Se estrena el nuevo ministro de interior, Antonio Camacho, soportando estoicamente las acusaciones del partido popular, que lo señalan como directamente implicado en el caso Faisán, que da como resultado la imputación de tres cargos policiales, sin que se aluda a la supuesta participación en él, ni de Rubalcaba, ni del recién llegado a la cartera.
Las tediosas sesiones del Congreso, cada vez más insufribles, se limitan a un cruce de palabras entre un presuntuoso Rajoy, que exige con contundencia la dimisión inmediata de Zapatero y lo que queda del presidente, que intenta estirar lo máximo posible su tiempo de mandato, ya sin argumentos y visiblemente tocado por los efectos que su impopularidad han causado en su imagen física.
Pasó el tiempo en que los debates políticos suscitaban enorme interés en la población y los líderes contaban con el suficiente peso para obnubilar por medio de la oratoria, a un país interesado en los asuntos de estado y en cómo se iban abordando las cuestiones más importantes.
Éstos de ahora, son soporíferos y maleducados por naturaleza y ni siquiera son capaces de agudizar el ingenio para jugar con la tan necesaria ironía, en la larguísimas sesiones que protagonizan, lanzando improperios unos contra otros, sin aportar ninguna clase de solución al grave problema de la crisis que nos afecta.
La única novedad, ha sido el abandono del escaño que ocupaba por parte del recién estrenado candidato socialista, y la incorporación de su número dos a un banco azul, bastante deteriorado por los acontecimientos protagonizados por sus ocupantes en los últimos tiempos y un tanto desangelado, en el preámbulo vacacional que vaticina que pronto quedarán vacíos.
Eta lanza un comunicado de los suyos, enalteciendo las maravillas de la recién estrenada Bildu en los municipios vascos y haciendo apología de la reiterativa independencia de sus llamados territorios, provocando la inmediata reacción de los populares, que se proponen recurrir la legalización de los abertzales, si es que finalmente llegan al poder.
También el PNV critica ahora las ínfulas de los que hasta ayer consideraban un poco hermanos en la causa, seguramente aún dolidos por los múltiples desplantes de los nuevos munícipes, que se han apresurado a desligarse de los nacionalistas conservadores, como si de la peste se trataran y sin ningún miramiento.
Los catalanes de Esquerra republicana, dan por buena la propuesta de Rubalcaba de reclamar impuestos a la banca para la creación de puestos de trabajo y urgen al Presidente a llevarla a cabo ipso facto, recibiendo la esperada respuesta de que se trata de una oferta de futuro que nada tiene que ver con la actual política económica de su gabinete.
Parece que el idilio con su amiga alemana ha entrado en crisis y eso debe doler amargamente a quien se entregó por entero a una relación que le ha llevado directamente a un estrepitoso fracaso personal y profesional, sin que haya vuelta atrás, y sin explicaciones convincentes.
Pero ésas son las cosas del amor y cuando uno asume el papel de siervo incondicional, sin ser capaz de plantar cara a las injusticias que con él se cometen, suele ser natural que la parte dominante exija más y más entrega, hasta terminar asfixiando al otro sin contemplaciones.
De todos modos, es tan evidente que las instituciones precisan un cambio radical que transforme sus modelos en nuevas formas de gobierno, que poco importan ya estos hombrecillos que a nada ni a nadie representan. Casi es mejor que se vayan de vacaciones…y a ser posible, que no vuelvan.

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