miércoles, 19 de mayo de 2010

Barrer puertas adentro





Hablando de austeridad, aplicar fórmulas supuestamente magistrales sobre un sector de la población para resolver la grave crisis que nos ocupa representa un tímido ahorro claramente insuficiente. Debe ser gratificante colocarse medallas ante los mandatarios europeos mientras se lamentan las circunstancias que le obligan a uno a poner en práctica una política descarnada que resquebraja la estabilidad de muchas familias e intentar hacer creíble que ésa es la panacea contra los males que nos azotan.
Como se ha demostrado por los hechos acaecidos durante los últimos años, existe sin embargo un terreno resbaladizo en el que nadie se atreve a fiscalizar y que representa un agujero permanente de fuga de capitales y corrupción a todos los niveles: los Ayuntamientos.
Me permitiré sugerir al señor Presidente que emplee el montante descontado de los sueldos de los funcionarios en abrir investigaciones exhaustivas en estos cotos cerrados de manipulación y despilfarro , en la certeza de que encontrará una manera mucho más rápida y tangible de acabar con sus necesidades económicas e incluso me atrevería a asegurar que al final podría disponer de fondos sobrantes para la creación de empleo.
Ya resulta vergonzoso que los alcaldes elegidos por los ciudadanos cobren sueldos que oscilan entre los 79.000 y los 43.000 euros en los tiempos que corren, sobre todo cuando a menudo su gestión al frente de las corporaciones resultan claramente infructuosas a juzgar por las deudas millonarias que acumulan los Ayuntamientos a lo largo y ancho del país.
El destino del cobro de impuestos, de las subvenciones recibidas y de los múltiples ingresos de los Consistorios es siempre para los ciudadanos un enigma, pero el no estar afectados de ceguera nos lleva a diario a la contemplación de obras que se hacen y deshacen una y otra vez, inversiones millonarias en ornamentos colosales absolutamente innecesarios e incluso el incumplimiento de sus funciones por parte de empleados que utilizan su horario laboral en acciones privadas sin que nadie les vigile. Por no hablar de las deficiencias en acudir a las llamadas de los ciudadanos cuando se trata de una queja o desperfecto que requiera una rápida intervención para la solución de un problema urgente.
Por otra parte, estamos tan acostumbrados a convivir con los escándalos de corrupción que ya casi no resulta novedoso lo que debiera escandalizarnos e indignarnos hasta hacernos enfurecer. Y sin embargo, ese dinero con el que se enriquecen los corruptos es aportado por nosotros con máximo esfuerzo y casi nunca es ni siquiera recuperado en los casos en los que la justicia ha llegado a intervenir.
Poner freno a estas barbaridades que atentan contra la médula social de un estado es obligación de los gobiernos que realmente, debieran afrontar estos hechos con una contundencia feroz encargando auditorias mucho más asiduas y esclareciendo ante los contribuyentes hasta el último punto de estos agujeros negros de evasión de capitales cuyo destino nadie conoce.
No es ya cuestión de partidos políticos. El ciudadano tiene la percepción de que las corruptelas igualan a las ideologías y da por sentado la deshonestidad de sus representantes e incluso envidia íntimamente su suerte. Tristemente, la realidad no hace otra cosa que darles una y otra vez la razón.
Así que esta sugerencia que hago al gobierno de meter el dedo en esta herida que supura permanentemente y no cicatriza, no es más que la voz de la calle plasmada en estas letras.
Señor Presidente: hay que empezar por barrer la propia casa, desinfectarla y airearla, despedir a los empleados ladrones y eliminar estipendios innecesarios si queremos que la economía familiar funcione. Ya verá como a final de mes hasta puede ahorrar unas perrillas.

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