Cuando comencé esta aventura maravillosa de abrir a diario una ventana a mi conciencia para airear sin pudor los pensamientos a través de esta página, lo contemplé como una dulce tentación en la que he acabado cayendo sin remedio.
Tiene algo re realismo mágico esto de acceder a las casas de unos desconocidos irrumpiendo a saco en su paz interior tratando de actuar como un revulsivo de su rutina diaria.
Siempre fui de espíritu inquieto, vehemente, defensora fogosa de aquello en lo que creía y adalid de las causas perdidas contra viento y marea. Todas estas cualidades inherentes a mi carácter, me han acompañado toda la vida y algunas aún se han acentuado con el paso del tiempo.
La dificultad de abordar temas distintos con una periodicidad tan corta es innegable. Yo la he asumido como un reto que me obliga a una disciplina rígida de trabajo y me ayuda a desterrar el fantasma del papel en blanco empujándome con decisión a tratar abiertamente aquellos temas que me interesan.
Es obvio que disfruto plenamente de una libertad de expresión que yo misma me otorgo y que a medida que pasan los días, intento aparcar mis propios miedos en un lugar recóndito a ver si consigo deshacerme de ellos. A esto me ayuda saber que mi pensamiento se encuentra respaldado por otros, que hay cierta afinidad que me une a unos lectores a los que probablemente jamás conoceré, pero que siguen con relativo interés esta panorámica general de un mundo que compartimos.
Arropada por estos minutos de gloria en que me convierto por malabarismos del destino en la escritora que alguien eligió, soy la dueña del Universo y me atrevo con todo.
Por eso quiero agradecer que haya alguien detrás de esta pantalla iluminada sobre la que entrelazo mis palabras y llevar hasta allá donde esté un poco de mi esfuerzo para que las cosas de la vida nos resulten más comprensibles y menos escabrosas de lo que se empeñan en hacernos creer.
Y de vez en cuando, dejar volar mi imaginación por temas intrascendentes como éste, dejar a un lado la inmensa mayoría para ser sólo yo y revelar las debilidades que me asaltan, tan corrientes en mi condición humana.
Ahora no quisiera estar en ninguna otra parte, ni cambiaría estos momentos dulces en los que practico mi vocación por ninguna otra cosa, ni encontraría una ocupación mejor que ésta de rebuscar historias y contarlas en un pedazo de hipotético papel.
Después, cuando me asalten las dudas y se me rompa algo dentro mientras contemplo la vida alrededor desde mi rincón de silencio, volveré a levantar la voz a favor de todos nosotros…seguramente mañana.

De nada... siempre seré tu fan número uno.
ResponderEliminar