La conducta del pueblo estadounidense sería, sin duda, un fenómeno a estudiar concienzudamente por los antropólogos. Hace tan sólo un par de años, masas ingentes de personas de toda clase y condición, se movilizaban po el vastísimo territorio del país siguiendo enfervorizadamente al entonces candidato a la presidencia ,Barak Obama, en un alarde de supuesta valentía ,al depositar su confianza en un hombre de color al grito de: Yes, we can.
Tras un periodo relativamente corto de gobierno, el ahora presidente, parece perder una gran parte del apoyo de sus votantes y los republicanos le dan un solemne revolcón en la Cámara y el Senado, ante el asombro del resto de los habitantes del mundo, que no entienden absolutamente nada.
Y en una pirueta aún más enrevesada e incomprensible, dentro del mismo partido republicano, surge con fuerza un movimiento llamado Tea Party, que parece sacado de una de esas películas de los años cuarenta, en las que las funciones se repartían definitivamente por sexos y los guiones se limitaban a tratar temas rancios cargados de moralina, con el propósito de evitar cualquier posibilidad de que la gente se plantease problemas graves de conciencia por los que luchar para acercarse al progreso.
Una serie de muñequitas modosas, se suben a los púlpitos de la oratoria, ataviadas con un look característico de las señoras de los militares que habitaban las bases del territorio americano y que dedicaban todo su tiempo a organizar reuniones en las que hablaban fundamentalmente de cocina, de sus fiestas en los clubes de campo a los que pertenecían y de las colectas destinadas a una supuesta caridad que, bien entendida, no servía para otra cosa que para hacer proselitismo de las supuestas bondades de su obsoleta forma de comportamiento.
Igual que ellas, estas retro barbies también defienden la familia numerosa y berrean contra cualquiera que se oponga a su espíritu pseudo religioso con cualquier proposición de las que, como no podría ser de otro modo, los de su cuerda consideren indecente, marchan pancarta en ristre sobre las ciudades que nunca evolucionaron hacia la modernidad, aclamadas por una clase poderosa a la que siempre interesó esta doctrina y ni siquiera han sido capaces de entender que el papel de la mujer en el mundo, afortunadamente, ya no es el de aceptar lo que le depare un matrimonio y parir camadas de niños rubios que glosen las listas de las academias militares y pequeñas nenitas cabeza hueca que vayan a escuelas dónde las enseñen a cazar maridos ricos que las mantengan el resto de sus vidas.
Preocupa que este ejército de salvación pueda extender sus aterradoras garras de ignorancia por el mundo y que algunas mujeres de otros países, en su afán de creer que todo lo que procede de USA es necesariamente bueno, traten de imitarlas en un intento de que el movimiento avance a lo largo y ancho del planeta llegando a ser visto como algo normal y congruente. Porque lo verdaderamente peligroso, no son estas retrógradas sin cerebro. que dan la cara en las tarimas con la sonrisa puesta y los ojos entornados con largas pestañas, sino sus hombres, que desde la oscuridad, propician una regresión que resultaría ruinosa para los avances conseguidos degenerando nuevamente en una sociedad donde el poder de los ricos se multiplicaría sospechosamente sin, por supuesto, mezclarse con la doctrina que preconizan los humildes trabajadores y cualquiera que esté de acuerdo con mejoras sociales como una ley de aborto libre o el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Pero es verdad, que no se entiende cómo los mismos que aclamaban al presidente hace sólo un bienio, pueden ahora seguir esta pantomima retro, con el mismo entusiasmo, con las mismas lágrimas de supuesta felicidad en los mismos ojos, en los mismos lugares en que abrazaban a quien tenían al lado, fuese cual fuese su color, reclamando una esperanza.
Por si acaso, vaya por delante mi negativa a todas las sugerencias de esta secta de embaucadores reunidos. Yo nunca quise ser Dorys Day y Rock Hudson, como más tarde se demostró, era gay, con lo cual el mito de la familia feliz se vino abajo estrepitosamente.
