jueves, 28 de julio de 2011

Elogio del respeto

Sin duda alguna, es el respeto quien se encarga de hacer que las relaciones humanas funcionen perfectamente y su pérdida, ha ocasionado a lo largo de nuestra historia, cuántos conflictos personales y colectivos han sucedido en nuestras vidas.
No es una virtud suficientemente elogiada, ni por los padres, ni por los maestros, ni por supuesto, desde las grandes instancias que nos gobiernan y parece haber caído en desgracia en los últimos tiempos, como si hubiera desaparecido de nuestro entorno, envuelto en una ola nefasta de mala educación e histeria colectiva.
A lo largo del tiempo, se ha visto siempre como necesario de parte de los más débiles hacia los que están por encima de ellos, en alguna de sus formas de relación. Así, se ha solido exigir respeto de los hijos a los padres, de los padres a los suyos, del alumno al profesor y del más ignorante hacia quienes, por sus conocimientos o profesión, se encuentran en un nivel superior al que ocupa su interlocutor, en ese momento.
Pero se olvida con demasiada frecuencia la otra cara de la moneda y la necesidad de respeto que también tienen los de abajo, para que no se llegue a un conflicto, si surge algún elemento discordante, que necesite discusión para ser resuelto.
También los padres debemos respetar la privacidad e idiosincrasia de nuestros hijos, los maestros de sus alumnos, los médicos de sus pacientes, los Estados de otros Estados, y los amantes de sus parejas.
No es válido el argumento de querer lo mejor para el otro, si el propósito que nos mueve es el de hacer prevalecer nuestra opinión, equivocada o no, llegando a reprimir con ella la voz que se alza en nuestra contra defendiendo otros argumentos. En este caso, suele ser aconsejable dialogar sin olvidar que el otro es también libre de mantener sus propias premisas y que en caso de no llegar a un acuerdo, siempre será mejor respetar la diversidad de criterios, que caer en el error de enzarzarse en discusiones paralelas que nunca llegarán a un punto de consenso.
Se evitaría mucha violencia si fuésemos capaces de utilizar el respeto como algo inherente al ser humano, sin dejarnos embaucar por ambiciones de gloria personales o colectivas y el camino del futuro sería mucho más gratificante, si fuera establecido como norma de convivencia el respeto a los otros, sin excepción alguna, incluso como ley añadida a cuántas rigen nuestro modo de vida.
Es muy posible que esto que digo, naturalmente, no interese a aquellos que hacen de la tiranía un modo de hegemonizar lo que tocan y que a los que manejan el poder les parezca mucho más fácil la dominación, por el medio que sea, que el entendimiento.
Pero es que lo suyo, es la mayor pérdida de respeto que puede darse en el mundo que vivimos, pues demuestra un aprovechamiento interesado de los resortes de poder, para una alienación generalizada de la sociedad actual, que ni siquiera se plantea reclamar su derecho a ser respetada por sus gobernantes, como primera regla del juego político.
En este negro periodo de la historia, el respeto debe ser la primera reivindicación del hombre moderno que, para empezar ha de hacerlo real en su entorno más cercano, e ir escalando posiciones para ganarlo en estancias superiores, sin límite alguno, ni techo en su exigencia.
Da igual a qué pueblo o nación pertenezca, a qué raza, religión o rama profesional, e incluso de qué clase social proceda, porque el derecho a ser respetado y la obligación de respetar son principios éticos fundamentales para un mejor desarrollo de la especie.

1 comentario:

  1. Yo también me sumo a esta oda, estoy totalmente de acuerdo en que se ha producido un olvido total de este concepto, aunque no me extraña si la clase política nos ningunea de este modo... hacemos lo que vemos. Es pura reciprocidad.

    ResponderEliminar