miércoles, 24 de octubre de 2018

La fuerza infinita de la palabra




El terrible asesinato del periodista Khashoggi, una persona que se había convertido en incómoda para el régimen de Arabia Saudí, viene a demostrar fehacientemente que los poderosos temen mucho más a la fuerza infinita que tiene y siempre tendrá la palabra que a cualquiera de esas armas ultra modernas en las que a todos nos asusta pensar, pero que no consiguen convencer a las masas para que se levanten contra las muchas tiranías que aún gobiernan en el mundo, tratando de cambiar las gravísimas injusticias que se cometen contra los derechos  de los  seres humanos.
Este periodista saudí, que luchó denodadamente con su pluma, denunciando las situaciones reales que se viven cotidianamente en su propia tierra, no es el primero, ni será el último que paga con su vida el haber reunido el valor necesario para contar la Verdad que en general, se ha convertido en el mundo de la Política y más aún en los sistemas dictatoriales, en un concepto huero que suele quedar enterrado bajo un espeso manto de manipulación reiterada y que en la mayoría de los casos, suele salir a luz gracias al magnífico trabajo que realizan algunos profesionales de los medios de comunicación, poniendo en riesgo su propia integridad física y la vida, como estamos pudiendo comprobar a diario, para desgracia de los que quedamos huérfanos de las voces que están desapareciendo.
Porque la Verdad, escrita así, con mayúscula, desnuda de todo artificio, contundente, áspera y sin reservas, contada sin maquillaje y en su justa medida, sin medias tintas que sugieran un particular servilismo hacia regímenes o Partidos, del signo que sean, suele provocar en quienes manejan los poderes, la embarazosa sensación de que sus actos son observados con lupa por estos escritores que libres de cualquier atisbo de miedo, los ponen diariamente en un escaparate en el que pueden ser detenidamente observados y analizados por todos los pobladores de la tierra y al mismo tiempo, cuando esos actos están directamente relacionados con determinados abusos o delitos, estas denuncias suelen acarrear para ellos, indeseables consecuencias.
Huyen los políticos en general, de la Verdad, como de la pólvora y en consecuencia de quienes se han convertido en expertos en el manejo de la palabra, porque esta narrativa de nuestro siglo, el periodismo de investigación que se mueve, gracias a las nuevas tecnologías, a una velocidad sorprendente, puede causar y causa estragos que hasta hace sólo unos años podrían haber resultado inimaginables, pero que ahora son posibles, porque casi nadie puede escapar de los efectos de estas denuncias minuciosamente estudiadas y milimétricamente expuestas, a través de las páginas de periódicos que alcanzan repercusión mundial, en cuestión de unos pocos segundos.
Debemos a quienes arriesgan sus vidas y en algunos casos la pierden, el privilegio de poder conocer una información auténtica y sin sesgos que coloca en un plano de absoluta igualdad a los poderosos y a la gente corriente y que a diferencia del  judicial, que en muchos casos puede ser manipulado y forzado a inclinarse del lado de la balanza que beneficie a los reyes del poder, no conoce límites en sus contenidos, ni se encuentra sometida al yugo esclavizador  del autoritarismo, que en mayor o menor medida, trata inútilmente de comprar, al precio que sea, el preciado tesoro de su silencio.
Algunos indeseables, se venden al mejor postor ejerciendo un periodismo partidista e indigno que vulnera todos los principios de esta maravillosa profesión, que fue concebida indefectiblemente para poner al alcance de todos la temida Verdad y que queda absolutamente denigrada por estos plumillas de baja estofa que cocinan la información con recetas bajo las que subyace la evidente influencia de algunos poderes, pero otros, insobornables, incorruptibles y fundamentalmente valientes, logran  a duras penas, permanecer fieles a una práctica limpia de su función y son precisamente ellos, los que honran con su lucha diaria, no sólo al Periodismo como tal, sino también al género humano al que pertenecen y que se encuentra en la actualidad, tan falto de valores que corroboren la grandeza de su existencia.
En agradecimiento a ellos, por proporcionarnos la oportunidad de no tener que vivir con los ojos cerrados y poder aprovechar la libertad que nos brinda en conocimiento de la Verdad, transmitida a través de la palabra, en cada uno de sus artículos, no podemos ni queremos silenciar la masacre que se está cometiendo con estos profesionales con absoluta impunidad y que  nos resta a todos, el derecho a una información rigurosa y sincera, que nos ayude después a dilucidar en total libertad, la naturaleza de nuestro propio pensamiento.
Hemos de ser pues y  manifestarlo, guardianes de este tesoro que muchos tratan de robar porque la ignorancia convierte a los seres humanos en sumisos corderos y hemos, porque así nos lo pide la conciencia, de exigir contundentemente, justicia para estos muertos que luchando por la libertad de expresión, fueron directamente aplastados por determinados poderes, sin que en la mayoría de los casos, sus actos hayan tenido las consecuencias que merecen.
Ojalá y todos los periodistas del mundo fueran como ellos y no mercenarios de la información, adheridos plácidamente al poder, que se limitan a transmitir noticias preparadas directamente en los despachos de la clase política y que no transmiten nada más que repulsión a quiénes las escuchan, pues falta en ellas, la Verdad, a la que renunciaron, a cambio de determinados privilegios, hace ya mucho tiempo.

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