jueves, 4 de octubre de 2018

Torra, frente al espejo



Como hace mucho tiempo vaticinamos, los Partidos que se unieron para formar la alianza independentista en Catalunya y caminaron a la par en un momento de esplendor, en el que el espejismo que inventaron logró deslumbrar a las masas y hasta hacerlas creer ciegamente que la instauración de la Répública era posible, han comenzado a entender que en este proceso que iniciaron y que  ha traído las consecuencias que ya conocemos sobradamente, no todos apuestan, un año después, por apoyar las mismas propuestas para hallar una solución al conflicto, pues las eternas diferencias ideológicas que desde siempre han movido a estas tres Formaciones, hacen imposible que puedan llegar entre ellos a un entendimiento.
El sentido discurso de Quim Torra, en el aniversario del primero de Octubre ha levantado ampollas en el ambiente que se mueve en torno al separatismo y sólo Puigdemont, con quién seguramente preparó el President su contenido, aplaude la decisión de arengar a los CDR y el ultimátum dado al Gobierno, mientras Esquerra Republicana, que ha cargado con el peso real de las consecuencias sobrevenidas del Referendum y que tiene a sus principales líderes en prisión, se desmarca claramente de la amenaza lanzada al Gobierno español y la CUP se echa a un lado, acusando directamente al PdeCat , de extrema tibieza.
Las reacciones de los líderes de ER y la del propio Oriol Junqueras, desde la cárcel, no se han hecho esperar y hasta el mismo Rufián, famoso por sus palabras incendiarias y defensor a ultranza del proceso, ha calificado negativamente las iniciativas de Torra, manifestando, literalmente, que “los ultimátums los carga el diablo”.
Tampoco en el Parlament dr Catalunya ha encontrado Torra los aplausos que se esperaba, pues se dice que hasta sus propios compañeros de Partido se vieron sorprendidos por los  mensajes vertidos que el President no había consultado con nadie y esa desagradable decepción se hizo patente ayer en  las intervenciones protagonizadas desde la Tribuna, como todos pudimos oír y ver, a lo largo de una mañana en la que Inés Arrimadas se convirtió en protagonista, al sacar una bandera española y pedir abiertamente, en representación de su grupo, la inmediata aplicación del Artículo 155 en Catalunya.
Todas esas diferencias de pensamiento que siempre fueron una realidad entre estos socios ocasionales que se dieron la mano puntualmente, con la idea de conquistar un objetivo común, quedaron momentáneamente aparcadas por el inesperado respaldo que dieron más de dos millones de Catalanes a la propuesta de la celebración de un  Referendum que desde Madrid se prohibía, pero no desaparecieron, aunque diera la impresión de que sí, por el acaloramiento del instante, volviendo ahora a mostrarse, como siempre fueron, amplias y de difícil resolución, pues entre la  derecha, la izquierda y la acracia, nunca hubo precisamente una comunión ideal que pudiera durar demasiado tiempo.
Solo ante el fragor de los acontecimientos y víctima de la tiranía impuesta desde su retiro por Puigdemont, Torra, que decidió aceptar sumisamente el papel que para él habían elegido los que decidieron por voluntad propia huir, se encuentra ahora con que todos aquellos fantasmas que permanecían en un estado de letargo, se han despertado de repente y que amenazan su estabilidad institucional, negándose a acatar las órdenes tiránicas de quién  permanece fuera del territorio, viviendo en una realidad virtual, sin comprender la magnitud ni la crudeza real del conflicto.
Tampoco la respuesta de Pedro Sánchez, que ha ignorado olímpicamente el ultimátum que se le lanzaba, ha sido la que el exiliado esperaba, desde su retiro de Bruselas, por lo que al President no le ha quedado otro remedio que dar un paso atrás, llegando a decir ayer que su objetivo era conseguir la implantación de la República y que si no lograba hacerlo efectivo, tendría que retirarse.
Todo este desacuerdo, sin embargo, favorece sensiblemente las aspiraciones del Gobierno de Madrid, que continuó ayer mismo, sin perder un ápice de calma, apostando por el diálogo y la negociación, conscientemente ajeno a la tormenta que se desataba entre los socios independentistas y seguramente esperando, sin perder la paciencia, a que la unidad de estos socios fortuitos salte por los aires en cualquier momento, como seguramente pasará más pronto que tarde, a juzgar por lo que está ocurriendo.
No tiene Torra y él lo sabe, más hombro en que apoyarse que el de su amado Carles Puigdemont, que más que poner en él su confianza, le ha utilizado descaradamente en su propio beneficio y que cuando haya obtenido de él todo lo que esperaba, le abandonará sin ningún tipo de arrepentimiento.
Reflexionar sobre esa soledad, habría de ser ahora primordial para este President poco convencional que a estas alturas ya debiera haber entendido que su rol de marioneta no le traerá buenas consecuencias.
Haría bien en escuchar otras opiniones, además de las vertidas desde Bruselas y mucho mejor, en considerar que la única vía que solucionaría este conflicto pasa por negociar y ceder.
Por su manera de actuar, no parece que en ningún momento esté pensando en el bienestar de los catalanes, a los que debiera representar por su Cargo, sino en el beneficio exclusivo de quien le designó y que ve en él, el único bastión que le queda para no caer directamente en el olvido.

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