Desde el centro mismo de la noticia, a los dos minutos de dar comienzo la jornada de reflexión y a la espera de un posible desalojo por parte de las fuerzas policiales, seguimos reunidos manteniendo conversaciones multitudinarias y lanzando propuestas a favor de una vida mejor fuera del sistema que proponen los políticos que nos han llevado al borde de la tragedia.
Los ojos ilusionados de una juventud coherente son capaces de transmitir todo un abanico de sensaciones magníficas a los que hemos dado el paso de unirnos a esta fiesta popular, sin que ninguna de las muchas barbaridades que se vienen oyendo en los medios de comunicación consiga romper la concordia reinante en los escenarios únicos desde los que esta noche estamos escribiendo la historia.
Hacia tiempo que nada conseguía poner de acuerdo a la gente para remar en una misma dirección y es de agradecer que el liderazgo de hoy sea asumido por los de menor edad, sin necesitar la tutela de sus mayores, para que tengan clara la dirección que desean seguir para ser dueños de su propio destino, demostrando que las enseñanzas recibidas durante los años anteriores, afortunadamente, no cayeron en saco roto.
Ha caído la noche y aún siguen incorporándose personas a la plaza, desafiando la mordaza que tratan de imponer para que la verdad no llegue a los rincones del país soliviantando a los que aún dormitan sin atreverse a venir a nuestro lado.
No hay intención de provocar incidentes y no se mencionan siquiera una vez siglas correspondientes a grupos políticos y sí se habla, en cambio, de la injusticia cometida contra la gente de bien, a la que se ha ido despojando de cualquier posibilidad de futuro, hasta provocarle un hartazgo que no le ha dejado otra salida que alzar la voz contra sus opresores.
Los tertulianos de las televisiones, anonadados por la explosión popular que toma las calles pacíficamente, tratan de hallar una explicación a sus esquemas preestablecidos de periodismo vendido y obsoleto. Pero ha dejado de funcionar la lógica y esta imparable marea humana no esta dispuesta a renunciar al sitio que acaba de ocupar en las tribunas de las ciudades, que son las únicas en las que se oye realmente su voz, sin la necesidad de que nadie los represente.
A pesar de la incertidumbre, nadie abandona la plaza, es más, se empieza a preparar la acampada, como si la prohibición que se cierne sobre el escenario en que se cocinan los sueños, fuera una simple anécdota sin relevancia en el transcurso de las horas siguientes, y mañana y el otro.
Huele a esperanza recién nacida y a utopías convertidas en realidades diferentes a las que hasta ahora nos han ennegrecido la existencia.
Todos pensamos en silencio: no nos moverán.
Los ojos ilusionados de una juventud coherente son capaces de transmitir todo un abanico de sensaciones magníficas a los que hemos dado el paso de unirnos a esta fiesta popular, sin que ninguna de las muchas barbaridades que se vienen oyendo en los medios de comunicación consiga romper la concordia reinante en los escenarios únicos desde los que esta noche estamos escribiendo la historia.
Hacia tiempo que nada conseguía poner de acuerdo a la gente para remar en una misma dirección y es de agradecer que el liderazgo de hoy sea asumido por los de menor edad, sin necesitar la tutela de sus mayores, para que tengan clara la dirección que desean seguir para ser dueños de su propio destino, demostrando que las enseñanzas recibidas durante los años anteriores, afortunadamente, no cayeron en saco roto.
Ha caído la noche y aún siguen incorporándose personas a la plaza, desafiando la mordaza que tratan de imponer para que la verdad no llegue a los rincones del país soliviantando a los que aún dormitan sin atreverse a venir a nuestro lado.
No hay intención de provocar incidentes y no se mencionan siquiera una vez siglas correspondientes a grupos políticos y sí se habla, en cambio, de la injusticia cometida contra la gente de bien, a la que se ha ido despojando de cualquier posibilidad de futuro, hasta provocarle un hartazgo que no le ha dejado otra salida que alzar la voz contra sus opresores.
Los tertulianos de las televisiones, anonadados por la explosión popular que toma las calles pacíficamente, tratan de hallar una explicación a sus esquemas preestablecidos de periodismo vendido y obsoleto. Pero ha dejado de funcionar la lógica y esta imparable marea humana no esta dispuesta a renunciar al sitio que acaba de ocupar en las tribunas de las ciudades, que son las únicas en las que se oye realmente su voz, sin la necesidad de que nadie los represente.
A pesar de la incertidumbre, nadie abandona la plaza, es más, se empieza a preparar la acampada, como si la prohibición que se cierne sobre el escenario en que se cocinan los sueños, fuera una simple anécdota sin relevancia en el transcurso de las horas siguientes, y mañana y el otro.
Huele a esperanza recién nacida y a utopías convertidas en realidades diferentes a las que hasta ahora nos han ennegrecido la existencia.
Todos pensamos en silencio: no nos moverán.

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