domingo, 21 de octubre de 2018

Un Tribunal con freno y marcha atrás




Qué verdad es que la alegría dura poco en la casa de los pobres y en estos últimos días hemos podido ver  un ejemplo de que el refrán se cumple, pues en tal sólo unas horas, el Tribunal Supremo dictaba una sentencia que adjudicaba a los Bancos el pago de los impuestos generados por las Hipotecas, para paralizar después, sin explicación alguna, por cierto, la aplicación efectiva del dictamen, dejando en suspenso hasta nueva orden, una iniciativa que en principio, había contentado y mucho a miles de familias y enfadado monumentalmente a los principales sectores de la Banca.
Esta maniobra nada usual, que dejó boquiabiertos, no sólo a los consumidores, sino también a los juristas, políticos y hasta al mismo Gobierno, se ha convertido en la comidilla que se extiende por todas partes como un reguero de pólvora, pues exhibe una imagen de la Justicia española ciertamente esperpéntica y carente de seriedad, sembrando la duda de si los fallos emitidos por los Tribunales son  efectivamente iguales para todos o es verdad aquello que se dice, de que existe una justicia salvadora y benevolente para los ricos y otra mucho más áspera y desbrida, para los pobres.
El revuelo que levantó la sentencia, a los pocos minutos de ser conocida, la significativa bajada de las principales entidades bancarias españolas en la Bolsa y el inmediato bloqueo de las páginas que los Bancos dedican a la concesión de Hipotecas, provocaron que por la tarde, el Supremo decidiera echar el freno y dar marcha atrás, dejando la opinión que habían emitido por la mañana en suspenso y ofreciendo argumentos más que comprensibles a las Asociaciones de Consumidores y a los ciudadanos en general, para criticar exhaustivamente y con tremenda indignación, la poca seriedad que suponía este inesperado parón, que continuamos sin saber de qué manera será finalmente resuelto.
Llama  poderosamente la atención que sea precisamente el Supremo, un Tribunal al que se recurre para resolver causas desde instancias menores, el que protagonice este patinazo sin precedentes y que a día de hoy, continúe sin ofrecer ningún tipo de aclaración  del por qué se produce este cambio de criterio, por lo que cualquiera podría deducir que, presuntamente. han debido recibir, desde el mismo instante en que se hizo pública la sentencia, una serie de presiones encaminadas directamente a que fuera inmediatamente revocada.
Si pueden los poderes económicos o no, influir directamente en los fallos judiciales es algo que ha empezado a preocuparnos, debido a la gravedad que supondría que algo así fuera cierto, pero aún nos inquieta más, el silencio que guarda hasta ahora sobre el asunto, el propio Gobierno, que al menos, debe tener derecho a recibir de este Tribunal alguna explicación, sobre todo cuando lo que está en juego tiene que ver con los intereses de las familias que durante años han soportado los terribles abusos que se han venido cometiendo con  la firma de esas Hipotecas eternas que esclavizan a las gentes durante periodos de más de treinta años.
Si el Supremo se ha dirigido o no a las más altas esferas políticas, lo desconocemos, pero en el caso de que lo hubiera hecho, indigna bastante que se nos haya dejado al margen de lo ocurrido y más aún que se nos mantenga en una situación de incertidumbre que sólo quedará resuelta, en uno u otro sentido, cuando estos sesudos señores y señoras que conforman  el TS, emitan finalmente un juicio creíble e inapelable que confirme o anule la maldita sentencia.
Entretanto, la imagen de la Justicia española se ha convertido en un adefesio, criticado por toda la prensa extranjera, en la que se tiene la sensación de que la Banca se ha convertido en una Institución absolutamente intocable, fundamentalmente por las represalias que podrían esperarse de ella, si salieran adelante sentencias que, como esta, la perjudiquen considerablemente.
Que éramos seres insignificantes en quiénes los poderosos no piensan, ya lo habíamos aprendido a fuego, en estos años de especial dureza, pero que la Justicia, que ha de ser necesariamente igual para todos, nos abandone   directamente a nuestra suerte, vulnerando nuestro derecho a ser defendidos, no puede sino producir en nosotros, rabia e indignación y hasta la tentación de querer convertirnos en anti sistemas, porque nos va quedando claro que éste por el que nos regimos, no funciona debidamente.
A la espera de que sus Señorías tengan a bien ofrecer a los afectados por su primera sentencia una dilucidación detallada de este repentino e inesperado viraje que nadie comparte ni entiende, quedamos pendientes de que al menos nuestro Gobierno, saque la cara por nosotros y exija, hasta dónde permita la Ley, que estos vaivenes repentinos que generan perplejidad, no vayan a convertirse en una costumbre, como suele pasar con todo aquello que, casualmente, afecta a las élites más poderosas, en este país nuestro.

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