domingo, 28 de octubre de 2018

Descenso a los infiernos



Pendientes de los resultados de las elecciones en Brasil, en las que un ultraderechista y xenófobo confeso como Bolsonaro, está a punto de hacerse con el poder, en nuestro país ha quedado tácitamente inaugurada la campaña electoral andaluza y los líderes de los principales Partidos de las derechas parecen haberse  lanzado al ruedo mediático con la única consigna de desprestigiar la trayectoria emprendida por Pedro Sánchez desde que llegara al poder, al que las encuestas conceden bastantes puntos de ventaja sobre sus adversarios, en el caso de que en estos momentos se celebraran Elecciones Generales.
Sin poder olvidar la manera en que el socialista les ganó la Moción de Censura y menos aún que lo hizo gracias al apoyo de los nacionalistas catalanes y vascos y también de Podemos, PP y Ciudadanos, que ya imaginaban un Gobierno de coalición sempiterno y que vieron como cualquier posibilidad de conseguirlo a corto plazo se les escapaba de las manos, han encontrado en el tratamiento que se está daño a la crisis catalana, un inagotable filón del que ir extrayendo cierta rentabilidad política y una excusa que les proporciona la coartada perfecta para verter sobre Sánchez y todos los partidarios de la vía de la negociación, toda clase de acusaciones injustificadas e insultos personales milimétricamente estudiados que no hacen otra cosa que provocar un clima de crispación que sólo satisface en plenitud a los seguidores de estas nuevas derechas cada vez más recalcitrantes y reaccionarias.
Tratando por todos los medios de impedir que Sánchez pueda llegar a completar la legislatura, para que no se materialice la impresionante remontada que su Partido está consiguiendo desde que llegara al Gobierno, PP y Ciudadanos, han hecho de la causa de la unidad territorial una bandera de la que tratan de apoderarse en una lucha sin precedentes entre dos Formaciones de ideología tan similar, a las que sin embargo separa la monumental ambición de sus líderes por ganar, a la mayor prontitud posible, un espacio que hasta ahora ocupaba un solo dueño y por el que hoy hay que pelear crudamente, en un paisaje absolutamente distinto y con una izquierda que por primera vez, parece haber encontrado puntos reales de total coincidencia.
Así, se ha convertido para Casado y para Rivera en imprescindible encontrar un camino en el que el primer escollo a salvar es precisamente la popularidad que está consiguiendo el socialista, con sus acciones y sus gestos, pero en el que se encuentran a la vez, uno contra otro, enfrentados por arañar votos y lealtades que antes se subscribían al ámbito del Partido Popular, pero que en esta tesiura, se encuentran en una encrucijada, sin que les quede claro a qué carta quedarse, por lo que podrían incluso, decidir en el último momento, ofrecer una oportunidad a VOX, ahora que los Partidos de extrema derecha están teniendo un momento indiscutible de auge, no sólo en Europa, sino también en otras partes del mundo, como es el caso de Brasil.
Y es la obtención  de ese voto, recalcitrante y arcaico el que precisamente está causando mayor preocupación entre las filas de estos dos antiguos socios de Gobierno y el que les hace cometer el imperdonable error de olvidar que el principal granero que ha nutrido durante años los éxitos cosechados ha sido precisamente el de aquellos que sin tener una ideología definida, se declaraban abiertamente como simpatizantes del Centro.
Ninguno de los dos, ni PP ni Ciudadanos, por mucho que hayan querido convencernos de lo contrario han mantenido verdaderamente un pensamiento cercano a la socialdemocracia de derechas y aunque durante mucho tiempo han estado procurando convencernos de tal argumento, con un discurso creado exclusivamente para tal fin, lo ocurrido en el territorio catalán ha precipitado que hayan tenido que mostrarse ante la ciudadanía tal y como son, sin las  carteas ni maquillajes tras las que solapaban la naturaleza de sus propios pensamientos.
Llegados a un punto de inflexión que de momento no tiene marcha atrás y habiendo perdido vergonzosamente el poder, no les ha quedado otro remedio que dejar al descubierto sus cartas en un juego que realmente nunca ha sido limpio y no les duelen prendas ni en haber intentado expulsar a Sánchez  dudando de la autenticidad de su Tesis, en esa vía académica que sí  les funcionó con algunos de sus Ministros ni de acusarle directamente de haber colaborado en el supuesto Golpe de Estado que según ellos, se ha perpetrado en Catalunya, olvidando, por ejemplo, que Sánchez apoyó sin reservas la aplicación del artículo 155, cuando así se lo reclamó  Rajoy, siendo aún Presidente del Gobierno.
Volviendo a dudar descaradamente del nivel de inteligencia de los ciudadanos, de nuestra memoria y sobre todo de la capacidad real de decisión que nos confiere nuestra libertad de pensamiento, las derechas han entrado en un bucle de desesperación y elegido unas estrategias que sólo pueden convencer a aquellos que en el fondo, siempre permanecieron anclados a una ideología de tintes claramente ultramontanos y que  se negaron a evolucionar al ritmo que han venido marcando los tiempos.
El enojo que han causado en ellos los resultados de las encuestas del CIS, podría convertirse en algo meramente anecdótico si finalmente deciden continuar por este camino de crispación y a lo mejor, hasta se acelera de este modo, vertiginosamente, un descenso a los infiernos que por supuesto, ellos no esperan, pero que a juzgar por sus actitudes, merecen.   





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