El
aniversario del primero de Octubre en Catalunya que empezó siendo una especie
de conmemoración reivindicativa de una fecha que ha marcado un antes y un
después en la política que se estaba llevando a cabo desde la transición y que
ha sido celebrado por miles de personas
absolutamente convencidas de que no hay otro camino que el de la independencia
para ellos, acabó complicándose anoche cuando un grupo numeroso de gente
terminó aglomerándose en las puertas del Parlament, intentando tomarlo por
asalto, lo que provocó la carga de los mossos contra ellos y algunas manifestaciones
de violencia.
Ya
por la mañana, Torra pronunció un sentido discurso de carácter separatista en
el que animaba fogosamente a los Comités por la defensa de la República a
continuar en la lucha y que sentó muy mal a los de Pedro Sánchez, que siguen
apostando por el diálogo para resolver el conflicto y mucho peor, a los grupos
de la derecha que vienen reclamando desde hace tiempo una nueva aplicación del
artículo 155 y exigiendo una mayor dureza contra los actos organizados por los
separatistas, para arreglar una situación, que según palabras pronunciadas por
el ex Presidente Aznar “es igual que el golpe de Estado que se intentó dar en
1934”
Las
manifestaciones matinales, formadas fundamentalmente por estudiantes y miembros
de los CDR, que se situaron en la plaza de Sant Jaume, se encadenaron al
edificio de la Bolsa de Barcelona, cortaron durante varias horas las vías del
AVE y realizaron quemas de neumáticos en varias carreteras de acceso a las
ciudades de todo el territorio catalán, discurrieron sin embargo sin
incidentes, bajo la atenta mirada de los mossos, que apenas tuvieron que
intervenir, más que en algunas acciones protagonizadas por grupos claramente radicales
y antisistema.
Tras
la manifestación de la tarde, que no contó con la cantidad de gente que se
esperaba y que al final tomó la deriva del intento de asalto al Parlament, que
se saldó con más de treinta mossos heridos, la indignación de los policías
pertenecientes a este Cuerpo no se ha hecho esperar y ya esta misma mañana
reclamaban explicaciones al Conseller encargado de Seguridad, acusando
directamente a Torra de haber arengado a las masas a las que tuvieron que enfrentarse
anoche y responsabilizándole directamente de lo sucedido, además de acusarle de
no prestar ningún apoyo a estos agentes catalanes.
Entretanto,
desde su placentero retiro de Bruselas, Puigdemont se encargaba de ir dirigiendo a con cierta complacencia, a
distancia, todo cuánto estaba sucediendo, queriendo enviar un mensaje rotundo
de que continuaba estando muy presente en el transcurso del proceso, convencido
de ser el alma mater de esta lucha que resulta ser mucho más cómoda en su situación
que estando in situ y de la que muchos catalanes empiezan a estar hartos, más
que nada porque no se ha avanzado absolutamente nada en la consecución de la independencia, ni ha
mejorado la convivencia real que se ven obligados a soportar las dos mitades de
los millones de catalanes que se encuentran inmersos en el núcleo del conflicto.
El
mismo Torra, entraba ayer en contradicción, sabiendo que mientras animaba a los
CDR, tenía la obligación de controlar las actuaciones de los mossos, como
último responsable de su mando y en medio, unos millones de personas
pertenecientes a los dos bandos que se han ido asentando en el territorio catalán,
contemplaban estupefactos una escena sin precedentes que no acababan de comprender,
por la propia naturaleza de sus efectos.
Muchos
de ellos, se han ido retirando paulatinamente de aquel primer fragor
sobrevenido hace más de un año, al comprobar que todo lo que ocurriera entonces
no sólo no ha afectado su vida cotidiana, mejorándola como les prometieron,
sino que además, la economía catalana se ha venido resintiendo desde entonces
derivando hacia una situación francamente peor, al reducir las empresas su
volumen de inversiones en este territorio o simplemente, abandonándolo, como
hemos podido comprobar, sin tener intención de regresar allí, al menos de
momento.
Tampoco
ha cambiado la situación de los afectados por problemas de desempleo,
sanitarios, educacionales o sociales de primera necesidad y además de eso, los
líderes catalanes que encabezaron la lucha por la independencia y decidieron
quedarse, en lugar de huir, continúan en prisión preventiva, sin que por el
momento haya indicios de que puedan salir en libertad, hasta la celebración de
los juicios.
Aquella
primera ilusión, que fomentada por sus principales protagonistas creó unas
expectativas que jamás de cumplieron, se ha ido desinflando y el cansancio y la
desgana se ha hecho visible en muchos de los que se implicaron en un proceso en
el que creyeron de corazón y que ha quedado al final reducido a una especie flor
de un día, de la que sólo queda un ápice del fuerte aroma que se filtró a través
de todos los rincones de Catalunya y que probablemente sobrevive con
dificultad, gracias a los lazos amarillos que reclaman la libertad de los
presos y la presencia a través del plasma del impenitente Puigdemont, que no se
resigna a haber perdido para siempre el poder que acumuló, negándose
tajantemente a caer en el olvido.
Me
atrevería a decir que si los presos salieran mañana, un buen número de personas
volvería a sus casas sin querer reclamar nada más y la negociación podría
avanzar mucho más rápido por la vía política, de lo que lo está haciendo.

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