A
pesar de que la noticia de la mañana debería ser, porque afectará el futuro de
todos, el acuerdo alcanzado entre PSOE y Podemos, en la cuestión de los Presupuestos
Generales del Estado, la tragedia climatológica ocurrida en Mallorca, que se ha
saldado con diez muertos y tres desaparecidos, hasta el momento y que ha traído
una avalancha de agua y destrucción que ha dejado a miles de familias sin hogar
y a otras muchas, al mismo borde de la miseria, acapara la portada de los
diarios de toda la prensa nacional y
produce dolor de corazón en todos los ciudadanos de bien, que no podemos mirar
hacia otro lado, tras estos últimos sucesos,
La borrasca, en la que han confluido una serie
de circunstancias adyacentes, terminó por convertirse en una especie de tsunami
que arrasó cuánto se encontraba a su paso, cebándose especialmente en la población de
Saint Llorens, cuyo paisaje hoy podría compararse con los que quedan después de
los bombardeos, se estancó en un momento de la tarde sobre una zona turística mallorquín,
derramando, en un corto espacio de tiempo, más de 240 litros de agua que pronto
se convirtieron en un imparable torrente de barro que discurría con una fuerza
brutal por las calles buscando el mar, destrozando casas, enseres y material
urbano y banalizando, por su gravedad, cualquier otro problema que en esos
momentos pudiera afligir el corazón de los ciudadanos.
Muchas
de las víctimas murieron en sus propios domicilios, que fueron invadidos por la
corriente cargada de obstáculos que penetró por las puertas y las ventanas tomándolos
por sorpresa y otras, que circulaban con coches sin que nadie hubiera previsto la
magnitud real de la tragedia, se encontraron flotando sobre las aguas sin
ninguna protección y no pudieron sobrevivir la velocidad creciente que les empujaba ni a
los golpes que iban recibiendo, durante los kilómetros que duró la marcha
imparable de la riada, en la que
finalmente sucumbieron.
Destrozados
por la crudeza de las imágenes que encontraron al amanecer, los vecinos
hubieron de hacer en la jornada de ayer, de tripas, corazón, e iniciaron de
inmediato unas labores de limpieza en la que faltaban manos para colaborar, por
la terrible dimensión del drama que
estaban viviendo y todos pudimos ver a la gente de a pie, achicando barro de
viviendas y locales, mientras derramaban
lágrimas de dolor por las pérdidas humanas que habían sufrido y cuyo número iba
creciendo.
Sobre
si se pueden o no hacer previsiones que suavicen los
efectos de estas catástrofes naturales, habría mucho que discutir y quizá no
sea ahora el mejor momento, pero esa permisividad a la hora de construir sobre o
cerca de las rieras, que ha caracterizado a todos los gobiernos españoles, que
han apoyado siempre unos planes de vivienda que en muchos casos han transgredtífice
principalido todos los límites de la ética profesional, en pos de la
especulación y el enriquecimiento que trajo la burbuja inmobiliaria, sobre todo
en zonas turísticas y costeras, podría ser considerada como artífice principal
de la reiteración de estos sucesos.
Tampoco
se ha invertido mucho en infraestructuras durante los últimos tiempos, por lo
que los materiales de las construcciones han quedado muy afectados por los
efectos del paso del tiempo y todo ello, ha dado necesariamente lugar, a que
año tras año, terminen por repetirse este tipo de escenas, a lo largo y ancho
de todo el territorio nacional y más aún, desde que el cambio climático ha
pasado a formar parte de nuestras vidas, inexorablemente.
La
Presidenta del Gobierno balear, que se reunió ayer por la tarde con Pedro
Sánchez, in situ, para poder mostrarle los efectos reales a los que se enfrentaban
sin paliativos ni paños calientes, tomó la decisión de declarar zona catastrófica el
área afectada y reclamó, como no podría ser de otra manera, la solidaridad a
que estarían obligadas las principales Instituciones del país, urgiendo a la
necesidad de reconstruir los daños causados a la mayor brevedad posible de
tiempo.
Mallorca
llora hoy a sus muertos y mientras se busca con todos los medios al alcance a
los desaparecidos, la gente mira al cielo con preocupación, temiendo que el
fenómeno que ha desencadenado la tragedia pudiera volver a repetirse, aunque las
previsiones parecen augurar una mejora climatológica que no termina de llegar,
pues en estos momentos, sigue lloviendo.
No
podemos, sino unirnos a su dolor y solidarizarnos con sus sentimientos.

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