domingo, 15 de mayo de 2011

Strauss-Kahn: licencia para acosar



El director del Fondo Monetario Internacional, el socialista francés Strauss-Kahn, ha sido obligado por la policía neoyorquina a bajar de un avión, en el que estaba a punto de despegar hacia Paris, acusado de reiteradas agresiones sexuales, contra una camarera de un hotel de Maniatan.
La acumulación de poder suele dar a los hombres la sensación de que son capaces de pasar por encima de las leyes, como si adquirieran con el cargo una licencia para llevar a la práctica cuántos actos se les antojara, contra personas que se hallan en un plano de desigualdad y que, en muchos casos, temiendo por la prepotencia del agresor, no se atreven a denunciar los delitos cometidos contra ellas.
La reincidencia en casos idénticos de Strauss-Kahn, que ya fue acusado del mismo delito en el año 2008 por otra mujer, hace sospechar que la veracidad de los hechos es absoluta y que los instintos sexuales de este personaje no conocen límites, siempre amparado en la importancia real de sui cargo.
Que las mujeres tengamos que sufrir en los tiempos que corren, este tipo de abusos inaceptables, demuestra la fragilidad de las políticas vigentes contra los agresores, sobre todo si cuentan con cierta relevancia en cualquiera de los campos relacionados directamente con el poder económico.
Parece incomprensible que en 2008, el francés consiguiera liberarse de todos los cargos, sólo con pedir perdón por su comportamiento y que haya podido ascender en su carrera política hasta el cargo que ocupa en la actualidad, obviando el perjuicio causado en la primera mujer que lo acusó, como si el hecho se tratara únicamente de una falta leve que no atentara contra la integridad física y emocional de la persona que sufrió el ataque.
Aún hay quien se lamenta de que este segundo escándalo pueda terminar con las aspiraciones profesionales de Strauss-Kahn, en un intento de restar responsabilidades al detenido, al venir la acusación de una humilde camarera, que seguramente no contará con el asesoramiento jurídico que recibirá el maltratador, dada su potencia crematística.
Sin embargo, el castigo debe ser ejemplarizante, colocando a cada cuál en su lugar, independientemente de la profesión que ejerza, e intentando dejar claro al político las diferencias existentes entre seres humanos y ganado, con cuya carne comerciar, mercar o simplemente jugar, sin exponerse a que los representantes de la justicia ejerzan a rajatabla el cometido que la sociedad les encomienda.
Naturalmente, esperamos no sólo que la carrera de este individuo termine, sino que la aplicación de las leyes acabe con sus huesos en alguna prisión, sin tener en cuenta su posición social, ni las múltiples influencias que pueda ejercer en el alto estatus en que se mueve habitualmente.
Tiene el mundo la obligación moral de mirar por la integridad del prójimo, sin dar tregua a los que olvidan el derecho a la intimidad de los otros, aniquilando los sentimientos ajenos con su prepotencia y estableciendo un listón diferente para sus actos del que pueda regir cuando se trata de individuos de condición más débil que la suya.
El FMI tendrá que afrontar los hechos con toda la contundencia necesaria y no mezclar actos deleznables como éste, con cualquiera de las funciones para las que fue creado, abominando públicamente de cualquier vinculación con el abusador que hasta ayer lo presidía, y actuando con rapidez en su sustitución al frente del organismo.
La frecuencia de estos episodios en las altas esferas, se está convirtiendo en algo demasiado habitual y con lo que se debe acabar radicalmente. Todos recordamos, por ejemplo, el caso Berlusconi, y cómo el presidente italiano aún campa libremente por esos mundos, sin que la justicia se haya aplicado sobre él, como sería de desear.
Probablemente, ahora que ya se encuentra detenido, alguna otra mujer se atreverá a denunciar que algo parecido le sucedió en un momento determinado con este psicópata, ya que tal vez, las disuadió de denunciarle el sitio de privilegio que ocupaba en el mundo y las pocas posibilidades de derrumbar al gigante ante los tribunales.
Ahora que las noticias llegan a cualquier rincón del planeta, creo, es mucho más difícil quedar impune de estos aberrantes delitos y, por tanto, sería deseable poder conocer en profundidad todas las negras historias protagonizadas por estos monstruos, para que una vez globalizada su vergüenza, fuera imposible para ellos asomarse siquiera a la ventana de sus casas, sin ser abochornados por las críticas feroces de la gente de bien.

1 comentario:

  1. La desvergüenza y el machismo de algunos es absolutamente incomprensible. No me extraña que, por desgracia, estemos atados a este lastre de infravaloración generalizada de la mujer cuando consentimos que un personaje como Berlusconi siga dirigiendo una nación. Conservemos la esperanza de que la justicia actúe coherentemente, a pesar de nuestros políticos y su tendencia a estrechar la mano a cualquiera que sirva a sus intereses económicos dejando sus escrúpulos en la puerta.

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