El
terrible asesinato del periodista Khashoggi, una persona que se había
convertido en incómoda para el régimen de Arabia Saudí, viene a demostrar
fehacientemente que los poderosos temen mucho más a la fuerza infinita que
tiene y siempre tendrá la palabra que a cualquiera de esas armas ultra modernas
en las que a todos nos asusta pensar, pero que no consiguen convencer a las
masas para que se levanten contra las muchas tiranías que aún gobiernan en el
mundo, tratando de cambiar las gravísimas injusticias que se cometen contra los
derechos de los seres humanos.
Este
periodista saudí, que luchó denodadamente con su pluma, denunciando las
situaciones reales que se viven cotidianamente en su propia tierra, no es el
primero, ni será el último que paga con su vida el haber reunido el valor
necesario para contar la Verdad que en general, se ha convertido en el mundo de
la Política y más aún en los sistemas dictatoriales, en un concepto huero que
suele quedar enterrado bajo un espeso manto de manipulación reiterada y que en
la mayoría de los casos, suele salir a luz gracias al magnífico trabajo que
realizan algunos profesionales de los medios de comunicación, poniendo en
riesgo su propia integridad física y la vida, como estamos pudiendo comprobar a
diario, para desgracia de los que quedamos huérfanos de las voces que están
desapareciendo.
Porque
la Verdad, escrita así, con mayúscula, desnuda de todo artificio, contundente,
áspera y sin reservas, contada sin maquillaje y en su justa medida, sin medias
tintas que sugieran un particular servilismo hacia regímenes o Partidos, del
signo que sean, suele provocar en quienes manejan los poderes, la embarazosa sensación
de que sus actos son observados con lupa por estos escritores que libres de
cualquier atisbo de miedo, los ponen diariamente en un escaparate en el que
pueden ser detenidamente observados y analizados por todos los pobladores de la
tierra y al mismo tiempo, cuando esos actos están directamente relacionados con
determinados abusos o delitos, estas denuncias suelen acarrear para ellos,
indeseables consecuencias.
Huyen
los políticos en general, de la Verdad, como de la pólvora y en consecuencia de
quienes se han convertido en expertos en el manejo de la palabra, porque esta
narrativa de nuestro siglo, el periodismo de investigación que se mueve,
gracias a las nuevas tecnologías, a una velocidad sorprendente, puede causar y
causa estragos que hasta hace sólo unos años podrían haber resultado
inimaginables, pero que ahora son posibles, porque casi nadie puede escapar de
los efectos de estas denuncias minuciosamente estudiadas y milimétricamente
expuestas, a través de las páginas de periódicos que alcanzan repercusión mundial,
en cuestión de unos pocos segundos.
Debemos
a quienes arriesgan sus vidas y en algunos casos la pierden, el privilegio de
poder conocer una información auténtica y sin sesgos que coloca en un plano de
absoluta igualdad a los poderosos y a la gente corriente y que a diferencia del
judicial, que en muchos casos puede ser
manipulado y forzado a inclinarse del lado de la balanza que beneficie a los
reyes del poder, no conoce límites en sus contenidos, ni se encuentra sometida
al yugo esclavizador del autoritarismo,
que en mayor o menor medida, trata inútilmente de comprar, al precio que sea,
el preciado tesoro de su silencio.
Algunos
indeseables, se venden al mejor postor ejerciendo un periodismo partidista e indigno
que vulnera todos los principios de esta maravillosa profesión, que fue
concebida indefectiblemente para poner al alcance de todos la temida Verdad y
que queda absolutamente denigrada por estos plumillas de baja estofa que
cocinan la información con recetas bajo las que subyace la evidente influencia
de algunos poderes, pero otros, insobornables, incorruptibles y
fundamentalmente valientes, logran a
duras penas, permanecer fieles a una práctica limpia de su función y son
precisamente ellos, los que honran con su lucha diaria, no sólo al Periodismo
como tal, sino también al género humano al que pertenecen y que se encuentra en
la actualidad, tan falto de valores que corroboren la grandeza de su
existencia.
En
agradecimiento a ellos, por proporcionarnos la oportunidad de no tener que
vivir con los ojos cerrados y poder aprovechar la libertad que nos brinda en
conocimiento de la Verdad, transmitida a través de la palabra, en cada uno de
sus artículos, no podemos ni queremos silenciar la masacre que se está
cometiendo con estos profesionales con absoluta impunidad y que nos resta a todos, el derecho a una
información rigurosa y sincera, que nos ayude después a dilucidar en total
libertad, la naturaleza de nuestro propio pensamiento.
Hemos
de ser pues y manifestarlo, guardianes
de este tesoro que muchos tratan de robar porque la ignorancia convierte a los
seres humanos en sumisos corderos y hemos, porque así nos lo pide la
conciencia, de exigir contundentemente, justicia para estos muertos que
luchando por la libertad de expresión, fueron directamente aplastados por determinados
poderes, sin que en la mayoría de los casos, sus actos hayan tenido las
consecuencias que merecen.
Ojalá
y todos los periodistas del mundo fueran como ellos y no mercenarios de la
información, adheridos plácidamente al poder, que se limitan a transmitir
noticias preparadas directamente en los despachos de la clase política y que no
transmiten nada más que repulsión a quiénes las escuchan, pues falta en ellas,
la Verdad, a la que renunciaron, a cambio de determinados privilegios, hace ya
mucho tiempo.

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