miércoles, 24 de noviembre de 2010

Unas gotitas de apatía

Todo el País está pendiente del resultado de las elecciones catalanas. Naturalmente, nos preocupa el conflicto de Corea y sólo algunos con cierta conciencia social, mantenemos la mirada en Haití y la terrible epidemia de cólera, que azota, como siempre, a los más desfavorecidos, redundando en la ya terrible desgracia de este pueblo, que continúa hacinado en las calles, sin resquicio alguno de que la ayuda internacional tenga algún efecto sobre su tragedia.
Nuestros políticos andan a la caza de descubrir los trapos sucios de los demás, a la gresca, sin percatarse los ahora gobernantes, de sus ínfimas posibilidades de victoria, los populares, con un ego excesivamente subido, celebrando una mejora en votos bastante improbable, y Convergencia intentando atar cabos por si tras su, muy previsible triunfo, le hiciera falta pactar para hacerse con la presidencia de la Generalitat.
Ni buscando afanosamente en los anales de nuestra más reciente historia, encontraríamos una situación parecida a la que vivimos en la actualidad. Primero, porque jamás habíamos padecido una crisis tan grande, y en segundo lugar, porque la pérdida casi total de ideología de estos contendientes por alcanzar el poder, tampoco había sido nunca tan evidente.
Quiero confesar que por primera vez, ni siquiera estoy pendiente de los discursos de campaña. Son todos en el fondo tan iguales, que no responden, para nada, a las perspectivas que, en mi imaginación se cuecen, para resolver el único problema que, realmente, preocupa en la calle y que no es otro, que la desorbitada cifra de parados que colapsan las oficinas del INEM, a la búsqueda de alguna posibilidad de poder ganarse el pan con el sudor de la frente.
La bolsa se arrastra por su reluciente parquet, en espera de un milagro económico que el sistema no es capaz de producir y nuestras esperanzas de mejora, al depender enteramente de los magnates capitalistas, no auguran buenos vientos para la clase obrera.
Y en estas estamos, todos metidos en un mismo paquete de desilusión, que tal vez se reflejen dejando una grave abstención en los comicios que se avecinan, demostrando el desinterés general que suscitan en nosotros los políticos y la desconfianza en su gestión que nos embarga sin remedio.
No está previsto que suceda nada que pueda, de momento, cambiar la situación. Ni siquiera la visita de Benedicto XVI, parece haber causado el menor efecto, al alza, en nuestra paupérrima economía y hasta el nuevo ministro de trabajo ha sido ya abducido por el efecto Zapatero y ha empezado a afirmar que la reforma de las pensiones, resulta estrictamente necesaria.
En casa, pasado mañana se nos casa la niña y han empezado a llegar los primeros invitados, mermando considerablemente mi tiempo para dedicarlo a escribir en esta pequeña ventana que compartimos. Me vais a disculpar la apatía, pero ahora he de pensar, por decreto, sólo en la banalidad de estar lo más bella posible el día del enlace. Se lo debo a mi hija y pienso conseguirlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario