lunes, 8 de noviembre de 2010

Una separación transitoria

Mi mecenas conyugal me abandona por unos días y cruza el charco por tercera vez, no sin ciertos remilgos a la duración del maldito vuelo, con destino a Chile, donde le esperan unas cuantas jornadas de trabajo y la posibilidad de visitar ciertos lugares emblemáticos, de esos que nos traen recuerdos no siempre gratos y con los que, en muchas ocasiones, hemos confraternizado desde la lejanía de la mal llamada madre patria.
Lleva en su mochila un poema mío, con la intención de depositarlo en la tumba de Pablo Neruda, por quien siempre sentí una adoración infinita y cuya vida, tan estrechamente relacionada con el pueblo español, resulta absolutamente fascinante, en una demostración clarísima de que la creación no está reñida con la militancia y que se puede escribir al amor al mismo tiempo que se lucha contra la injusticia.
Esta separación, provoca en mí una cierta melancolía latente que me hace no parar en ningún sitio ni mantener la mirada atenta a lo que sucede alrededor, como si una parte de mi yo hubiera volado con alas invisibles también cruzando el mar, a la búsqueda de nuevas experiencias.
He sido adoptada en casa de mi hija donde, todo hay que decirlo, me tratan a cuerpo de reina, no me permiten siquiera colaborar en las tareas domésticas y me llevan en volandas por la vida, dejándome un cierto regusto de vetusta inutilidad que no me atrevo a mencionar por prudencia.
Ando también, como sabéis, en manos de los malditos galenos, que desde que han descubierto la poca asiduidad con que les visitaba, no dejan de examinarme con lupa en un alarde de recuperar el tiempo perdido y deseando, creo, encontrar algo por lo que atarme a ellos de forma permanente, aunque de momento les está saliendo mal la jugada y los buenos resultados de todas las torturas a que me han sometido sólo dicen que gozo de una buena salud.
Echo de menos a este santo varón que soporta todas mis neuras desde hace cuarenta años y, sobre todo, añoro enormemente nuestras discusiones sobre los muchos temas en los que discrepamos y el no poder consultarle, como suelo hacer con frecuencia, sobre los argumentos a tratar en esta ventana que ahora él mirará, seguramente, desde el otro lado del mundo. Muchas veces, he de reconocerlo, es mi fuente de inspiración a la hora de sentarme a escribir y, como nos profesamos admiración mutua en las cosas a las que nos dedicamos, también me faltan sus constantes halagos a mi trabajo. A todos nos encanta que nos suban el ego.
Sé que le encantará saber que al señor Trillo le han descubierto un cobro de minutas desorbitadas por servicios legales prestados, y es probable que mañana le amplíe esta información que hoy llevo cogida con alfileres, pues mi agenda ha sido apretada y no he tenido tiempo de profundizar en las noticias políticas. Es probable que ya lo sepa, porque este medio llega a todas partes y es fácil ahora mantener una comunicación con cualquier lugar del planeta, por mucha distancia que te separe del punto que te interesa, pero, por si su jornada laboral ha sido también extenuante, ahí le va la primicia desde este humilde blog que con tanto interés sigue diariamente.
Así que, acomodada en el rincón que me han asignado en este nuevo hogar transitorio, quisiera decirle que vuelva lo más rápidamente posible junto a nosotros, desearle éxito en sus incursiones científicas y rogarle que también lleve mis pasos a los lugares que visite, con la misma emoción con la que yo lo haría de haberle acompañado físicamente en esta andadura fascinante, porque tendrá después que contarme con pelos y señales todo lo que haya visto y sentido en cada rincón de aquel maravilloso país, y yo puede que lo traspase al papel para que el resto del mundo lo comparta.

1 comentario:

  1. Lejos me queda Isla Negra aun estando aqui en Santiago y dificil se me hace cumplir tu encargo
    para con el poeta. Sin embargo, a lo mejor pudiera servir cambiar el sitio aunque no la intencion dejando tu poema en el lugar en el que otro poeta de la libertad entrego su vida por ella : la Moneda, en la puerta donde puso su ultimo aliento. Un beso grande

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