lunes, 4 de julio de 2011

El acosador liberado



Como era de esperar, Strauss Kahn ha sido liberado de su arresto domiciliario y empieza a dejarse ver, cenando en lujosos restaurantes, acompañado de una cohorte de aduladores, que incluso se permiten el lujo de sugerir un relanzamiento de su carrera política, como aspirante a la presidencia de Francia.
Sus ilustres y carisimos abogados alegan ahora una rocambolesca historia de chantaje, orquestado por un supuesto novio de la camarera, preso por un delito de narcotráfico, que más parece propio de un argumento de telefilm de sobremesa, que sólido fundamento legal con el que defender a su representado, de una acusación de acoso, que no es la primera de su vida, ni probablemente será la última.
Esta lucha de David contra Goliat, por supuesto, estaba perdida de antemano y todos aguardábamos que de un momento a otro alguien cargado de dinero y poder, reuniese información inculpatoria contra quien se atrevió a denunciar al coloso financiero, suficiente para pagar su libertad, al mismo tiempo que demostraba las maléficas intenciones de la acusadora, cuya reputación quedará para siempre en entredicho, a la vez que sube a los altares la de quien “inocentemente” cayó en las redes de la supuesta Jezabel.
Si todavía nos quedara un resquicio de inocencia, nos llevaríamos las manos a la cabeza lamentando la historia que ha tenido que sufrir este hombre, pero, curiosamente, la ley vuelve a ponerse del lado de los poderosos con la desfachatez extrema de presumir la idiotez generalizada de los ciudadanos de a pie, y se inclina por adjudicar una razón cogida con alfileres, basada en argumentos sin sentido, fáciles de pagar para quien maneja demasiados fondos en su vida diaria.
No me cabe la menor duda que Strauss Kahn regresará a Francia con su expediente limpio y que la camarera no volverá a encontrar trabajo en ningún hotel de América, ni en ninguna otra parte a la que alcancen los largos tentáculos de la influencia que representa tan encopetado personaje.
El amargor de la vida siempre es para los humildes y las mieles del triunfo caen al final en la boca de los ganadores por excelencia, sin que desde luego les afecte para nada verse enredados en historias como éstas, ni importe en qué lugar queda la credibilidad de las mujeres, cuando se trata de tipos como éste.
Sin embargo, la sensación que nos deja a las personas de bien, es la de tener que soportar con la más absoluta indignación que se cometan desmanes, sin que tengamos ninguna posibilidad de defensa.
No es de extrañar que la desconfianza en la Ley corra como la pólvora, ni que se dude de la veracidad de las sentencias que acaban inclinándose todas las veces del lado crematísticamente más fuerte.
La amargura de la indefensión, la soledad de los pobres en este mundo cruel que los atropella sin compasión para dejarlos tirados en la cuneta, sin la más mínima posibilidad de ser resarcidos en sus daños, acaba por apoderarse de los que nunca seremos así, matándonos la esperanza de al menos, ser tratados en igualdad de condiciones frente a los tribunales de justicia.
Pero ese sueño, de momento, resulta inalcanzable, en cuanto nuestros conflictos topan con la cartera bien repleta de algún sonado cargo, ensañándose con nuestras penas mientras otros celebran con champán sus victorias, sin mirar el precio que hubieron de pagar por ellas, aunque la verdad vaya por caminos opuestos y nuestras pérdidas acaben por ser , para siempre irrecuperables.

No hay comentarios:

Publicar un comentario