Condenadas a una perpetua incertidumbre, mientras el problema griego no quede definitivamente resuelto, las naciones del sur de Europa viven pendientes de las fluctuaciones de la bolsa, sin tener nada claro cuál va a ser su futuro o si finalmente conseguirán remontar una crisis que las está desangrando lentamente, bajo los designios de múltiples especuladores, cuya avaricia no conoce límites.
La voz en off que amenaza periódicamente a los que no han cumplido estrictamente las órdenes dictadas desde arriba, ha dirigido ahora su dedo acusador a Italia, urgiéndola a tomar medidas que tenía previsto adoptar en 2013, si no quiere caer de la cuerda floja en la que todos hacemos equilibrios para mantenernos, a excepción del eje franco –alemán, con sus dos pesos pesados a la cabeza.
Nosotros volvemos a oír los ecos que nos advierten de una situación ciertamente inestable, sin que nuestros gobernantes parezcan hacer demasiado caso al aviso en cuestión, un poco ocupados en remodelaciones ministeriales y cambio de portavoces, asegurando que es más el ruido que las nueces y que lo que nos ocurre nada tiene que ver con Grecia u otros necesitados de rescate, aún más pobres y desamparados.
En una fugaz aparición, Zapatero reafirma que agotará la legislatura y sostiene que su única preocupación actual es la de crear empleo, un poco a la sombra del discurso de Rubalcaba, al que parece haber endosado todo el peso de las labores de gobierno, quizá como entrenamiento para un futuro, y porque no interesa que se le vea demasiado, dado el bajo índice de popularidad que le otorgan las encuestas.
En realidad todo el mundo se hace la pregunta de cuánto debemos a Europa y si será factible pagar esa deuda de alguna manera o habremos también de recurrir a la usura para salir del empobrecimiento feroz que nos acecha, pero curiosamente, ésta es la gran incógnita que nadie nos resuelve, no sabemos si por miedo a que la durísima realidad traspase todas las expectativas que tememos, o porque ni siquiera ellos mismos son capaces de calcular el montante de la deuda, ni las consecuencias futuras que traerá para nosotros.
Quizá para ahorrar, se suprime una de las vicepresidencias, pero la sensación general es que sólo se trata de ir tirando hasta los próximos comicios, con el único objetivo de hacer las cosas más difíciles a un Partido Popular, pletórico por los resultados en las municipales y proclive a comerse el cerdo antes de matarlo.
Y aunque no es sencillo vivir en permanente estado de riesgo, la gente de bien va capeando el temporal, con su indignación a cuestas y los pocos recursos que le quedan, procurando no sucumbir a las habladurías europeas, que nos sitúan a la cola del pelotón, como si fuéramos, otra vez, más africanos que parte de la Comunidad que crearon, para uso y disfrute de los más poderosos.
A lo mejor nos habría convenido más acercarnos al otro continente. Allí, seríamos el socio número uno y no habría crisis para nosotros.
La voz en off que amenaza periódicamente a los que no han cumplido estrictamente las órdenes dictadas desde arriba, ha dirigido ahora su dedo acusador a Italia, urgiéndola a tomar medidas que tenía previsto adoptar en 2013, si no quiere caer de la cuerda floja en la que todos hacemos equilibrios para mantenernos, a excepción del eje franco –alemán, con sus dos pesos pesados a la cabeza.
Nosotros volvemos a oír los ecos que nos advierten de una situación ciertamente inestable, sin que nuestros gobernantes parezcan hacer demasiado caso al aviso en cuestión, un poco ocupados en remodelaciones ministeriales y cambio de portavoces, asegurando que es más el ruido que las nueces y que lo que nos ocurre nada tiene que ver con Grecia u otros necesitados de rescate, aún más pobres y desamparados.
En una fugaz aparición, Zapatero reafirma que agotará la legislatura y sostiene que su única preocupación actual es la de crear empleo, un poco a la sombra del discurso de Rubalcaba, al que parece haber endosado todo el peso de las labores de gobierno, quizá como entrenamiento para un futuro, y porque no interesa que se le vea demasiado, dado el bajo índice de popularidad que le otorgan las encuestas.
En realidad todo el mundo se hace la pregunta de cuánto debemos a Europa y si será factible pagar esa deuda de alguna manera o habremos también de recurrir a la usura para salir del empobrecimiento feroz que nos acecha, pero curiosamente, ésta es la gran incógnita que nadie nos resuelve, no sabemos si por miedo a que la durísima realidad traspase todas las expectativas que tememos, o porque ni siquiera ellos mismos son capaces de calcular el montante de la deuda, ni las consecuencias futuras que traerá para nosotros.
Quizá para ahorrar, se suprime una de las vicepresidencias, pero la sensación general es que sólo se trata de ir tirando hasta los próximos comicios, con el único objetivo de hacer las cosas más difíciles a un Partido Popular, pletórico por los resultados en las municipales y proclive a comerse el cerdo antes de matarlo.
Y aunque no es sencillo vivir en permanente estado de riesgo, la gente de bien va capeando el temporal, con su indignación a cuestas y los pocos recursos que le quedan, procurando no sucumbir a las habladurías europeas, que nos sitúan a la cola del pelotón, como si fuéramos, otra vez, más africanos que parte de la Comunidad que crearon, para uso y disfrute de los más poderosos.
A lo mejor nos habría convenido más acercarnos al otro continente. Allí, seríamos el socio número uno y no habría crisis para nosotros.

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