conocieron sus “hazañas” en los campos de exterminio, después de la segunda guerra mundial.
Queda claro que sigue vivo el deseo de que desaparezcan de la faz de la tierra de todos aquellos que pertenecen, según la doctrina de estos fanáticos, a razas inferiores y que están dispuestos a aprovechar cualquier oportunidad que se les presente para hacer realidad su sueño de superioridad étnica, sin que importe cuántos inocentes hayan de sucumbir a manos de su justicia ciega.
Aunque el autor confeso de la masacre ha declarado haber actuado en solitario, no sería de extrañar que una serie de cómplices aún libres, hubieran colaborado en su locura, como parte de una conspiración en contra de la oleada de inmigración que estamos recibiendo, a raíz de los sucesos ocurridos últimamente en los países del Magreb.
La racionalidad demostrada por los pueblos escandinavos, no debe ser ahora motivo válido para que toda la dureza de la ley no caiga sobre este iluminado, cuyo abogado seguramente basará la defensa en locura, adjudicándole la máxima condena que se contemple en Noruega y moviendo con rapidez a su gobierno a plantearse seriamente la ilegalización de estos grupos radicales que pueda haber en su territorio.
También Europa al completo debe pararse a examinar detenidamente qué clase de individuos se mueven por los derroteros políticos de sus naciones, aprovechando ahora el agónico momento de crisis que vivimos, para hacer despertar al monstruo dormido del nacional socialismo que representó Hitler, y que tan espantoso recuerdo dejó escrito para siempre en la historia.
Tras la confusión de los primeros momentos, en que incluso se barajó la hipótesis de un atentado islamista, la policía no tardó en detener a un hombre de treinta y un años, que confesó la autoría de ambas acciones, alegando su disconformidad con la convivencia multirracial que está teniendo lugar en Europa.
Sin mostrar síntomas de arrepentimiento por lo que según él, consideraba como un acto necesario, también manifestó ser amante del nazismo y su afinidad con grupos integrantes de esta tendencia, asentados en el viejo continente, con los que se comunicaba asiduamente a través de la red.
La frialdad con que ha llevado a cabo la matanza, que los supervivientes relatan, aún aterrorizados, como cargada de saña y sin compasión, hace creer que la preparación de los atentados ha sido larga y meticulosa, sin dejar cabos sueltos a la espontaneidad y sin dar la más mínima posibilidad a los asesinados en la isla de recibir ayuda alguna, ya que las fuerzas de seguridad se encontraban atendiendo a los heridos de las explosiones y no pudieron prever que lo verdaderamente dañoso se estaba produciendo, al mismo tiempo, en otro lugar.
Lo ocurrido en Noruega, viene a ser un síntoma más del resurgimiento de neo nazismo en Europa y vuelve a dar la razón, ahora de forma contundente, a los que aluden a la permisividad de los gobiernos con este tipo de organizaciones, que debieran estar prohibidas, por ley, desde que se conocieron sus “hazañas” en los campos de exterminio, después de la segunda guerra mundial.
Queda claro que sigue vivo el deseo de que desaparezcan de la faz de la tierra de todos aquellos que pertenecen, según la doctrina de estos fanáticos, a razas inferiores y que están dispuestos a aprovechar cualquier oportunidad que se les presente para hacer realidad su sueño de superioridad étnica, sin que importe cuántos inocentes hayan de sucumbir a manos de su justicia ciega.
Aunque el autor confeso de la masacre ha declarado haber actuado en solitario, no sería de extrañar que una serie de cómplices aún libres, hubieran colaborado en su locura, como parte de una conspiración en contra de la oleada de inmigración que estamos recibiendo, a raíz de los sucesos ocurridos últimamente en los países del Magreb.
La racionalidad demostrada por los pueblos escandinavos, no debe ser ahora motivo válido para que toda la dureza de la ley no caiga sobre este iluminado, cuyo abogado seguramente basará la defensa en locura, adjudicándole la máxima condena que se contemple en Noruega y moviendo con rapidez a su gobierno a plantearse seriamente la ilegalización de estos grupos radicales que pueda haber en su territorio.
También Europa al completo debe pararse a examinar detenidamente qué clase de individuos se mueven por los derroteros políticos de sus naciones, aprovechando ahora el agónico momento de crisis que vivimos, para hacer despertar al monstruo dormido del nacional socialismo que representó Hitler, y que tan espantoso recuerdo dejó escrito para siempre en la historia.

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