martes, 19 de julio de 2011

La desgracia de ser usuario

En el azaroso reparto de papeles que asigna la vida, ninguno más triste y desagradecido que el de simple usuario.
Has de aceptarlo forzosamente si quieres moverte por el mundo haciendo exactamente lo mismo que hacen los demás y no puedes permitirte el lujo de rechazarlo, a no ser que tomes la arriesgada decisión de vivir como un eremita, en la silenciosa soledad de un desierto, desprovisto de toda suerte de servicios.
Desde pequeño, ya dependes absolutamente de toda suerte de trabajadores para salir adelante, pues las primeras manos con las que tienes contacto al nacer, suelen ser las de una matrona adscrita a la sanidad pública o privada, cuyos servicios ya estás utilizando.
Desde ese mismo instante, pasas a una dependencia total de los designios de quien lleve la voz cantante en el área que precises y eso es algo que te acompañará toda la vida, hasta que tus restos mortales tomen tierra a manos del sepulturero municipal.
Estas circunstancias suelen ser hábilmente aprovechadas por todos aquellos colectivos que son necesarios para que nuestra rutina funcione y es prácticamente imposible encontrar una sola situación en que el usuario gane la partida y no acabe dañado en sus intereses, mientras los otros escapan olímpicamente de los abusos cometidos sobre los desgraciados que nos encontramos bajo su tiránico mando.
Por ejemplo, todos teníamos clara la huelga encubierta que llevaron a cabo los controladores aéreos el pasado diciembre, so pretexto de enfermedad colectiva y cuántas pérdidas ocasionó a los usuarios su lucha con el ministerio de fomento y en concreto con Pepe Blanco.
Pues bien, un juez malagueño les ha dado la razón alegando que efectivamente, todos habían abandonado su puesto de trabajo por prescripción facultativa y no en demanda de reivindicaciones salariales, como es manifiesto.
No aclara qué clase de médicos se dedican a firmar bajas a lo largo y ancho del país a todo un sector profesional, que hace tambalearse el trasporte nacional, sin sospechar siquiera que puede tratarse de una estratagema celosamente preparada para encubrir una huelga y aunque el juez no demuestra muchas luces al no investigar a fondo tan extraño suceso, la verdad es que quien termina de nuevo a los pies de los caballos, no es otro que el desgraciado usuario que en aquellas fechas tenía previsto desplazarse y hubo de quedarse a vivir en algún aeropuerto, hasta que intervino el gobierno.
Si esta sentencia llegara a sentar precedente, como es bastante lógico esperar, ningún consumidor tendrá pues, derecho a indemnización alguna y los pícaros, controladores y galenos, habrán vuelto a pisotear los derechos justos de las personas de bien, con el beneplácito de esta absurda justicia.
Desafortunadamente, resulta imposible cambiar papeles con los ganadores para tener alguna vez la oportunidad de saber qué coño se siente cuando le dan la razón a uno y tener además la satisfacción de poder ver las caras de los estafadores perdiendo en alguna ocasión frente al enemigo más pequeño.
Pero es tan arbitrario caer de un lado u otro de la red, que la seguridad de que nunca existirá para nosotros un momento de gloria como ése, es la certeza más absoluta que cabe en la inmensidad del universo.
Y además, no habrá pasado un solo minuto desde ahora mismo y ya estarán de nuevo apaleando nuestra sufrida dignidad con nuevas maldades urdidas con el único ánimo de fastidiar la placidez de nuestra existencia.
La desgracia de ser usuario no puede ser superada de otro modo, más que haciendo un aparatoso corte de manga a los que nos miran desde su posición de privilegio y pasando olímpicamente de caer en la tentación de estresarse cuando se pierden las batallas. Seguramente, ellos también son usuarios de otros servicios y ahí les va su merecida penitencia.

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