lunes, 25 de julio de 2011

En la brecha

Todavía sobresaltados por la tragedia ocurrida en Noruega, nos causa una enorme alegría volver a ver cómo se puebla la Puerta del Sol de Madrid, con la llegada desde todos los puntos de España, de integrantes del Movimiento 15M.
Los grupos, integrados mayoritariamente por jóvenes, no se dejan vencer por la natural apatía del verano y siguen firmes en sus reivindicaciones, sin que su indignación decaiga con el cierre del curso político.
Son muchas las asignaturas que han quedado pendientes a sus señorías y una multitud de temas los que necesitan urgente revisión, para que los sufridos ciudadanos podamos siquiera volver a intentar un acercamiento con nuestros representantes, sin que el aciago recuerdo de la reforma laboral y la ola de corrupción que nos circunda, nos impida retomar la confianza perdida en el duro camino recorrido durante los tiempos de la crisis, cuando descubrimos nuestra soledad y el abandono en el que nos habían dejado aquellos en los creímos una vez.
Si la coordinación del Movimiento no acaba por diluirse en la nada y permanecen las ganas de transformar enérgicamente el sistema que padecemos, es posible que cuando el verano termine, hayan sido redactadas una serie de sólidas propuesta, salidas de las exigencias populares, que puedan ser reclamadas ante los organismos oportunos para ser atendidas a la mayor urgencia.
Ya vivimos al margen de las luchas partidistas que se producen a diario entre los partidos mayoritarios y hemos de confesar que nos importa poco quién se acabe sentando en la Moncloa, si no da un vuelco radical a la dependencia de la economía europea, e instala una reforma total en las políticas laborales y sociales, que son, en el fondo, las únicas que nos atañen en nuestra vida diaria.
No parece que vayan por éstos derroteros, ni el reservado Rajoy, ni el recién proclamado candidato Rubalcaba, pues uno promete acelerar cualquier reforma impuesta por los socios capitalistas de la comunidad y el otro, si no quiere caer en grave contradicción, tendrá que continuar lo ya iniciado por su antecesor, mientras él ocupaba el cargo de ministro.
De todos modos, siempre se pueden forzar las situaciones si se juegan bien las cartas. De esto saben, y mucho, nacionalistas catalanes y vascos, que no dudan en rizar el rizo para alcanzar cualquier objetivo que se propongan, y la experiencia demuestra que acaban consiguiendo sus metas, en la mayoría de los casos.
Se abre ahora una durísima etapa de reflexión para nosotros, porque si en nuestras peticiones nos acercamos demasiado a la utopía, a nuestros experimentados políticos no les dolerán prendas en tacharnos de locos, como excusa para negarnos lo que reclamemos y si nos quedamos cortos, acabarán por taparnos la boca con cuatro concesiones pequeñas, condenado al movimiento al ostracismo, en la primera ocasión que tengan.
Creo que en este caso se impone la astucia como arma principal, para poder seguir el camino iniciado con tanto entusiasmo, por miles de personas anónimas.
Está claro que en la unión está nuestra fuerza, pero a la vez, necesitamos orientar con sabiduría qué prioridades se consideran estrictamente necesarias y cuáles pueden ser consideradas como menores, porque puede que afecten a colectivos más pequeños.
Es momento, creo, de abandonar el ambiente festivo de las concentraciones y buscar seriamente las vías por las que llegar a conseguir avanzar en este podrido mundo de intenciones fraudulentas.
Muchas personas están esperanzadas en aspirar a un futuro mejor y ponen su grano de arena, como pueden, para que entre todos podamos conseguirlo y no vuelvan a hipnotizarnos con promesas que nunca llegarán a cumplirse,

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