jueves, 14 de julio de 2011

Se radicalizan las protestas

La agónica situación laboral que soporta un gran número de españoles, que se han visto obligados a malvivir con los subsidios sociales sin la menor oportunidad de volver a acceder a un puesto de trabajo, empieza a hacer mella en el estado anímico de los afectados y les va llevando irremediablemente a una radicalización de su protesta.
El factor tiempo, actúa en contra del pacifismo con que se suelen iniciar este tipo de acciones y la falta de comunicación entre la ciudadanía y sus supuestos representantes en las instituciones, va minando un campo abonado por la incertidumbre generalizada y sembrándolo de dudas sin resolver, que casi siempre terminan con algún brote de violencia.
Todo se agudiza si a los trabajadores se les adeudan salarios atrasados y no ven la menor posibilidad de llegar a un acuerdo para percibirlos a corto plazo, o si empresas de demostrada solvencia durante más de cincuenta años, echan de pronto el cierre mandando a sus operarios a las filas del paro, sin una explicación realmente convincente.
Esta mañana, trabajadores de un antiguo ERE con una deuda salarial de siete meses y los de la Fábrica Flex de Alcalá de Guadaíra, recientemente cerrada, han tomado al asalto un edificio de Hacienda en Sevilla, haciéndose fuertes en él durante unas cuantas horas, en demanda de una simple reunión con el Consejero de la Junta, que finalmente ha accedido a recibirlos, para encontrar una solución a los graves problemas que les aquejan.
Sin que exista una justificación para este tipo de acto, la triste realidad cotidiana que soportan las familias de estos trabajadores, sería motivo suficiente para que la preocupación del Consejero por hallar un medio de suavizar la situación, se convirtiera en prioritario y urgente.
Queda bastante claro que tenía tiempo para recibirlos, si a raíz de lo ocurrido hoy, se ha prestado a hacerlo, pero da la impresión de que ha sido necesaria la utilización de la fuerza para llegar a tener una cita, como si el único camino a seguir para lograrlo hubiera de pasar, necesariamente, por vías inusuales en cualquier negociación pacífica.
Al mismo tiempo, la policía sevillana liberaba a trece rumanos, traídos clandestinamente de su país para ser esclavizados por una familia en tareas agrarias, dando un ejemplo deleznable de cómo los hombres pueden llegar a ser los peores enemigos de sus semejantes, saltándose cualquier norma ética de comportamiento para logar un enriquecimiento personal.
No sé qué penas contempla el código penal para estos casos, pero si la repugnancia que provocan en la gente de bien, fuera castigada de manera proporcional, sin piedad y con la contundencia que merecen, los autores de estos delitos contra la humanidad no quedarían impunes, absteniéndose de repetir en un futuro su vergonzoso comportamiento.
La degradación del mundo laboral es tan evidente, que incluso pueden suceder dos noticias como las anteriormente citadas en un solo día y en el mismo sitio, sin que nos parezca que está ocurriendo a nuestro lado, nada que se salga de lo normal.
Llegar a acostumbrarse a convivir con este tipo de sucesos, es una prueba más de cómo nos deshumaniza este sistema atroz, convirtiéndonos en seres insensibles, incapaces de sentir siquiera un poco de piedad por quienes tienen la desgracia de protagonizar estas historias y mirar a otro lado, es dar la oportunidad a quienes los toleran o propician, de sentar precedentes para, en un futuro, convertirlos en habituales en la vida de todos y cada uno de nosotros.



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