Tras
el acuerdo alcanzado por el Gobierno con Podemos, sobre los Presupuestos Generales del Estado,
que incluyen un gasto en medidas sociales que puede hacer mucho bien a las
clases más desfavorecidas de nuestra Sociedad, era inevitable que surgieran
presiones por parte de los grupos independentistas catalanes, cuyos votos, como
todos sabemos, resultan ser absolutamente necesarios para poder sacar adelante
esta y otras propuestas que ya cuentan, de antemano, con la oposición de los
dos grupos de derechas, representados en el Parlamento.
Con
sus principales líderes encarcelados y con una Fiscalía que mantiene para ellos
el cargo de Rebelión, PdeCat y también Esquerra Republicana, no tienen otro
remedio que aprovechar cualquier ocasión que se les presenta para intentar desesperadamente ganar
este pulso al Gobierno español, aun sabiendo positivamente que el retraso en
aprobar , en este caso los PGE, influiría muy negativamente también en la
Economía catalana y que los poderes políticos ni pueden ni deben influir en las
decisiones tomadas por el poder judicial, que ha de ser necesariamente
independiente, si se quiere que la Democracia funcione.
Sin
embargo, inciden una y otra vez en este punto, reclamando no se sabe qué tipo de injerencia gubernamental
que facilite la vuelta a casa de sus políticos presos, ejerciendo una especie
de chantaje emocional que podría provocar, si se mantienen en su negativa, que
Sánchez tuviera que convocar nuevos Comicios, ignorando, por la naturaleza de
la situación, cuál sería el resultado que saliera de la consulta o si la unión
de PP y Ciudadanos lograría alcanzar un número de votos suficientes para poder volver al poder y en el caso de
Catalunya, a las tesis aplicadas en el pasado más reciente.
Se
juegan los separatistas, en este caso concreto, no sólo aquello que paree nublarles
la razón y que se ha convertido en la única reivindicación que les interesa,
sino también, la posibilidad de que los ciudadanos que habitan en su territorio
puedan beneficiarse de las medidas sociales que incluye el paquete pactado y
que podrían remediar, en muchos casos, las gravísimas condiciones de vida que
padecen, pues no sólo de independencia vive el hombre, como todos, en general, desgraciadamente, sabemos y aceptamos,
inevitablemente.
Y
sin embargo, presionan como si les diera igual que la vía de negociación vigente
pudiera ser abandonada, empeorando sustancialmente la situación que rige en la
actualidad, porque si las derechas ganaran las elecciones, volverían a implantar
el 155, esta vez, sine die y da la impresión de que en cierta medida buscan una
excusa perfecta para poder acusar reiteradamente al Estado español de represor,
quizá porque todas las causas lucen más si se puede contar en ellas con la
existencia de algunos mártires que justifiquen según qué cosas y según qué
propuestas.
Puede
que a los separatistas les importe muy poco la opinión que de ellos se tiene al
otro lado de sus fronteras, pero su insistencia en colocar por encima de todo
lo demás la libertad de sus presos y la vuelta de sus llamados exiliados,
exacerba los ánimos de mucha gente que verdaderamente necesita de las ayudas
que se incluyen en este plan presupuestario y que aun habiendo mantenido hasta
ahora, una posición de excelente neutralidad,
empiezan a estar hartos del egoísmo que demuestran los que ignorando la gravedad
de su escenario, no permiten que se avance por otros caminos que paliarían en
cierto modo, las penurias económicas que padecen.
Probablemente,
dentro del territorio catalán, existirán núcleos de población a los que no deben
estar sentando nada bien las posturas de los separatistas, en este asunto y que
preferirían, por lo que para ellos representaría igualmente, que por una vez se
dejara de lado el pulso que mantienen con el Gobierno español, exactamente
igual que se hizo en el caso de la Moción de Censura que arrebató a Rajoy el
poder, pues también esta vez, se trata de mejorar un contexto de emergencia que
nada tiene que ver con las líneas de las fronteras.
No
les quepa la menor duda de que los secesionistas terminarán pagando este
gravísimo error, pues aunque Sánchez decidiera no convocar elecciones, bien
podría cambiar la orientación de su pensamiento sobre el problema catalán,
fundamentalmente porque al sentirse extorsionado, estaría en su derecho.
Queda
aún la baza de que Iglesias se brinde a intermediar entre unos y otros para
poder alcanzar finalmente un acuerdo y que ese poder de convicción que impregna
sus discursos, consiga apear de su incomprensible cerrazón e éstos que teniendo
la llave para poder aprobar cualquier medida, hacen de ella un instrumento de
tortura con el que aniquilar el futuro de los más necesitados, que para ellos,
queda claro, no deben tener la misma
categoría humana que sus presos.
Ojalá
y el líder de Podemos, que tanto ayudó en el acuerdo que propició el triunfo de la
Moción, realice una buena gestión, sobre todo con la gente de Esquerra, pues
está claro que los leales súbditos de Puigdemont, habitan en una burbuja
herméticamente cerrada que flota en una
realidad paralela, a la que no tiene acceso el grueso de la población a la que tanto
dicen amar, pero cuyas necesidades
posponen, cuando se trata de establecer prioridades sociales y políticas.

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