jueves, 18 de noviembre de 2010

Sin argumentos

Mientras el Presidente del País ofrecía toda suerte de explicaciones en el Parlamento, en un intento desesperado por justificar la cadena de errores que, durante su mandato, nos ha llevado a la cifra inaudita de cinco millones de parados, una prioridad personal, me llevaba a la última prueba médica que aún me quedaba por hacer, una resonancia del cráneo, y en cierto modo, me ahorraba el bochorno de ver en directo cómo todos los grupos del arco político, reprobaban por unanimidad la gestión de los socialistas en el poder.
De todas las acusaciones vertidas sobre el asunto, sólo Gaspar Llamazares, cuando le acusaba de haber traicionado su ideología, ha parecido quedar al margen de las encarnizadas luchas por el poder que se intuyen en los demás partidos.
No me cabe la menor duda de que el clamor por anticipar las elecciones, lleva consigo la idea fija de aprovechar el mal momento que atraviesa el PSOE, para conseguir el mayor número posible de representantes en la Cámara, haciendo leña del árbol caído.
Un presidente bastante más derrotista que de costumbre, se ha defendido con argumentos débiles porque posiblemente era consciente de la razón que asistía a sus detractores en todos y cada uno de sus discursos, acudiendo a los acostumbrados ataques salidos de tono que últimamente dedica desde su atalaya a quienes le contradicen, pero los datos terroríficos le acompañan como una sombra alargada que se ha pegado a sus pies, sin dejarlo desembarazarse de su nefasta influencia.
Tan triste me resulta el estrepitoso abandono de la preciosa doctrina que caracteriza al socialismo, que incluso, en cierto modo, he agradecido pasar un rato dentro de un claustrofóbico tubo de metal, sometida a la tortura de toda clase de ruidos estridentes, con tal de no asistir a la caída inevitable de este gobierno en el pozo de profunda oscuridad, al que va destinado sin remedio.
Las elecciones catalanas serán, probablemente, la primera de las pruebas evidentes del final de esta etapa caracterizada por el atropello a la dignidad de los trabajadores y si aún así, la actitud obstinada del señor Zapatero, no se apeara de las nefastas perspectivas con las que ya amenaza, todo lo que venga detrás le pasará factura y acabará pagando caro su alejamiento de las clases populares y su adoración por los oropeles de los magnates europeos.
Parece estar a la espera de tener en las manos los resultados de los comicios, como si no fuera capaz de creer, aún estando meridianamente claro, que somos víctimas de sus continuos errores, sin que lleguemos nunca a ver la luz.
Para completar, resulta escandaloso el silencio que guarda sobre la situación crítica que en estos días sufre el pueblo saharaui.
Al final, vamos a tener que pensar que elegimos en 2004 al hombre equivocado, que ni era realmente socialista, ni capaz de abarcar las labores que exige presidir un país, dada su negativa a ver u oír cualquier cosa que represente un problema.

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