martes, 2 de octubre de 2018

Un año después




El aniversario del primero de Octubre en Catalunya que empezó siendo una especie de conmemoración reivindicativa de una fecha que ha marcado un antes y un después en la política que se estaba llevando a cabo desde la transición y que ha sido celebrado por  miles de personas absolutamente convencidas de que no hay otro camino que el de la independencia para ellos, acabó complicándose anoche cuando un grupo numeroso de gente terminó aglomerándose en las puertas del Parlament, intentando tomarlo por asalto, lo que provocó la carga de los mossos contra ellos y algunas manifestaciones de violencia.
Ya por la mañana, Torra pronunció un sentido discurso de carácter separatista en el que animaba fogosamente a los Comités por la defensa de la República a continuar en la lucha y que sentó muy mal a los de Pedro Sánchez, que siguen apostando por el diálogo para resolver el conflicto y mucho peor, a los grupos de la derecha que vienen reclamando desde hace tiempo una nueva aplicación del artículo 155 y exigiendo una mayor dureza contra los actos organizados por los separatistas, para arreglar una situación, que según palabras pronunciadas por el ex Presidente Aznar “es igual que el golpe de Estado que se intentó dar en 1934”
Las manifestaciones matinales, formadas fundamentalmente por estudiantes y miembros de los CDR, que se situaron en la plaza de Sant Jaume, se encadenaron al edificio de la Bolsa de Barcelona, cortaron durante varias horas las vías del AVE y realizaron quemas de neumáticos en varias carreteras de acceso a las ciudades de todo el territorio catalán, discurrieron sin embargo sin incidentes, bajo la atenta mirada de los mossos, que apenas tuvieron que intervenir, más que en algunas acciones protagonizadas por grupos claramente radicales y antisistema.
Tras la manifestación de la tarde, que no contó con la cantidad de gente que se esperaba y que al final tomó la deriva del intento de asalto al Parlament, que se saldó con más de treinta mossos heridos, la indignación de los policías pertenecientes a este Cuerpo no se ha hecho esperar y ya esta misma mañana reclamaban explicaciones al Conseller encargado de Seguridad, acusando directamente a Torra de haber arengado a las masas a las que tuvieron que enfrentarse anoche y responsabilizándole directamente de lo sucedido, además de acusarle de no prestar ningún apoyo a estos agentes  catalanes.
Entretanto, desde su placentero retiro de Bruselas, Puigdemont se encargaba  de ir dirigiendo a con cierta complacencia, a distancia, todo cuánto estaba sucediendo, queriendo enviar un mensaje rotundo de que continuaba estando muy presente en el transcurso del proceso, convencido de ser el alma mater de esta lucha que resulta ser mucho más cómoda en su situación que estando in situ y de la que muchos catalanes empiezan a estar hartos, más que nada porque no se ha avanzado absolutamente nada  en la consecución de la independencia, ni ha mejorado la convivencia real que se ven obligados a soportar las dos mitades de los millones de catalanes que se encuentran inmersos en el núcleo del conflicto.
El mismo Torra, entraba ayer en contradicción, sabiendo que mientras animaba a los CDR, tenía la obligación de controlar las actuaciones de los mossos, como último responsable de su mando y en medio, unos millones de personas pertenecientes a los dos bandos que se han ido asentando en el territorio catalán, contemplaban estupefactos una escena sin precedentes que no acababan de comprender, por la propia naturaleza de sus efectos.
Muchos de ellos, se han ido retirando paulatinamente de aquel primer fragor sobrevenido hace más de un año, al comprobar que todo lo que ocurriera entonces no sólo no ha afectado su vida cotidiana, mejorándola como les prometieron, sino que además, la economía catalana se ha venido resintiendo desde entonces derivando hacia una situación francamente peor, al reducir las empresas su volumen de inversiones en este territorio o simplemente, abandonándolo, como hemos podido comprobar, sin tener intención de regresar allí, al menos de momento.
Tampoco ha cambiado la situación de los afectados por problemas de desempleo, sanitarios, educacionales o sociales de primera necesidad y además de eso, los líderes catalanes que encabezaron la lucha por la independencia y decidieron quedarse, en lugar de huir, continúan en prisión preventiva, sin que por el momento haya indicios de que puedan salir en libertad, hasta la celebración de los juicios.
Aquella primera ilusión, que fomentada por sus principales protagonistas creó unas expectativas que jamás de cumplieron, se ha ido desinflando y el cansancio y la desgana se ha hecho visible en muchos de los que se implicaron en un proceso en el que creyeron de corazón y que ha quedado al final reducido a una especie flor de un día, de la que sólo queda un ápice del fuerte aroma que se filtró a través de todos los rincones de Catalunya y que probablemente sobrevive con dificultad, gracias a los lazos amarillos que reclaman la libertad de los presos y la presencia a través del plasma del impenitente Puigdemont, que no se resigna a haber perdido para siempre el poder que acumuló, negándose tajantemente a caer en el olvido.
Me atrevería a decir que si los presos salieran mañana, un buen número de personas volvería a sus casas sin querer reclamar nada más y la negociación podría avanzar mucho más rápido por la vía política, de lo que lo está haciendo.

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