A última hora de la tarde, un fuerte terremoto sacude las tierras murcianas, justo cuando se cumplen dos meses de la tragedia de Japón, trayendo a nuestras calles imágenes de terror que se saldan con ocho muertos y numerosos heridos, cogiendo por sorpresa a una población en plena jornada de trabajo.
Miles de personas son evacuadas en sus hogares y se disponen a pasar una larga noche acomodados por los servicios de protección civil, sin que hasta el momento puedan calcularse las consecuencias de la sacudida y alertados por las posibles réplicas que puedan sobrevenir en las próximas horas.
Cualquier otra noticia, pasa inmediatamente a un segundo plano, movilizando las conciencias del resto de los ciudadanos del país, ahora que la tragedia se ceba con nosotros, demostrando que en momentos como éste, la vida se convierte en lo más importante y que todo lo demás es superfluo, sin que se pueda hacer nada ante las fuerzas desatadas de la naturaleza.
Las primeras imágenes que nos llegan, son una demostración de lo efímera que resulta nuestra estabilidad frente a este tipo de fenómenos y nos provocan una enorme sensación de miedo, difícil de vencer, en la ignorancia que sobre este tema se tiene todavía.
Afortunadamente, nuestras ciudades se hallan en un plano bastante alejado de las de otros lugares, como Haití, y las pérdidas ocasionadas por la sacudida, parecen a priori, mucho menos desastrosas e irrecuperables.
Habrá, de todos modos, que esperar a una evaluación de daños que tardará en producirse y sólo la pérdida de vidas humanas resulta irreparable, en un primer balance de la situación, hecho en una crónica de urgencia.
Tendremos que afrontar la tragedia con entereza y convencernos de la importancia que en estos casos tiene la solidaridad para una pronta recuperación de la normalidad, aunque resulte difícil para los que han sufrido en primera persona la magnitud del desastre.
Ahora les toca a los políticos demostrar que, al margen de campañas electorales y crisis económicas, están preparados para gestionar la situación, sin escatimar esfuerzos y que son capaces de aunar fuerzas, olvidando sus diferencias, para estar al lado de las víctimas y solucionar los problemas acaecidos, desde su posición de privilegio.
Imaginamos que la movilización de los servicios necesarios será inmediata y deseamos que la tierra descanse sin tener que lamentar nuevas víctimas, cuando el dolor se ha instalado tan cerca de nosotros.

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