Hemos llegado a un punto, en que parece imposible tropezar con un solo sector u organismo en el que no sucedan a diario casos de corrupción, como si la única manera de ganarse la vida estuviera. en la actualidad, estrechamente relacionada con el delito y apropiarse indebidamente de los fondos ajenos, fuera una tarea fácil y sin mayores consecuencias penales que unas fianzas que siempre quedan muy por debajo del montante de la estafa cometida, permitiendo al estafador vivir el resto de su vida, de manera relajada y opípara..
Se busca inútilmente la excepción que confirme la regla, llegando a escarbar literalmente en la prensa diaria y se comprueba que no existe día en que no se tope con varias noticias de esta índole y con sentencias judiciales sobre ellas, que escandalizarían a un niño de primaria, si se le explicara a su nivel su significado al completo.
Ahora le ha tocado a la SGAE, que no es otra cosa que ese organismo capitaneado por viejísimas glorias del panorama musical español, que nunca llegaron realmente a un estrellato de los de verdad, pero que andan empecinados en una lucha contra la piratería en la red, capitaneados por la ministra Sinde y que se han convertido en una especie de inquisidores disfrazados de espías, que se cuelan en las bodas y las peluquerías, intentando cobrar un canon a cada hijo de vecino que tenga la osadía de escuchar cualquier tema en compañía de otros, a través de la radio.
Tanto han cacareado a favor de los derechos de autor, que más de una vez me ha asaltado la tentación de reclamar los míos por las páginas escritas en este blog, a ver si de una vez esto de escribir acababa reportándome algún beneficio.
Menos mal que no llegué a hacerlo, porque ahora descubro con asombro que más que beneficiar a los autores con los dichosos cánones, a lo que se dedicaban realmente, era a desviar fondos a unas cuentas privadas que, probablemente, les habrán resarcido de no haber alcanzado la gloriaa cuando se encontraban en activo, y que también aquí, en esto de las artes, está enquistado el gen de la picaresca, sin que los supuestos salvadores de almas, sean en nada, diferentes a los que se dejan regalar trajes de alta costura o cuelgan cuadros de Miró en su cuarto de baño, contribuyendo a llevar al país a una bancarrota de la que le será bastante difícil salir.
Esta nueva casta de timadores profesionales que pululan a sus anchas por todos los organismos públicos, haciendo de sus hazañas un ejemplo a seguir para los recién llegados a las lides políticas o económicas, se hallan, sin embargo, como orgullosos de sus prácticas, e incluso se permiten sin que nadie los detenga, devaneos cercanos al esperpento, como sacar réditos de sus implicaciones con la justicia acudiendo a programas de televisión, o presentarse en las listas de candidatos a cualquier elección, con la esperanza de seguir cerca de las arcas que les permitan continuar gozando de sus in merecidos privilegios.
Y no hay forma humana de encontrar a uno solo que lleve la honradez por bandera y se limite al cumplimiento estricto de sus funciones, sin que más pronto que tarde, acabe por ser imputado por apropiación indebida de algo relacionado con el bien común.
No es de extrañar que estemos pasando una crisis de tal envergadura. Debíamos ser inmensamente ricos, a juzgar por la cantidad de dinero que ha desaparecido en manos de personajes de esta calaña y lo que, por suerte para ellos, habrá pasado desapercibido para las masas, sin que de momento, se tenga noticia de próximos casos que en un futuro se conocerán.
Si el que está libre de culpa quiere lanzar la primera piedra, a los sufridos ciudadanos nos encantaría conocer la identidad de tan rarísimo espécimen y elevarlo a los altares otorgándole una de esas beatificaciones que tanto gustan a la curia romana y sus adeptos.
Sería un auténtico milagro, de esos que nos contaban las vidas ejemplares que nos obligaban a leer de pequeños y sentaría un extraño precedente, capaz de devolvernos la fe perdida en el género humano que nos gobierna.
Se busca inútilmente la excepción que confirme la regla, llegando a escarbar literalmente en la prensa diaria y se comprueba que no existe día en que no se tope con varias noticias de esta índole y con sentencias judiciales sobre ellas, que escandalizarían a un niño de primaria, si se le explicara a su nivel su significado al completo.
Ahora le ha tocado a la SGAE, que no es otra cosa que ese organismo capitaneado por viejísimas glorias del panorama musical español, que nunca llegaron realmente a un estrellato de los de verdad, pero que andan empecinados en una lucha contra la piratería en la red, capitaneados por la ministra Sinde y que se han convertido en una especie de inquisidores disfrazados de espías, que se cuelan en las bodas y las peluquerías, intentando cobrar un canon a cada hijo de vecino que tenga la osadía de escuchar cualquier tema en compañía de otros, a través de la radio.
Tanto han cacareado a favor de los derechos de autor, que más de una vez me ha asaltado la tentación de reclamar los míos por las páginas escritas en este blog, a ver si de una vez esto de escribir acababa reportándome algún beneficio.
Menos mal que no llegué a hacerlo, porque ahora descubro con asombro que más que beneficiar a los autores con los dichosos cánones, a lo que se dedicaban realmente, era a desviar fondos a unas cuentas privadas que, probablemente, les habrán resarcido de no haber alcanzado la gloriaa cuando se encontraban en activo, y que también aquí, en esto de las artes, está enquistado el gen de la picaresca, sin que los supuestos salvadores de almas, sean en nada, diferentes a los que se dejan regalar trajes de alta costura o cuelgan cuadros de Miró en su cuarto de baño, contribuyendo a llevar al país a una bancarrota de la que le será bastante difícil salir.
Esta nueva casta de timadores profesionales que pululan a sus anchas por todos los organismos públicos, haciendo de sus hazañas un ejemplo a seguir para los recién llegados a las lides políticas o económicas, se hallan, sin embargo, como orgullosos de sus prácticas, e incluso se permiten sin que nadie los detenga, devaneos cercanos al esperpento, como sacar réditos de sus implicaciones con la justicia acudiendo a programas de televisión, o presentarse en las listas de candidatos a cualquier elección, con la esperanza de seguir cerca de las arcas que les permitan continuar gozando de sus in merecidos privilegios.
Y no hay forma humana de encontrar a uno solo que lleve la honradez por bandera y se limite al cumplimiento estricto de sus funciones, sin que más pronto que tarde, acabe por ser imputado por apropiación indebida de algo relacionado con el bien común.
No es de extrañar que estemos pasando una crisis de tal envergadura. Debíamos ser inmensamente ricos, a juzgar por la cantidad de dinero que ha desaparecido en manos de personajes de esta calaña y lo que, por suerte para ellos, habrá pasado desapercibido para las masas, sin que de momento, se tenga noticia de próximos casos que en un futuro se conocerán.
Si el que está libre de culpa quiere lanzar la primera piedra, a los sufridos ciudadanos nos encantaría conocer la identidad de tan rarísimo espécimen y elevarlo a los altares otorgándole una de esas beatificaciones que tanto gustan a la curia romana y sus adeptos.
Sería un auténtico milagro, de esos que nos contaban las vidas ejemplares que nos obligaban a leer de pequeños y sentaría un extraño precedente, capaz de devolvernos la fe perdida en el género humano que nos gobierna.

No hay comentarios:
Publicar un comentario