jueves, 11 de octubre de 2018

Mallorca, derruída




A pesar de que la noticia de la mañana debería ser, porque afectará el futuro de todos, el acuerdo alcanzado entre PSOE y Podemos, en la cuestión de los Presupuestos Generales del Estado, la tragedia climatológica ocurrida en Mallorca, que se ha saldado con diez muertos y tres desaparecidos, hasta el momento y que ha traído una avalancha de agua y destrucción que ha dejado a miles de familias sin hogar y a otras muchas, al mismo borde de la miseria, acapara la portada de los diarios  de toda la prensa nacional y produce dolor de corazón en todos los ciudadanos de bien, que no podemos mirar hacia otro lado, tras estos últimos sucesos,
 La borrasca, en la que han confluido una serie de circunstancias adyacentes, terminó por convertirse en una especie de tsunami que arrasó cuánto se encontraba a su paso,  cebándose especialmente en la población de Saint Llorens, cuyo paisaje hoy podría compararse con los que quedan después de los bombardeos, se estancó en un momento de la tarde sobre una zona turística mallorquín, derramando, en un corto espacio de tiempo, más de 240 litros de agua que pronto se convirtieron en un imparable torrente de barro que discurría con una fuerza brutal por las calles buscando el mar, destrozando casas, enseres y material urbano y banalizando, por su gravedad, cualquier otro problema que en esos momentos pudiera afligir el corazón de los ciudadanos.
Muchas de las víctimas murieron en sus propios domicilios, que fueron invadidos por la corriente cargada de obstáculos que penetró por las puertas y las ventanas tomándolos por sorpresa y otras, que circulaban con  coches sin que nadie hubiera previsto la magnitud real de la tragedia, se encontraron flotando sobre las aguas sin ninguna protección y no pudieron sobrevivir  la velocidad creciente que les empujaba ni a los golpes que iban recibiendo, durante los kilómetros que duró la marcha imparable de la  riada, en la que finalmente sucumbieron.
Destrozados por la crudeza de las imágenes que encontraron al amanecer, los vecinos hubieron de hacer en la jornada de ayer, de tripas, corazón, e iniciaron de inmediato unas labores de limpieza en la que faltaban manos para colaborar, por la  terrible dimensión del drama que estaban viviendo y todos pudimos ver a la gente de a pie, achicando barro de viviendas y  locales, mientras derramaban lágrimas de dolor por las pérdidas humanas que habían sufrido y cuyo número iba creciendo.
Sobre si se  pueden  o no hacer previsiones que suavicen los efectos de estas catástrofes naturales, habría mucho que discutir y quizá no sea ahora el mejor momento, pero esa permisividad a la hora de construir sobre o cerca de las rieras, que ha caracterizado a todos los gobiernos españoles, que han apoyado siempre unos planes de vivienda que en muchos casos han transgredtífice principalido todos los límites de la ética profesional, en pos de la especulación y el enriquecimiento que trajo la burbuja inmobiliaria, sobre todo en zonas turísticas y costeras, podría ser considerada como artífice principal de la reiteración de estos sucesos.
Tampoco se ha invertido mucho en infraestructuras durante los últimos tiempos, por lo que los materiales de las construcciones han quedado muy afectados por los efectos del paso del tiempo y todo ello, ha dado necesariamente lugar, a que año tras año, terminen por repetirse este tipo de escenas, a lo largo y ancho de todo el territorio nacional y más aún, desde que el cambio climático ha pasado a formar parte de nuestras vidas, inexorablemente.
La Presidenta del Gobierno balear, que se reunió ayer por la tarde con Pedro Sánchez, in situ, para poder mostrarle los efectos reales a los que se enfrentaban sin paliativos ni paños calientes, tomó  la decisión de declarar zona catastrófica el área afectada y reclamó, como no podría ser de otra manera, la solidaridad a que estarían obligadas las principales Instituciones del país, urgiendo a la necesidad de reconstruir los daños causados a la mayor brevedad posible de tiempo.
Mallorca llora hoy a sus muertos y mientras se busca con todos los medios al alcance a los desaparecidos, la gente mira al cielo con preocupación, temiendo que el fenómeno que ha desencadenado la tragedia pudiera volver a repetirse, aunque las previsiones parecen augurar una mejora climatológica que no termina de llegar, pues en estos momentos, sigue lloviendo.
No podemos, sino unirnos a su dolor y solidarizarnos con sus sentimientos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario