martes, 12 de julio de 2011

Las manos de Pedro Cavadas

A los tácitos defensores de la sanidad privada, tan dados a echar por tierra la labor diaria de nuestra seguridad social, no ha de sentar nada bien que personajes como el Doctor Cavadas, se coloquen en primera línea profesional, desde cualquiera de los hospitales públicos que salpican nuestro país, dejando boquiabierta a la comunidad científica, con el tipo de operaciones que realizan.
Son los suyos, pacientes desahuciados, privados de determinadas partes fundamentales de su cuerpo, por razones diversas, a quienes la vida, a través de este joven médico, regala una segunda oportunidad de disfrutar aquello que perdieron y cuyas imágenes acostumbran a dar la vuelta al mundo, en cuanto salta la noticia de que una nueva intervención ha sido finalizada con éxito.
La humildad del profesional no puede ser más evidente y se refleja incluso en su estética personal, más cercana a la de un cantautor hippie, que a la de una eminencia en el campo de la medicina, con las ínfulas que suelen gastar los que pertenecen a estos selectos grupos de élite.
Pero devolver la alegría a quienes habían perdido toda esperanza de volver a mirarse al espejo y poder contemplar un nuevo rostro, o a quien, como en el caso de ahora no contaba con piernas desde hacía tiempo, ha de convertirse sin duda, en una de las mayores satisfacciones que un ser humano pueda disfrutar y lleva implícita una solidaridad sin parangón, digna del mejor postulante de los principios éticos de la vida.
Hacerlo además, por un sueldo pagado por el estado, sin que al paciente le suponga ningún desembolso económico poder recuperar la autestima perdida, supone un éxito para los que defendemos a ultranza el valor inestimable de nuestro sistema sanitario y acalla las voces que lo denigran, en un intento desesperado de hacer negocio con la salud de los pacientes.
Las manos de Pedro Cavadas son un tesoro de inestimable valía, de ésos que hay que cuidar con mimo, para que no acabe fugándose a otras latitudes en las que se aprecien mejor sus dotes o se financien mejor sus proyectos.
Es un auténtico honor para nosotros admirar su valentía a la hora de acometer retos enormemente dificultosos y un privilegio contar con expertos de su categoría humana y profesional, en las filas de nuestros hospitales.
Lo suyo es un ejemplo para los que ahora deciden iniciar su camino en este campo y una prueba evidente de que cualquier cosa es posible si no falla la voluntad y se corren los riesgos oportunos en determinados momentos.
La oportunidad de ofrecer noticias tan gratificantes como ésta, no puede ser desaprovechada por los que colmo yo, aún creemos firmemente en la valía de los hombres y en que es posible realizar casi todos los sueños, si se pone en ello el empeño necesario, y se cuenta con el apoyo de los demás, también y sobre todo, cuando llegan los éxitos.


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