lunes, 15 de octubre de 2018

Presiones inevitables




Tras el acuerdo alcanzado por el Gobierno con Podemos,  sobre los Presupuestos Generales del Estado, que incluyen un gasto en medidas sociales que puede hacer mucho bien a las clases más desfavorecidas de nuestra Sociedad, era inevitable que surgieran presiones por parte de los grupos independentistas catalanes, cuyos votos, como todos sabemos, resultan ser absolutamente necesarios para poder sacar adelante esta y otras propuestas que ya cuentan, de antemano, con la oposición de los dos grupos de derechas, representados en el Parlamento.
Con sus principales líderes encarcelados y con una Fiscalía que mantiene para ellos el cargo de Rebelión, PdeCat y también Esquerra Republicana, no tienen otro remedio que aprovechar cualquier ocasión que se les  presenta para intentar desesperadamente ganar este pulso al Gobierno español, aun sabiendo positivamente que el retraso en aprobar , en este caso los PGE, influiría muy negativamente también  en  la Economía catalana y que los poderes políticos ni pueden ni deben influir en las decisiones tomadas por el poder judicial, que ha de ser necesariamente independiente, si se quiere que la Democracia funcione.
Sin embargo, inciden una y otra vez en este punto, reclamando  no se sabe qué tipo de injerencia gubernamental que facilite la vuelta a casa de sus políticos presos, ejerciendo una especie de chantaje emocional que podría provocar, si se mantienen en su negativa, que Sánchez tuviera que convocar nuevos Comicios, ignorando, por la naturaleza de la situación, cuál sería el resultado que saliera de la consulta o si la unión de PP y Ciudadanos lograría alcanzar un número de votos suficientes  para poder volver al poder y en el caso de Catalunya, a las tesis aplicadas en el pasado más reciente.
Se juegan los separatistas, en este caso concreto, no sólo aquello que paree nublarles la razón y que se ha convertido en la única reivindicación que les interesa, sino también, la posibilidad de que los ciudadanos que habitan en su territorio puedan beneficiarse de las medidas sociales que incluye el paquete pactado y que podrían remediar, en muchos casos, las gravísimas condiciones de vida que padecen, pues no sólo de independencia vive el hombre, como todos, en  general, desgraciadamente, sabemos y aceptamos, inevitablemente.
Y sin embargo, presionan como si les diera igual que la vía de negociación vigente pudiera ser abandonada, empeorando sustancialmente la situación que rige en la actualidad, porque si las derechas ganaran las elecciones, volverían a implantar el 155, esta vez, sine die y da la impresión de que en cierta medida buscan una excusa perfecta para poder acusar reiteradamente al Estado español de represor, quizá porque todas las causas lucen más si se puede contar en ellas con la existencia de algunos mártires que justifiquen según qué cosas y según qué propuestas.
Puede que a los separatistas les importe muy poco la opinión que de ellos se tiene al otro lado de sus fronteras, pero su insistencia en colocar por encima de todo lo demás la libertad de sus presos y la vuelta de sus llamados exiliados, exacerba los ánimos de mucha gente que verdaderamente necesita de las ayudas que se incluyen en este plan presupuestario y que aun habiendo mantenido hasta ahora, una posición de  excelente neutralidad, empiezan a estar hartos del egoísmo que demuestran los que ignorando la gravedad de su escenario, no permiten que se avance por otros caminos que paliarían en cierto modo, las penurias económicas que padecen.
Probablemente, dentro del territorio catalán, existirán núcleos de población a los que no deben estar sentando nada bien las posturas de los separatistas, en este asunto y que preferirían, por lo que para ellos representaría igualmente, que por una vez se dejara de lado el pulso que mantienen con el Gobierno español, exactamente igual que se hizo en el caso de la Moción de Censura que arrebató a Rajoy el poder, pues también esta vez, se trata de mejorar un contexto de emergencia que nada tiene que ver con las líneas de las fronteras.
No les quepa la menor duda de que los secesionistas terminarán pagando este gravísimo error, pues aunque Sánchez decidiera no convocar elecciones, bien podría cambiar la orientación de su pensamiento sobre el problema catalán, fundamentalmente porque al sentirse extorsionado, estaría en su derecho.
Queda aún la baza de que Iglesias se brinde a intermediar entre unos y otros para poder alcanzar finalmente un acuerdo y que ese poder de convicción que impregna sus discursos, consiga apear de su incomprensible cerrazón e éstos que teniendo la llave para poder aprobar cualquier medida, hacen de ella un instrumento de tortura con el que aniquilar el futuro de los más necesitados, que para ellos, queda claro,  no deben tener la misma categoría humana que sus presos.
Ojalá y el líder de Podemos, que tanto ayudó en  el acuerdo que propició el triunfo de la Moción, realice una buena gestión, sobre todo con la gente de Esquerra, pues está claro que los leales súbditos de Puigdemont, habitan en una burbuja herméticamente cerrada que  flota en una realidad paralela, a la que no tiene acceso el grueso de la población a la que tanto dicen amar,  pero cuyas necesidades posponen, cuando se trata de establecer prioridades sociales y políticas.


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