martes, 9 de octubre de 2018

Prueba de fuego




A la Presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, que se hizo tristemente famosa por el durísimo enfrentamiento que mantuvo con Pedro Sánchez y que después perdió, gracias a la voluntad soberana de las bases de su Partido, no le ha quedado más remedio que convocar nuevas Elecciones Autonómicas que se celebrarán el 2 de Diciembre, pues desde que Ciudadanos le retirara el apoyo que le venía prestando  desde el principio de la legislatura, se ha encontrado en una espantosa soledad que  no le ha permitido sacar adelante ninguno de los proyectos que pudiera tener en mente.
El error de cálculo que cometió cuando necesitó pactar para acceder a la Presidencia, convencida como estaba entonces de estar a punto de ser elegida como Secretaria General de un PSOE, que comandaba con mano de hierro a la cabeza de los viejos barones que la apoyaban en su guerra particular contra el que hoy es el Jefe del Gobierno, le ha pasado la factura que sería previsible esperar de cualquier socio que defienda una ideología tan distinta, pero en aquellos momentos de vanagloria personal, Díaz abominó claramente de la posibilidad de aliarse con la representante de Podemos, Teresa Rodríguez, con la que siempre ha mantenido una manifiesta enemistad y que ha sido, como todos sabemos, un azote continuo para ella misma y para su Gobierno.
Las cosas empezaron a torcérsele a la Presidenta andaluza en el mismo  momento en que comprendió que Sánchez le había ganado contundentemente, a pesar de todas las argucias y subterfugios urdidos para que esto nunca ocurriera y se le complicaron aún más, cuando tras plantear la Moción de Censura contra Rajoy, Sánchez le aplicó un correctivo de humildad, pactando directamente con Pablo Iglesias y otras fuerzas del arco político español y distanciándose claramente de los de Rivera, colocando así a Díaz en una situación imposible de sostener, que ha desembocado en  este adelanto electoral, obligatoriamente.
En medio de la tormenta que sacude el país, con la crisis catalana permanentemente presente y el PSOE gobernando con una minoría que sólo se sostiene con el apoyo que le brindan los podemitas y sus confluencias y un PNV que de momento, no  parece que vaya a echarse a un lado, como sí se entiende que está ocurriendo con los nacionalistas catalanes, las Elecciones andaluzas se convierten en un suceso de extrema importancia para el país, pues serán la prueba de fuego que demuestre el apoyo real con el que seguramente contaría Sánchez en unas Generales, en las que  todas las encuestas le auguran un triunfo que sin embargo, no puede considerarse como fiable, hasta que no haya pruebas contundentes que lo indiquen.
Le toca pues a Díaz, por azares del destino, defender con uñas y dientes las propuestas de quiénes gobiernan actualmente el país y con las que probablemente no está de acuerdo, aunque no le convendría la  nada que se hiciera evidente y ponerse sumisamente a las órdenes de quién fuera hasta hace bien poco un enemigo a derrotar, si no quiere perder no solo el granero de votos que su Partido ha tenido siempre en Andalucía, sino también la Presidencia de esta Autonomía, lo que traería, por añadidura, el fin de su carrera política.
Puede estar segura también de que en el caso de que consiga ganar los comicios y necesite pactos para formar un  nuevo gobierno, desde Madrid se le exigirá forzosamente que se entienda con IU y Podemos, cuestión que ha de provocar en ella, como de todos es sabido, cierta repulsión, pero que deberá intentar denodadamente, para procurar que Sánchez  terminar la legislatura con cierto éxito.
Las derechas tampoco se lo van a poner fácil a Díaz, sobre todo los Ciudadanos que se han sentido traicionados sensiblemente por el giro que ha dado la política en Madrid y que lucharán, junto a los del PP, con uñas y dientes por ganar parte del espacio que los socialistas han ocupado en Andalucía durante 39 años, recurriendo a cualquier cosa que pueda embarrar la trayectoria de la Presidenta, incluidos los casos de corrupción que como los ERE, ocurrieron cuando ella ocupaba puestos de relevancia en la Formación  a la que pertenece.
Ha sido Díaz una Presidenta carismática y ambiciosa que soñó con situarse a sí misma en el lugar más alto de la política española, empleando para ello toda clase de medios y que ha tenido la habilidad de ir haciendo a lo largo de su camino, toda una lista de enemigos de toda especie, base, ideología y condición, que ahora se le vuelven en contra, por lo que tendrá que aprender aceleradamente  a limar asperezas, suavizar el carácter y asumir que el poder con el que contó ya no volverá, al menos de la manera en la que ella lo había concebido.
Y sin embargo, le corresponde la obligación de salvaguardar los afectos  con los que cuentan los socialistas en el territorio que Preside y hacerlo, caminando a la par con sus compañeros, aceptando que es Pedro Sánchez, aquél joven que ella misma intentó convertir en una marioneta y que se le rebeló ganándole la partida y no ella, el encargado de señalar las pautas que deben seguirse en la próxima Campaña electoral, en la que no le va a quedar otro remedio que compartir escena con él, aunque como actriz secundaria, pues éste es el papel que le corresponde, gracias a los malabares del destino.
Será interesante poder contemplar cómo se desarrollará esta interacción. A veces, la vida, termina por colocar sabiamente, a cada uno en su sitio.

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