lunes, 29 de octubre de 2018

Un mundo sin memoria




Gana Bolsonaro las elecciones en Brasil, con más de un 55% de los votos, lo que le convierte en el primer Presidente hispanoamericano claramente adscrito a la ideología de extrema derecha, en un país en el que la pobreza y la diversidad  racial son una realidad con la que hay que convivir necesariamente y que precisaría con urgencia medidas que remedien la situación de millones de personas pertenecientes, en su mayoría, a las clases más necesitadas.
No se puede dudar de que el encarcelamiento de Lula ha causado un daño irreparable a lo que se concibió, mientras estuvo en el poder, como una especie de milagro a la brasileña y que al haberse deteriorado a causa de los acontecimientos que todos conocemos, ha debido decepcionar gravemente a una buena parte del que fuera en otro tiempo su electorado, aunque no cabe otra opción que pensar que cuando acudían a las urnas lo hacían sin pertenencia real a ningún tipo de ideología, pues de otra manera, no puede entenderse este giro brusco y desesperado hacia los proyectos ultraconservadores que Bolsonaro ha puesto sobre la mesa.
Todos hemos podido oír, a lo largo de su campaña electoral, los planteamientos que este líder extremadamente populista ha ido sembrando en cada uno de los discursos que pronunciaba ante unos auditorios plagados de gente variopinta que se ha ido fanatizando, a medida que iba transcurriendo el tiempo y no podemos, sino concluir que las ideas que ha venido exponiendo sin ningún tipo de moderación ni mesura, se corresponden rigurosamente con teorías peligrosamente cercanas a una especie de moderno fascismo que disfrazado de un patriotismo desmesurado que pretende colocar a los oriundos de los países por delante de las masas migratorias que se mueven actualmente por todo el mundo, va ganando objetivos, sin que nadie se pare a pensar en las terribles consecuencias que podría traer que este tipo de Gobiernos se instalaran en el poder de forma generalizada.
La situación de Hispanoamérica,  que resulta ser ciertamente peculiar y que ha sido durante muchos años proclive a la proliferación de golpes de estado de cuyas consecuencias no es necesario hablar porque todos las conocemos, empieza a complicarse mucho más cuando en territorios cercanos pretenden convivir regímenes tan diferentes como el de Maduro y éste que está a punto de instalarse en Brasil y que se encuentran además rodeados de países de los que la gente huye masivamente, debido al crecimiento desmesurado de la miseria y la violencia.
Imaginamos sin embargo, que al actual Presidente de Estados Unidos ha debido complacerle y mucho la victoria de Bolsonaro, que porta un ideario prácticamente calcado del que él mismo presentara cuando ganó las elecciones, ya que puestos a elegir, Trump ha de preferir necesariamente que en Brasil se instale un sistema ultraconservador, que una izquierda progresista que en principio no se deje someter a sus deseos claramente imperialistas.
Pero en el plano de la razón, se ha de concluir que históricamente la ultra derecha jamás hizo por los que menos tienen más que denostarlos hasta hacerlos aparecer como una insoportable carga de la que había que prescindir y que el mundo, por muy raro que nos parezca, carece en su totalidad de la memoria necesaria para recordar todo lo que ya sucediera, cuando este tipo de personajes se hicieron cargo de determinadas naciones, en un determinado momento.
Parece del todo incomprensible que estos votantes masivos de Bolsonaro no se hayan parado ni un instante a meditar sobre todas las calamidades que siguieron al advenimiento al poder de Hitler, Mussolini o el propio Franco, en este país nuestro, ni se hayan planteado que su victoria pudiera convertirse finalmente en una dictadura totalitaria y represora con todos los que puedan disentir de los planteamientos que defienda, como si de repente, el mundo de las ideas se hubiera transformado en algo meramente anecdótico que no trajera resultados, mayoritariamente negativos para la población en general, como bien podemos afirmar todos aquellos que tuvimos la desgracia de vivir muchos años bajo el yugo de una dictadura.
Banalizar el resultado de estas elecciones, sin concederle la importancia que realmente tiene  en un momento en el que nuestro objetivo principal habría de ser canalizar mucho mejor el reparto de la riqueza, hace temer que esta fiebre de inconsciencia termine por hacerse contagiosa y que al final, todos nos veamos obligados a retroceder a una época de infausto recuerdo.
En el día de hoy, muchos de nosotros no podemos sino compadecernos del negro futuro que aguarda a Brasil, pues si Bolsonaro empieza a cumplir   estrictamente las propuestas presentadas durante su campaña, pronto podremos ver cómo en el país de agudizan las diferencias entre las clases sociales y sobra decir a los intereses de cuál de ellas representa este recién estrenado Presidente.
Sentimos una enorme curiosidad por saber cómo va a gestionar el futuro de los millones de gente de color que conforma la población brasileña, dado su carácter marcadamente xenófobo y racista, pues  los fascistas en general, han solido coincidir a lo largo de toda la historia en la costumbre de situar en ghettos a determinados grupos étnicos y no nos extrañaría en absoluto que este recién llegado propiciara la creación de este tipo de construcciones, ahora que tiene todo el poder en sus manos.
Ojala y nos equivoquemos.




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