Tras un periodo relativamente corto de gobierno, el ahora presidente, parece perder una gran parte del apoyo de sus votantes y los republicanos le dan un solemne revolcón en la Cámara y el Senado, ante el asombro del resto de los habitantes del mundo, que no entienden absolutamente nada.
Y en una pirueta aún más enrevesada e incomprensible, dentro del mismo partido republicano, surge con fuerza un movimiento llamado Tea Party, que parece sacado de una de esas películas de los años cuarenta, en las que las funciones se repartían definitivamente por sexos y los guiones se limitaban a tratar temas rancios cargados de moralina, con el propósito de evitar cualquier posibilidad de que la gente se plantease problemas graves de conciencia por los que luchar para acercarse al progreso.
Una serie de muñequitas modosas, se suben a los púlpitos de la oratoria, ataviadas con un look característico de las señoras de los militares que habitaban las bases del territorio americano y que dedicaban todo su tiempo a organizar reuniones en las que hablaban fundamentalmente de cocina, de sus fiestas en los clubes de campo a los que pertenecían y de las colectas destinadas a una supuesta caridad que, bien entendida, no servía para otra cosa que para hacer proselitismo de las supuestas bondades de su obsoleta forma de comportamiento.
Igual que ellas, estas retro barbies también defienden la familia numerosa y berrean contra cualquiera que se oponga a su espíritu pseudo religioso con cualquier proposición de las que, como no podría ser de otro modo, los de su cuerda consideren indecente, marchan pancarta en ristre sobre las ciudades que nunca evolucionaron hacia la modernidad, aclamadas por una clase poderosa a la que siempre interesó esta doctrina y ni siquiera han sido capaces de entender que el papel de la mujer en el mundo, afortunadamente, ya no es el de aceptar lo que le depare un matrimonio y parir camadas de niños rubios que glosen las listas de las academias militares y pequeñas nenitas cabeza hueca que vayan a escuelas dónde las enseñen a cazar maridos ricos que las mantengan el resto de sus vidas.
Preocupa que este ejército de salvación pueda extender sus aterradoras garras de ignorancia por el mundo y que algunas mujeres de otros países, en su afán de creer que todo lo que procede de USA es necesariamente bueno, traten de imitarlas en un intento de que el movimiento avance a lo largo y ancho del planeta llegando a ser visto como algo normal y congruente. Porque lo verdaderamente peligroso, no son estas retrógradas sin cerebro. que dan la cara en las tarimas con la sonrisa puesta y los ojos entornados con largas pestañas, sino sus hombres, que desde la oscuridad, propician una regresión que resultaría ruinosa para los avances conseguidos degenerando nuevamente en una sociedad donde el poder de los ricos se multiplicaría sospechosamente sin, por supuesto, mezclarse con la doctrina que preconizan los humildes trabajadores y cualquiera que esté de acuerdo con mejoras sociales como una ley de aborto libre o el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Pero es verdad, que no se entiende cómo los mismos que aclamaban al presidente hace sólo un bienio, pueden ahora seguir esta pantomima retro, con el mismo entusiasmo, con las mismas lágrimas de supuesta felicidad en los mismos ojos, en los mismos lugares en que abrazaban a quien tenían al lado, fuese cual fuese su color, reclamando una esperanza.
Por si acaso, vaya por delante mi negativa a todas las sugerencias de esta secta de embaucadores reunidos. Yo nunca quise ser Dorys Day y Rock Hudson, como más tarde se demostró, era gay, con lo cual el mito de la familia feliz se vino abajo estrepitosamente.

Ya sabes... el capitalismo también necesita un modelo de hombre y, por supuesto, de mujer, que responda al más feroz individualismo del simple "aparentar" dentro de un mundo hipócrita y artificial, una especie de realidad virtual que entretenga a las masas y mantenga las mentes adormecidas. Y los americanos son expertos en eso. A ver si ahora que nos hemos dado cuenta de que "no, we can't" se nos caen algunos falsos ídolos...
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