El nuevo Presidente de la CEOE, señor Rosell, parece haber encontrado unas cuantas teorías que nos ayudarían a salir de la crisis, aumentando a la vez la productividad de los trabajadores, que es en el fondo, lo que realmente interesa a todos sus representados, aunque cautamente, él no se atreva a confesarlo.
Dice que hay que extremar las precauciones con todos aquellos que se apuntan al paro y establecer una evaluación periódica del rendimiento de todos los funcionarios del estado, a los que acusa descaradamente de descuidar olímpicamente sus funciones, apoyados en la solidez de su empleo, que ganaron por oposición de forma vitalicia.
No sugiere a quiénes podrían ser encomendadas tales funciones, aunque para ellas es probable que se necesitara una especie de cuerpo de policía paralela, exclusivamente centrada en la vigilancia diaria del enorme número de personas que forman parte de los grupos aludidos, es decir, aproximadamente 4.200.000 desempleados y unos 2.000.000 de empleados de la función pública.
Naturalmente, esta teoría, de llevarse a cabo, seria una gran fuente de creación de puestos de trabajo, e incluso podría darse la curiosa coincidencia de estar un día en las colas del INEM y al otro, vigilando a los recién llegados, por si en alguna medida tratan de escamotear uno de los suculentos subsidios que ofrece el Estado, si se terminan las prestaciones a las que se tenía derecho.
Situar elementos de observación en los centros estatales, sería un asunto un poco más escabroso que recordaría en cierto modo, la presencia de antigua brigada político social en las fábricas y universidades, y cuyo fin no era otro, que delatar a todos aquellos descarriados que se atrevían a discrepar del pensamiento único impuesto por la dictadura.
Estos de ahora, supongo, estarían encargados de señalar con el dedo a los que no aportaran la productividad exigida por Europa para no tener que ser rescatados, como en el caso de Grecia , e incluso podría considerarse su delación como una heroica contribución a la salida de la crisis, todo según Rosell, que se erige en concienzudo luchador contra la desidia y la estafa en el campo laboral.
Curiosamente, olvida mencionar a personajes como su antecesor, Diaz Ferrán, y los delitos cometidos contra los trabajadores de las empresas que han sido cerradas sin móvil aparente, o exigido a sus operarios renunciar a parte de su bien ganado salario, o aumentar su jornada trabajando más horas de lo establecido, a cambio de conservar el empleo.
También omite que al funcionariado español ya se le retira de un cinco al ocho por ciento mensual de sus emolumentos y que las pagas extras de todos ellos, han sufrido un descalabro considerable desde que el señor Zapatero instauró tiránicamente esta medida, como primer paso de sus nefastas reformas laborales.
Al final va a resultar que los trabajadores nos estamos inventando la crisis, con el único afán de arañar en la medida de lo posible, los suculentos beneficios de sus representados y que las cifras del paro son una gran estafa urdida por unos cuantos millones de pícaros que lo que no quieren es trabajar nunca más.
Y el Estado, consintiendo además la extrema vagancia en todas sus instituciones y tolerando que el personal acuda a sus lugares de trabajo para aportar rendimiento cero a las arcas del país.
En fin, toda una trama hollywoodiense de desfalco generalizado, en la que únicamente quedan impolutos los sufridos empresarios, los banqueros y los políticos de derechas que siempre los representaron y que ahora se encuentran en la oposición, muy a pesar suyo.
Bien, puestos a crear policías, tampoco vendría mal unos cuantos, centrados en la persecución de la evasión de capitales, expedientes fraudulentos de regulación de empleo, o corruptelas relacionadas con los idilios protagonizados por empresarios y ayuntamientos, tan corrientes en nuestros días.
También sus representados, señor Rosell, suelen ser adeptos a la picaresca nacional, aunque a escalas mucho mayores que las de los cuatro pobres diablos que se dan de baja para ganar unos euros haciendo chapuzas.
Dice que hay que extremar las precauciones con todos aquellos que se apuntan al paro y establecer una evaluación periódica del rendimiento de todos los funcionarios del estado, a los que acusa descaradamente de descuidar olímpicamente sus funciones, apoyados en la solidez de su empleo, que ganaron por oposición de forma vitalicia.
No sugiere a quiénes podrían ser encomendadas tales funciones, aunque para ellas es probable que se necesitara una especie de cuerpo de policía paralela, exclusivamente centrada en la vigilancia diaria del enorme número de personas que forman parte de los grupos aludidos, es decir, aproximadamente 4.200.000 desempleados y unos 2.000.000 de empleados de la función pública.
Naturalmente, esta teoría, de llevarse a cabo, seria una gran fuente de creación de puestos de trabajo, e incluso podría darse la curiosa coincidencia de estar un día en las colas del INEM y al otro, vigilando a los recién llegados, por si en alguna medida tratan de escamotear uno de los suculentos subsidios que ofrece el Estado, si se terminan las prestaciones a las que se tenía derecho.
Situar elementos de observación en los centros estatales, sería un asunto un poco más escabroso que recordaría en cierto modo, la presencia de antigua brigada político social en las fábricas y universidades, y cuyo fin no era otro, que delatar a todos aquellos descarriados que se atrevían a discrepar del pensamiento único impuesto por la dictadura.
Estos de ahora, supongo, estarían encargados de señalar con el dedo a los que no aportaran la productividad exigida por Europa para no tener que ser rescatados, como en el caso de Grecia , e incluso podría considerarse su delación como una heroica contribución a la salida de la crisis, todo según Rosell, que se erige en concienzudo luchador contra la desidia y la estafa en el campo laboral.
Curiosamente, olvida mencionar a personajes como su antecesor, Diaz Ferrán, y los delitos cometidos contra los trabajadores de las empresas que han sido cerradas sin móvil aparente, o exigido a sus operarios renunciar a parte de su bien ganado salario, o aumentar su jornada trabajando más horas de lo establecido, a cambio de conservar el empleo.
También omite que al funcionariado español ya se le retira de un cinco al ocho por ciento mensual de sus emolumentos y que las pagas extras de todos ellos, han sufrido un descalabro considerable desde que el señor Zapatero instauró tiránicamente esta medida, como primer paso de sus nefastas reformas laborales.
Al final va a resultar que los trabajadores nos estamos inventando la crisis, con el único afán de arañar en la medida de lo posible, los suculentos beneficios de sus representados y que las cifras del paro son una gran estafa urdida por unos cuantos millones de pícaros que lo que no quieren es trabajar nunca más.
Y el Estado, consintiendo además la extrema vagancia en todas sus instituciones y tolerando que el personal acuda a sus lugares de trabajo para aportar rendimiento cero a las arcas del país.
En fin, toda una trama hollywoodiense de desfalco generalizado, en la que únicamente quedan impolutos los sufridos empresarios, los banqueros y los políticos de derechas que siempre los representaron y que ahora se encuentran en la oposición, muy a pesar suyo.
Bien, puestos a crear policías, tampoco vendría mal unos cuantos, centrados en la persecución de la evasión de capitales, expedientes fraudulentos de regulación de empleo, o corruptelas relacionadas con los idilios protagonizados por empresarios y ayuntamientos, tan corrientes en nuestros días.
También sus representados, señor Rosell, suelen ser adeptos a la picaresca nacional, aunque a escalas mucho mayores que las de los cuatro pobres diablos que se dan de baja para ganar unos euros haciendo chapuzas.

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