domingo, 23 de mayo de 2010

Lo que en el fondo importa





Haciendo uso de un derecho constitucional reconocido, los Sindicatos convocaron el pasado día veinte concentraciones de funcionarios por todo el país. Este fue el primero de los eventos previstos para demostrar la disconformidad de los trabajadores de la función pública con el decretazo que les priva de parte de su salario justamente ganado y que puede convertirse en una medida exportable a otros ámbitos de la sociedad como remedio a una crisis que otros mucho más poderosos provocaron.
Dada la gravedad de estos acontecimientos, era de esperar una participación masiva en estas convocatorias para tratar de contrarrestar el atropello por imposición a que se somete a un colectivo numeroso de personas que teóricamente, deben sentir que su modus vivendi se devalúa llevándoles a ajustar el presupuesto en algunos casos, de manera insostenible.
Pero quizá son otras cosas las que en el fondo importan y me remitiré al caso de Sevilla, como ejemplo de lo que realmente puede dar de sí la participación ciudadana y en consecuencia, lo que se puede adivinar que pasará en días venideros, como en el paro convocado para el ocho de Junio. Siendo esta ciudad una de las cuatro más importantes de España, el número de trabajadores afectados por las medidas del gobierno es tan amplio como para suponer que su contest5ación habría de ser multitudinaria y escandalosa.
Sin embargo, los organizadores cifraron el número de participantes en apenas dos mil. Mientras, y para que sirva como ejemplo vergonzante a quien pueda leer estas líneas, cien mil personas acudían a la ¨gloriosa¨ llegada del la copa de fútbol del Rey ganada el día anterior por un equipo de la ciudad.
¿Qué se puede esperar de quien antepone una memez semejante al logro de sus propios derechos y hace como si le fuera la vida en un evento económico-deportivo mientras su dignidad salarial es pisoteada desde arriba con toda impunidad?
Esperar que otros nos defiendan abandonando a su suerte a los compañeros comprometidos para después beneficiarse de lo conseguido en condiciones de igualdad es un acto de cobardía y desconsideración inaceptable.
Quizás quienes prefirieron hacer el ridículo llorando por las calles de la ciudad detrás de unos cuantos jugadores que multiplican por mucho sus ingresos con respecto a los de la clase trabajadora, no tienen más que lo que en el fondo merecen y no son dignos de que ningún organismo, ni compañero, ni persona de bien, les incluya en una causa por la que no demuestran sentir ni siquiera incomodidad o tristeza.
Y espero equivocarme al afirmar, que seguramente en sus lugares de trabajo han sido y serán los primeros en poner el grito en el cielo quejándose del decreto y vociferando lo que habría que hacer, siempre comprometiendo a otros en lo que es su lucha y sentándose a esperar la solución del problema servida en bandeja de plata.
Yo reniego de estos energúmenos y me avergüenzo de que pertenezcan a una clase obrera limpia y luchadora de la que debieran ser excluidos para no ser aceptados jamás.






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